Ética, Política e ideología

Decía Duverger que en política había que diferenciar entre aquellos que se servían de ella para postergarse en la dominación y el poder y, otros para los que ≪la política es un esfuerzo para hacer reinar el orden y la justicia, asegurar el interés general y el bien común≫. Inexcusablemente, la segunda opción es en la que confiamos, aquella que materializa los grandes ideales de Justicia, Libertad y Democracia, que los hace palpables. La Política es (o debería ser) el puente a través del cual la Ética obra con el fin de restaurar la armonía que durante mucho tiempo se ha visto vejada en ciertos círculos del poder. Por tanto, conscientes de que la política, como herramienta humana que es, puede verse “contaminada”, debemos reinstaurar un código ético que supervise a ésta con el fin de evitar ramificaciones venenosas que enturbien el buen nombre del servicio público.

Desde la aceptación moderna de las premisas maquiavélicas, Ética y Política se han visto distanciadas hasta el punto de, en ocasiones, ser excluyentes. El mundo moderno se ha ido alejando de los presupuestos de la ética pública que enunciaran pensadores tan antiguos como Aristóteles. Cada día, la política se ha ido transformando y huyendo de su subordinación a unos principios éticos que siempre debieron primar.

Sumergidos en una crisis que abarca más que el simple terreno económico, surgen cánticos de sirena que abogan por abandonar las ideologías, cuando precisamente su abandono ha propiciado la corrupción y la putrefacción de la Política. La desideologización, el abandono de las ideas y principios no puede conducirnos sino a una crisis política aún mayor. Hoy vemos como la carga ideológica en los partidos tradicionales de nuestra democracia cada vez es más liviana. Y en la misma línea, también observamos como los nuevos partidos políticos que están siendo ya cruciales en nuestra democracia, y que claramente ya forma parte del sistema de partidos español, son partidos que dicen no tener una carga ideológica. Alejarse de esos principios y máximas, implica huir de los límites del quehacer político al que se consagraban. Esos vacíos ideológicos conllevan a que el comportamiento individual se aparte de la Ética que debe caracterizar a un ente político que sustenta su creencia en la verdadera práctica social.

Así, en un tiempo de inestabilidad, transfuguismo y mediocridad política, es preciso fortalecer las ideologías democráticas que sustentan el sistema político. Una ideología de calidad es capaz de identificar y adoptar la representación social que legitima al sistema, a las instituciones públicas. Una ideología comprometida es la única vía que fortalece a la sociedad y, por ende, al Estado frente a los vicios y la inmoralidad que se ha apostado en algunas instituciones. Transformarse sin perder la identidad, adaptarse a los nuevos tiempos sin renunciar a los principios éticos es el reto de los partidos políticos ante una crisis que no consiguen superar.

Plantearse la relación entre Ética y Política es una reflexión que debe hacerse toda persona que quiera dedicarse a la función pública. En una democracia plural y abierta como la nuestra, la cuestión sobre la actitud moral que debe adoptar la persona con responsabilidades políticas debe ser un ejercicio diario.

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Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, 1996) es jurista, finalizando el grado de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Cofundador de Estudiantes por Europa (ExE) y S. Gral. de European Law Student Association UC3M. Interesado en la educación, políticas de igualdad, fiscalidad y sistemas impositivos. Sumergido en todo lo relativo a la integración europea y el derecho comunitario. Colaborador ocasional en diferentes medios como contertulio o articulista.

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Un comentario sobre “Ética, Política e ideología

  • el 23 octubre, 2016 a las 6:18 pm
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    La ética en política brilla por su ausencia en los tiempos actuales.

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