¿Qué pasa si cambiamos el sistema electoral español?

ADRIÁN CABALLERO | El pasado 9 de agosto el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, comparecía en rueda de prensa en el Congreso para informar que ofrecía abrir una negociación para la investidura de Mariano Rajoy a cambio de que el Partido Popular aceptase seis condiciones que Rivera había facilitado al presidente en funciones ese mismo día y que debatieron al día siguiente en una reunión entre ambos. Entre las condiciones, todas relacionadas con la regeneración y la política anticorrupción, una de ellas versaba sobre una reforma de la ley electoral. Tras un titular vago, Rivera solo concretó la intención de su partido de convertir las listas electorales al Congreso en listas abiertas e intentar imponer un límite de mandatos a cargos institucionales.

Aunque las listas abiertas o la limitación de mandatos de los cargos públicos forman parte de las competencias de la ley electoral, los aspectos fundamentales de ésta son los relativos a las circunscripciones y el método de reparto de escaños. En el primer caso, España se divide en 52 circunscripciones electorales -las 50 provincias y las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla-, mientras que el método de reparto de escaños es el conocido como método D’Hondt -en honor a Victor D’Hondt-.

En estos aspectos, los principales cambios que se comentan ante una reforma de la ley electoral son los de convertir todo el Estado en una única circunscripción y pasar del método D’Hondt al de Sainte-Laguë -utilizado en los países nórdicos europeos-. Ambas propuestas han sido formuladas en los últimos años con el objetivo de minimizar la principal crítica que recibe la actual ley electoral española: la sobrerrepresentación de los votos en las provincias con menos habitantes respecto a las provincias más pobladas. En este sentido, algunas voces proponen un reparto más proporcional de los escaños por cada circunscripción.

¿Qué pasaría si la ley electoral española fuera diferente? Una serie de simulaciones -cuyos resultados se muestran en este artículo- nos permiten inferir ciertas conclusiones. En ellas se han utilizado los resultados de las pasadas elecciones del 26 de junio aunque el reparto de escaños se ha calculado:

  • Cambiando el método D’Hondt por el de Sainte-Laguë
  • Conservando el método D’Hondt pero repartiendo los escaños por las circunscripciones en función estrictamente de su peso poblacional sobre el conjunto
  • Considerando España como una circunscripción única
  • Considerando España como una circunscripción única al mismo tiempo que se reparten los escaños por el método de Sainte-Laguë
  • Usando el método de Sainte-Laguë en el escenario de unos escaños repartidos en función estricta del peso poblacional de cada circunscripción
  1. Un reparto de escaños proporcional a la población no beneficia a los nuevos partidos

Cabe pensar que si el número de diputados que hay en juego en cada circunscripción se basa estrictamente en el peso poblacional de dicha circunscripción, las provincias pequeñas (en población) no estarán sobrerrepresentadas, lo que beneficiará a los partidos minoritarios. No obstante, ni Ciudadanos ni Podemos se hubieran beneficiado el 26J de un escenario más proporcional. Los ganadores en ese caso serían los partidos que lideran las grandes provincias, como el PSOE, En Comú Podem (en Barcelona), ERC y CDC. Aunque el PP ganaría diputados por Madrid, sus pérdidas en muchas otras provincias rurales le harían perder un escaño respecto al resultado real del 26J.

  1. El beneficio de C’s y P’s con Sainte-Laguë está en las provincias pequeñas

A pesar de que los dos ‘partidos nuevos’ en el escenario político español, Ciudadanos y Podemos, concentran su mayor número de votantes en las grandes ciudades, el cambio de método D’Hondt por el de Sainte-Laguë les aportaría a ambos partidos un incremento de escaños en gran parte en provincias pequeñas. Con este método nórdico de reparto de votos, el claro beneficiado sería el partido de Albert Rivera (entre 8 y 12 diputados más), aunque excepto el escaño que ganaría en Madrid, el resto de diputados procederían de provincias con menos de un millón de habitantes. Más concretamente, el 50% de los diputados ‘extra’ procederían de provincias con 500.000 habitantes o menos. Un caso parecido, aunque con un beneficio más tímido, se encontraría Podemos.

La explicación radica en el hecho que, con el método de Saint-Laguë, los escaños perdidos por alguno de los dos grandes partidos (PP y PSOE) recae en la tercera fuerza, que el 26J fue casi siempre Ciudadanos o Podemos. En las grandes ciudades, por el contrario, la mayor concentración de voto de ambos partidos da como resultado que los beneficiados no necesariamente tengan que ser C’s o P’s. A su vez, éstos tampoco se benefician de los nuevos diputados en provincias grandes que resultarían de un reparto más proporcional de los 350 escaños del Congreso. En Sevilla, Valencia o Zaragoza, entre otras ciudades, el ‘nuevo’ diputado va a parar a la primera fuerza (PP o PSOE).

  1. La circunscripción única debilitaría el bipartidismo, especialmente al PP

Cuando se habla de sobrerrepresentación en el sistema electoral español se suele recurrir al ejemplo de la provincia de Soria, donde un voto en esa provincia tiene mucho más valor que un voto en Madrid o Barcelona. Una manera radical de equiparar el voto de cualquier español sería entender España como una sola circunscripción electoral. De esta manera, el voto de un madrileño tendría el mismo peso que el de un soriano. En este supuesto, los partidos beneficiados serían aquellos que concentran su voto en las grandes ciudades mientras que los perjudicados serían aquellos con mayor porcentaje de voto en las zonas rurales. La simulación ejemplifica como, con los resultados del 26J, el PP sería el claro perjudicado (16 escaños menos) mientras Podemos y sus confluencias se beneficiarían de la medida, al igual que Ciudadanos, que contaría con 15 diputados más en el Congreso.

  1. La barrera electoral impide la entrada del PACMA

Todas las simulaciones sobre las diferentes posibles modificaciones de la ley electoral muestran cambios, más o menos sustanciales, en el resultado final del 26J. Sin embargo, la barrera electoral en España -un partido que no cuente con un 3% de votos en una circunscripción no entra en el reparto de escaños- impide la entrada de nuevas formaciones que hoy por hoy no están presentes en el Congreso. Si dejásemos a un lado la barrera electoral -o la relajásemos a un 1%-, la aplicación del método de Saïnt-Laguë permitiría la entrada en el Congreso de un diputado por Barcelona del PACMA (en detrimento de un diputado de En Comú Podem). En el caso de aplicarse la circunscripción única, el PACMA entraría con cuatro diputados al Congreso.

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Adrián Caballero

Adrián Caballero (Barcelona, 1988). Es politólogo y periodista. Ha sido redactor jefe en diferentes medios digitales y actualmente es periodista freelance. Doctorando en Comunicación Política, centra sus artículos y análisis en los sistemas políticos, el periodismo y la relación de las nuevas tecnologías con la política y la comunicación.

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Un comentario sobre “¿Qué pasa si cambiamos el sistema electoral español?

  • el 13 septiembre, 2016 a las 4:27 pm
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    Sería más urgente reformar el sistema de investidura para evitar unas cuartas elecciones. Aun así, la reforma del sistema electoral es una de esas cuestiones pendientes en este país que se hace eterna. La falta de decisión, y el conformismo con sus intereses de los partidos mayoritarios hasta ahora, han hecho que tengamos un sistema electoral cuyas circunscripciones están altamente descompensadas

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