Egipto, cinco años

En la ciudad de Malawi en el alto Egipto, tristemente famosa por los daños y saqueos de su magnifico Museo Nacional en agosto del 2013, un joven copto de 17 años  llamado Ayman Nabil  -Ayman en etimologia árabe significa ‘afortunado’ mientras que Nabil puede ser apellido pero como nombre significa ‘noble’, paradójica y cruel ironia- estaba en clase cuando su profesor le exigió que se tapase la muñeca donde lucia el tatuaje de un crucifijo. El chico se negó al tiempo que mostraba un crucifijo de madera tallada bajo la camisa. El maestro se abalanzó sobre él junto con otros compañeros estudiantes propinándole una brutal paliza que siguió en los baños del colegio a donde intentó refugiarse. Le golpearon hasta matarlo. La Dirección del Centro se desentendió de los «incidentes». La familia del joven copto  está esperando el apresamiento del profesor, la fulminante destitución del director y la expulsión de los alumnos asesinos.

Imagen de cristianos coptos en Egipto.
Imagen de cristianos coptos en Egipto.

Esto ocurrió en Octubre del 2011, ha pasado un lustro y aquellos padres siguen esperando Justicia. No nos engañemos, así es el Egipto de hoy en día. Justo por aquellas fechas editaba un libro llamado Kantara-2011 en el que escribía un capítulo titulado: ‘Aquí la madre del cordero se llama Egipto’, desde la pag.268 a la 279 intentaba reflejar la incidencia de la llamada ‘primavera árabe’ en el pais del Nilo, hablaba sobre la nueva situación sociopolítica y despedía el capítulo diciendo: !!que Alah proteja a Egipto!!.

Egipto ahora, bajo la apariencia aseptica del mariscal Abdelfatah Al Sisi y, aunque todavía la mayoría de su sociedad presume de ser el país más influyente del mundo árabe -cosa que apenas ocurre en lo artístico cultural- en lo religioso y fundamental está en manos del wahabismo saudí. Y es así porque también lo está en lo económico con una deuda que se mide en billones de euros, de esas que las naciones jamás pueden satisfacer mientras abren la entrepierna para que el acreedor agarre por donde le plazca y vayan pasando los lustros hacia un vencimiento ‘sine die’.

El veneno del salafismo radical e intolerante impide toda convivencia de sociedad plural en lo religioso, los salafistas atacan a cualquier pensador o erudito -no importa su popularidad o prestigio intelectual, peor incluso si es internacional- con capacidad para proponer cambios del discurso religioso, nadie puede hablar libremente sobre desafíos o plantear la menor duda en la religion islámica.

La población cristiana, en tiempos de Abdel Nasser próxima al 10%, se ha ido reduciendo y ahora apenas rebasa el 5%. En los orígenes revolucionarios de la ‘primavera árabe’ todo el mundo reclamaba libertad, justicia y pan (eufemismo de comida, trabajo, mejoras laborales en definitiva) pero muy pronto los movimientos islámicos religiosos se apropiaron de la revolución y fijaron objetivos con la meta puesta en un Estado Islamico de corte iraní, cosa que impidió el ‘golpe’ militar del 2013.

La revolución Jomeinista, de principio de los ochenta, ha provocado una involución y conservadurismo global del orbe musulmán hasta convertir aquellos bikinis de hace medio siglo en las playas de Egipto en los espantosos burkinis de hoy. Hoy día, los cristianos coptos apoyados por élites intelectuales, luchan por sus derechos constitucionales a pesar de sufrir violencia de contínuo, agravios que el Gobierno Militar Supremo ignora convirtiéndose con ello en cómplice de todas las injusticias ciudadanas. Precisamente fue el Ejército en el 2011 el que asesinó a 24 coptos en una de las masacres más inhumanas que se recuerdan. Cinco años de ignominia permanente, de quema de iglesias y restricciones para construir nuevas. La sociedad copta se mueve entre la espada y la pared siempre represaliada por los islamistas de la Hermandad Musulmana, debido a su apoyo tácito al Ejército -ingrato- y dar el voto a los candidatos laicos, curiosa ignorancia la de éstos radicales pues también la mayoría de autoridades musulmanas con imames al frente fueron los primeros en dar la bendición al golpe militar y sobre todo a la destitución de Mursi.

Al igual que en Líbano, la discusión que se plantea la sociedad es: ¿de verdad queremos un Estado religioso o un Estado laico que garantice los derechos de todo ciudadano al margen de su fé religiosa?. Los cristianos egipcios que habitan el país árabe más poblado constituyen en diferencia de credo la minoria más amplia del mundo, son autóctonos antes de que llegasen los árabes pero viven acogotados en lucha y reivindicación continua ya que su fé no puede ser expresada en actos religiosos del culto litúrgico lo que les crea un complejo de inferioridad, que unido a la descriminación secular de la que son víctimas sociales hace que se debatan en lucha constante frente a conspiraciones intencionadas de la aplastante mayoría musulmana.

Cinco años de opresión religiosa tras el telón de buenas palabras, recuerdo cuando hace cuatro años dos niños de 9 y 10 años fueron procesados en Beni Suef por haber arrancado paginas de un Coran (?). Como es lógico, los dejaron libres probablemente jueces que tambien habían sido niños, cosa que me cuesta creer hayan logrado algunos religiosos islamistas con cerebros aparcados -todavía- en la primera infancia.

El coste de la vida en relación a los salarios es cada vez más insufrible. En un país con más mujeres que hombres, la mayoría de matrimonios jóvenes deben trabajar ambos conyuges, aquella vieja aspiración femenina en la sociedad musulmana de casarse para poder ‘retirarse’ a un placentero hogar a cuidar de la prole y del esposo, ha desaparecido. La crisis socioeconómica obliga a trabajar a la mujer casada y a muchos hombres -el afortunado que puede por su profesión- buscarse el pluriempleo.

Es en ésta sociedad de escasa oferta laboral donde la minoría copta también encuentra aislamiento y discriminación respecto de todo musulman, como si en lugar de ciudadanos egipcios se tratase de apestados foráneos.

A las afueras de la gigantesca urbe de El Cairo, a unos tres kilómetros de la margen derecha del Nilo, allí donde la franja verde de la ribera ha tornado en desierto puro y duro,  se encuentra la mayor concentración de cristianos coptos. 70.000 almas hacinadas en un barrio lleno de vida y vacío de esperanza. Es El Mokattan, el basurero global de la monstruosa capital con 15 millomes de habitantes. Las azoteas se llenan de cabras, ovejas, vacas y algún cerdo conviviendo con la población humana y varios millones de moscas y mosquitos aderezados de parásitos insalubres. En el Mokattan todos viven de las basuras, las mujeres y niños separan desperdicios mientras los hombres reciclan plásticos, metales y maderas para vender al peso o transformado en útiles. Hay gentío y actividad por doquier, diríase que todo es parecido a cualquier otro barrio de cualquier urbe egipcia, pero no.

En el Mokattan, las mujeres no usan velo y las fachadas de los inmuebles muestran relieves y mosaicos de imágenes cristianas, Santos, Cristos y el Sagrado Corazón de Jesús. Todos los varones de éste suburbio pestilente se tatuan en la muñeca un Cristo (como Ayman). Los pocos que hacen dinero negocian visados afilando cada día los cuchillos de la huida en los talleres de sus conciencias. !Huir de Egipto!, poco importa el lugar de destino si respetan sus vidas y la libertad religiosa. Los pobres y pesimistas hace tiempo que tiraron sus sueños por los taludes del basurero. La gran mayoría irreductible diluyen cada día los anhelos de su fé en un brevaje de viejas letanías coptas.

Aquel capítulo de Kantara-2011 concluía con un ruego: !!que Alah proteja a Egipto!!; avanzaba con un subcapítulo titulado: ‘Última hora, la paz no será posible’ insistiendo en la temática. Cuánto lamento y me entristece haber sido premonitor.

Hoy día, Egipto camina como puede y le permiten, está en manos del petrodólar saudita y bajo el creciente halo espiritual de Muhammad Ibn Abd al Wahhab, aquél influyente retrógrado que masacró tribus enteras de Arabia ayudado por la dinastía Saudita a lo largo del S-XVIII hasta que fue ajusticiado por los Otomanos. Los analistas políticos ratifican lo que cualquier ciudadano puede intuir: “se acercan tiempos angustiosos para los cristianos de Egipto” …. Cinco millones de almas buscan la paz que se les niega día a día. Es muy triste y desolador ver que en el Siglo XXI una mayoría musulmana aplasta socialmente a compatriotas impidiéndoles acceder a puestos responsables de la sociedad, no por incapacidad intelectual sino porque rezan al mismo y único Dios pero con otro credo y en otros templos. Es la tiranía del desprecio, de quien jamás aceptará un status democrático igualitario.

Aceptar la situación cual mansos corderos es absolutamente inconcebible en toda persona que posea raciocinio y un corazón con algo de bondad. Después de cinco años, Egipto es una sociedad fallida. Ahora mi ruego es más especifico: !!Que Dios proteja a los cristianos coptos!!. Amén.

Artículo de Jose María Bartol Espinosa publicado en Atalayar.com

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Un comentario sobre “Egipto, cinco años

  • el 14 Diciembre, 2016 a las 7:45 pm
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    Una pena todo lo que pasa en Oriente Medio y lo poco que desde occidente le prestamos atención.

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