La coherencia del Comité Federal

DANIEL GUERRA SESMA | En primer lugar, lo que ha decidido el PSOE: votar no a Rajoy en primera votación y abstenerse en la segunda. Sin condiciones, renunciando a un acuerdo de investidura, de legislatura o parlamentario. Eso podía haberse dado tras las elecciones del 20D e incluso del 26J, pero la dirección, con la aquiescencia del Comité Federal, intentó sondear el camino del gobierno alternativo, que no se concretó. Ahora no es realista pensar que el PP aceptaría una abstención condicionada.

La abstención en segunda votación, con el partido dividido, y sin condiciones pactadas, no puede interpretarse ni como un apoyo a la política general del PP ni como una modalidad de “Gran Coalición”, como se ha adelantado a proclamar Pablo Iglesias. Si somos precisos, debemos concluir que esas dos afirmaciones son exageradas.

Está claro que lo que permite el PSOE es que haya un Gobierno y evitar tres elecciones en un año. Ni más, ni menos. Y tanto para justificarlo como para criticarlo se han utilizado siempre argumentos funcionales y de partido, más allá de que algunos sí han invocado el interés del país. Básicamente han sido:

– A favor de la abstención: Más vale pactar con un PP de 137 escaños que regalarle 150 en unas elecciones, según apuntan las encuestas. Además, el PSOE podría, desde la oposición parlamentaria, influir en la política nacional con un gobierno en minoría, obligándole, junto a Ciudadanos, a pactar los presupuestos y determinadas leyes. Para ellos, “No a Rajoy” era, en realidad, “Más Rajoy”, pues las elecciones sólo le beneficiaba a él.

– En contra de la abstención: la coherencia ideológica del Partido Socialista le obliga a no apoyar, ni por activa ni por pasiva, al PP y presentarse en las condiciones que sea a unas nuevas elecciones. Además, no se puede dejar a Podemos todo el campo de la oposición de izquierdas, que quedaría libre. El PSOE perdería su espacio y discurso de izquierdas y su electorado le abandonaría.

Ciertamente la decisión del PSOE era difícil, entre dos opciones con costes, a estas alturas, inevitables. Los posibles costes electorales eran o facilitar un aumento del PP en unas elecciones ahora, o facilitárselo a Podemos si se evitaban. Simplificándolo en una frase, o favorecer los ciento cincuenta diputados del PP o los cien de Podemos. Así estaban las cosas. Y en ese contexto ha tomado la decisión definitiva.

Sin embargo, no se ha tenido en cuenta otra variable que explica esta decisión, y que los partidarios del “No a Rajoy” han obviado: ellos han justificado la negativa al gobierno del PP en la “coherencia ideológica” del PSOE y en la de sus militantes y votantes, claramente incardinados en la izquierda. Pero posiblemente la coherencia ideológica ha sido la del Comité Federal, pues considerar al PSOE como un partido de izquierdas también es exagerado, y desde hace tiempo. En contra de lo que pretendía dar a entender Pedro Sánchez (y ahí su error de planteamiento), el PSOE no podía presentarse como “la alternativa” al PP porque, en todo caso, lo es dentro de un subsistema de partidos que, compartido con Ciudadanos, defiende tres puntos fundamentales: la política económica, el modelo de Unión Europea y el régimen constitucional de unidad nacional y monarquía parlamentaria.

Como ya defendí anteriormente, (“El debate interno del PSOE”, Debate XXI, 11.07.16 y “PSOE y gobernabilidad”, La Nueva España, 21.08.16), los tres partidos constitucionalistas defienden:

– a grandes rasgos, una política económica decidida en el Consejo y supervisada por la Comisión, por más que el PSOE apoya con más decisión el Plan Juncker, la acción del BCE y políticas de crecimiento más que de austeridad estricta. Pero comparte el modelo de libre mercado con escasa intervención estatal (renunciando, incluso, a una banca pública nacional), fiando todo a la regulación del mercado y dependiendo de lo que dicte Bruselas (la reforma del 135 CE fue paradigmática);

– ligado con lo anterior, el modelo de Unión Europea fijado en los tratados y pactado históricamente entre socialdemócratas, democristianos y liberales, manteniendo a España en la zona euro;

– y en tercer lugar, el sistema constitucional basado en la unidad nacional y la monarquía parlamentaria, aunque el PSOE propone la reforma federal del Estado de forma muy moderada y como ajuste del Estado Autonómico, pero manteniendo la soberanía nacional del pueblo español reconocida en el artículo 1.2 de la Constitución.

Este acuerdo general en los tres puntos citados excluye a Podemos y a los nacionalistas, sobre todo los catalanes, del subsistema de partidos constitucionalista.

Más allá de las conjeturas estratégicas y electorales que se puedan hacer, es lógico que estos tres partidos acerquen sus posturas en un momento políticamente crucial como el actual. Desde la transición, el PSOE ha evolucionado hacia una socialdemocracia cada vez más moderada y comprometida con el sistema constitucional y de libre mercado. Es una socialdemocracia que se ha orientado hacia un social-liberalismo que basa su programa en el mantenimiento de los servicios públicos sufragados con una política fiscal progresiva y la financiación exterior. Sin embargo, también el PP ha nacionalizado Cajas de Ahorros y ha subido impuestos para luego bajarlos, y no fue de este partido quien dijo que “bajar impuestos es de izquierdas”. Así pues, las diferencias económicas pueden reducirse y destacarse, acaso, una mayor preocupación del PSOE por lo social.

En conclusión, el PSOE, más que un partido de izquierdas, es desde hace mucho tiempo un partido de centroizquierda liberal-progresista y social, defensor del sistema constitucional español y europeo. Se explica así el pacto que fuera más fácil el pacto con Ciudadanos que con Podemos. En este sentido, quien ha sido ideológicamente coherente ha sido el Comité Federal, que de forma mayoritaria ha decidido permitir, sin acordar, un gobierno del centroderecha. Si en el debate político exageramos el lenguaje y las etiquetas partidarias y contrarias, y resaltamos de manera sectaria el izquierdismo de unos y el derechismo del rival, es difícil llegar a pactos y a comprenderlos. Pero si ponemos todo en sus justos términos, podremos entender que no es tan exótico que el centroizquierda pacte con el centroderecha.

Un comentario final: ciertamente, puede haber una diferencia cualitativa entre la dirigencia y los militantes y electores socialistas. El artículo 6 de la Constitución dice que el funcionamiento de los partidos debe ser democrático, pero no apunta necesariamente a un funcionamiento asambleario, sino que puede ser representativo. Pero al margen de esta cuestión, la diferencia se debe a que si los militantes y votantes se identifican mayoritariamente como nítidamente de izquierdas, la política de los dirigentes, en el partido y en las instituciones, obedece a la política moderada descrita. Los partidos, como las personas, no son tanto lo que dicen de sí mismos como lo que hacen. Si todos asumen que el PSOE no es de izquierdas sino de centroizquierda liberal, progresista y social, entonces entenderán mejor la coherencia ideológica del Comité Federal. El PSOE haría bien en no seguir engañándose a sí mismo, ocupar el espacio que le corresponde y actuar en consecuencia, como ha hecho hoy. Y los demás haremos bien en asumirlo como lo que es, y no como lo que nos dicen que es. 

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Daniel Guerra Sesma

Politólogo. Doctor en Ciencias Políticas y de la Administración (UNED). Profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad de Sevilla. Autor de "Socialismo español y federalismo, 1873-1976" (KRK Ediciones y Fundación José Barreiro, Oviedo, 2013) y de "El pensamiento territorial de la Segunda República Española" (Athenaika, Sevilla, 2016).

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3 comentarios sobre “La coherencia del Comité Federal

  • el 29 Octubre, 2016 a las 3:59 pm
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    Luego…los que dentro del PSOE no sean capaces de asumir esa redefinición dentro del espectro ideológico, harán bien en reconsiderar su situación. Flaco favor será mantener una falsa apariencia. Otra cosa es que haya quien aspire a volver a lograr reubicar al partido en su posición original. Esos también deberán ser respetados, pues no será una tarea fácil ni demasiado agradable de afrontar. Comienzan tiempos políticos “entretenidos”….

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  • el 29 Octubre, 2016 a las 4:06 pm
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    El problema de la socialdemocracia es que vive de etiquetas del pasado cuando en realidad son todos socioliberales o liberales progresistas. Y usar etiquetas de socialdemócratas o socialistas les sirve para captar determinado voto que aun conserva esas ideas.

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  • el 29 Octubre, 2016 a las 4:22 pm
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    Antonio Hernando en su intervención el debate de investidura pareció asumir esa posición del PSOE al sacar pecho por todas las traiciones que han hecho a la izquierda.

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