Semana macondiana en Colombia

Esta ha sido de lejos la semana más extraña en la historia reciente de Colombia. El pasado domingo, recibíamos atónitos los resultados del plebiscito por la paz: tras 4 años de arduas negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, el NO se imponía con un 50,2% de los votos dejando el futuro del país en puntos suspensivos.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces. Tras las lágrimas y la sorpresa por un desenlace que nadie esperaba (las encuestas realizadas días antes de la contienda electoral daban como rotundo ganador al Sí con una clara ventaja), llegó la confusión. ¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible que nos negáramos la oportunidad de terminar con un conflicto que suma ya 52 años? ¿Qué haríamos ahora? Lo único que estaba claro, era que las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia no levantarían vuelo. Al menos no por ahora.

En un país acostumbrado a vivir en el más puro realismo mágico, parecía que ya nada podría agitar más los ánimos. Pero no fue así. A la indignación causada por un resultado que determinaron las ciudades y no los habitantes de las regiones más afectadas por la guerra, y por una altísima abstención en la que era, tal vez, la decisión más importante del país en décadas (62% de los colombianos no acudieron a las urnas), se sumó el jueves la polémica entrevista en la que Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del NO, confesaba sin asomo de vergüenza que la estrategia de los promotores del voto negativo (con Álvaro Uribe a la cabeza) se basó en tergiversar mensajes y dejar de explicar los acuerdos, enfocando las mentiras por estratos sociales y regiones para mayor eficacia. “Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, dijo.

Era ya un secreto a voces que Uribe y los suyos decían más mentiras de las que ellos mismos eran capaces de creer (que el país se convertiría al castrochavismo, que se iba a acabar con la propiedad privada, que a las personas de menos ingresos se les quitarían los subsidios…), pero la conmoción fue inevitable. Conmoción por ver a un uribista contando sin tapujos la forma tan baja como habían engañado a los votantes, y por comprobar que la oportunidad de construir un país mejor se desvanecía gracias a un expresidente caprichoso, sediento de poder y más interesado en su propia agenda política que en la paz del país. Como bien dijo el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince en una columna para el diario El País, el resultado del plebiscito fue “un asunto humano, demasiado humano, de pura vanidad. La paz sí, pero si la firmo yo”.

En ese escenario de incertidumbre, el país recibía el viernes su (por ahora) última gran noticia: el Comité Noruego del Nobel le otorgaba el Premio Nobel de la Paz al Presidente Juan Manuel Santos “por sus esfuerzos para acabar con la guerra civil del país, que ha costado la vida a 250.000 colombianos y ha desplazado a más de seis millones”. El anuncio llegaba como un mensaje de esperanza para muchos, y le caía como un balde de agua fría a los que esperaban la muerte política de Santos tras la derrota del SÍ, en especial a Uribe, que daba la enhorabuena a Santos con un frío trino: Felicito el Nobel para el Presidente Santos, deseo que conduzca a cambiar acuerdos dañinos para la democracia”.

¿Después de esta semana macondiana, qué viene ahora para Colombia? El Nobel de Paz es sin duda un espaldarazo al proceso y cambia la correlación de fuerzas para el Presidente Santos, dándole una gran legitimidad para perseverar en los acuerdos. El mundo nos dice que nos apoya, que cree en nuestra lucha y nos envía un mensaje claro: no es momento de desfallecer. Es también, como lo dijo el Comité Noruego, “un tributo al pueblo colombiano que no ha perdido la esperanza”, a ese que se ha tomado las plazas del país en los últimos días, para pedir que se implemente, sin más dilación, el acuerdo de paz.

Aún nada está escrito. Tenemos por delante una nada fácil negociación, en la que las fuerzas políticas buscarán la manera de deshacer este enredo. Las FARC han mostrado su voluntad de seguir adelante con el proceso y Juan Manuel Santos se ha comprometido a seguir trabajando por alcanzar la paz para todos los colombianos. Lo que no está nada claro, es que el Centro Democrático (liderado por Uribe) vaya a facilitar el diálogo. Sus propuestas de ajuste no son meras rectificaciones, tocan todas las “líneas rojas” de las FARC y, si no se flexibilizan (situación poco probable), harán prácticamente imposible conseguir un acuerdo en el corto plazo. Y una cosa es segura: mientras más nos demoremos en ponernos de acuerdo, más alto será el riesgo de tirarlo todo por la borda y seguir contando víctimas.

La pregunta que debemos hacernos ahora los colombianos es, ¿qué queremos que nos defina, el pasado o el futuro? El domingo le dimos la espalda al porvenir, pero no podemos olvidar que la paz no es de Santos, ni de Uribe. Es de nosotros, de los ciudadanos y, sobre todo, de las víctimas que con su voto mayoritario al SÍ en el plebiscito nos han dado la más bonita lección de perdón y reconciliación. Con ellas quedamos en deuda el pasado domingo. Por ellas debemos unirnos para exigir que se le ponga punto final al conflicto de inmediato y que no se dilate la discusión para convertirla en el centro de la campaña presidencial del 2018. Santos ya ganó el Nobel de Paz, ahora los colombianos tenemos que hacer una apuesta para defenderla. La única pregunta que queda en el aire es si Uribe decidirá pasar a la historia como el expresidente que impidió la paz de Colombia. Amanecerá y veremos.

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Alejandra Ariza

Colombiana afincada en Madrid desde hace once años. Graduada en Ciencias Políticas y de la Administración. Actualmente cursando Máster en Comunicación Corporativa e Institucional en la Universidad Carlos III de Madrid y trabajando de manera autónoma como redactora para un portal web de ocio y como responsable de comunicación para una organización internacional que promueve la cooperación jurídica en Iberoamérica. Interesada en la comunicación política y la cooperación internacional.

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9 comentarios sobre “Semana macondiana en Colombia

  • el 10 octubre, 2016 a las 8:18 am
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    Si gana el No en Colombia es que Uribe cuenta mentiras, si gana el Si en UK, pues lo mismo y hay que invalidar el referéndum.
    Las izquierdas sois así. Si se elige vuestra propuesta, el pueblo ha hablado, si se elige la contraria, no nos representan.

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    • el 10 octubre, 2016 a las 6:49 pm
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      Hola, Carolina: esta no es una cuestión de ser de derechas o de izquierdas. Mucho menos de invalidar los resultados del plebiscito. Los ciudadanos que votaron por el NO lo hicieron con una legítima intención de mejorar los acuerdos, y esa es una decisión válida que debe respetarse en cualquier democracia. Ahora bien, que los promotores del NO (con Uribe a la cabeza) mintieron, es algo que el mismo gerente de campaña ha reconocido públicamente en una entrevista al diario colombiano La República (lo que, por cierto, le ha costado su salida del partido) y que cualquiera que haya leído las 297 páginas del acuerdo y haya seguido de cerca la campaña puede comprobar sin asomo de duda. Soy de las que cree que no todo puede valer en política, máxime cuando se trata de asunto tan delicado como el fin de un conflicto armado que ha dejado tantas víctimas. Un saludo.

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      • el 11 octubre, 2016 a las 4:38 pm
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        Así es, la decisión hay que respetarla. Yo no se si Uribe mintió o no, pero sí se que los medios de comunicación son medios de desinformación y no medios de información. La campaña que se hizo contra el Brexit todavía continua. Y lo mismo tras los resultados del referéndum en Hungría: los medios solo señalaban la alta abstención cuando el resultado fue del ¡¡ 98% !! contrarios a la entrada de refugiados, por no hablar de la constante campaña anti Trump de los mismos medios, un día si y otro también.

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  • el 10 octubre, 2016 a las 8:20 am
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    Por cierto, lo del Nobel de la Paz da risa

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  • el 10 octubre, 2016 a las 3:34 pm
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    Muy buen artículo Alejandra. Esperemos que el proceso de paz en Colombia siga su curso pese al no en el referéndum.

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    • el 10 octubre, 2016 a las 6:51 pm
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      Muchísimas gracias, Juan. Esperemos que así sea y que pronto podamos estar celebrando un acuerdo de paz definitivo que ponga punto final al conflicto.

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  • el 10 octubre, 2016 a las 7:20 pm
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    Ya, Sara, ya. La noticia la sacas de El Periódico, que es lo más imparcial que hay.

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