Situación actual de la economía en Estados Unidos

CAROLINA GARCÍA HERVÁS | Uno de los grandes problemas de la economía USA son los grandes déficits externos que sólo pueden ser el resultado de dos factores: una alta inversión, o un bajo ahorro, tanto público como privado. Los tres acontecimientos han tenido lugar, en mayor o menor medida (con la excepción de los superávits fiscales logrados por Clinton al final de su presidencia), en la economía norteamericana desde la presidencia de Ronald Reagan hasta la actualidad.

Evidentemente, la problemática actual del endeudamiento, tanto interno como externo, de la economía norteamericana, no se puede comparar con la de los países emergentes. Pero el deterioro reciente de algunos indicadores bien podría presagiar problemas futuros para la economía de EEUU, así como para la economía mundial.

El problema interno de EEUU puede, entonces, acabar afectando de manera grave a la economía mundial, con lo que la escasez relativa de ahorro norteamericano podría pasar a convertirse en uno de los problemas fundamentales de la economía mundial. El problema puede ser grave. En gran parte, todo dependerá de la actitud de los países acreedores, así como de cómo se corregirá, en el futuro, el déficit exterior de la economía norteamericana. Tal corrección, en todo caso, deberá implicar, por un lado, una política de desviación del gasto, a través de una necesaria depreciación del dólar, y por otro, una política de ajuste del gasto, a través de un mayor gasto en el resto del mundo, y uno menor en EEUU.

En el largo plazo, un país como Estados Unidos, con niveles tan bajos de ahorro, no puede permanecer indefinidamente dependiendo del ahorro externo para financiar sus tasas de inversión. Si no se produce un importante cambio, en el medio y largo plazo, en su política fiscal, no quedará, probablemente, más remedio que aceptar un deterioro de la inversión y, por tanto, un descenso del crecimiento económico del país.

Todo ello referido al largo plazo. En el corto plazo, en cambio, conviene tener muy en cuenta la situación en la que todavía se encuentra la economía USA tras la Gran Recesión de 2007-2009. El problema es que, aunque la recesión haya finalizado oficialmente en 2009, la economía norteamericana todavía ofrece cifras de bajo crecimiento y, sobre todo, de elevado desempleo (para los standards norteamericanos).

Frente a ello, dos posiciones antagónicas parecen emerger. Por un lado, la administración Obama que quería seguir poniendo en práctica una política fiscal ligeramente expansiva que, independientemente de lo que pudiera hacer en el futuro inmediato la Fed, consolidara la incipiente, aunque pequeña, recuperación económica del output y del empleo, en un contexto de trampa de la liquidez como el presentado anteriormente. Tales planteamientos se basarían en el efecto expansivo que, hasta ahora, consiguió provocar la expansión fiscal en la economía norteamericana, así como bajo la consideración de que todavía puede haber un margen de maniobra en el país para llevar a cabo políticas fiscales expansivas que ayuden, en el corto plazo, a luchar contra el problema más acuciante: el paro.

Por otro, los impulsores de las políticas de austeridad  que, en realidad, resultan ser los mismos que propugnan el cada vez menor peso económico del sector público. La diferencia es que esta vez el tema se plantea disfrazado bajo el argumento de la austeridad , supuestamente impuesta, por los mercados, a países con economías tan sólidas como USA, Reino Unido y Alemania, y bajo el increíble argumento de que las políticas austeras incrementarán la confianza y provocarían la necesaria expansión económica.

La batalla está servida, también por supuesto en Europa. En Estados Unidos, las elecciones de Noviembre de 2010, así como las de Noviembre de 2012, supusieron un claro punto de inflexión, y el presidente Obama se vio obligado a llevar a cabo importantes cambios en su política fiscal. Por un lado, se vio obligado a aceptar la exigencia republicana de consolidación de las rebajas fiscales del presidente Bush que debían expirar tras diez años en vigor. Por otro, y a pesar de la reelección del Presidente Obama en 2012, estará por ver lo que una previsible nueva mayoría republicana en la Casa de Representantes, tras las elecciones mid-term de Noviembre de 2014, finalmente consiga de cara a forzar futuros presupuestos lo más anti-Obama posibles. Las propuestas republicanas, tal y como aparecen en las continuas propuestas del republicano Paul Ryan, Presidente del Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes, consisten básicamente en una repetición de las políticas fiscales republicanas de los últimos 35 años, con nuevas bajadas de impuestos (el impuesto de sociedades pasaría del 35 al 25 por ciento, y el impuesto sobre la renta más alto pasaría también del 35 al 25 por ciento), acompañadas por un descenso del Gasto Público que, según los republicanos, no debería superar la cifra del 20 por ciento del PIB en 2016, con el objetivo de no exceder el 15 por ciento del PIB en el año 2050.

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Carolina García Hervás

Carolina García Hervás (Linares, Jaén, 1985). Jurista y mediadora. Actualmente cursa el Grado de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad de Burgos. Cuenta con experiencia laboral en países como Francia, Bélgica, Reino Unido y Estonia y ha participado en diversos programas europeos como la Beca Robert Schuman del Parlamento Europeo y el Servicio de Voluntariado Europeo. Actualmente dirige su propia Asociación sobre Derechos Humanos y redacta proyectos de cooperación internacional y desarrollo para diversas ONG's. Espera poder compartir con vosotros artículos de interés desde Debate 21.

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