Relanzar la Unión Europea

Brexit, crisis económica, refugiados, euroescepticismo… El proyecto común está inmerso en una glaciación política sin precedentes en el que las instituciones europeas no consiguen poner en marcha la locomotora del deshielo. Desde 2.008 la UE ha sido incapaz de anticiparse a los problemas que se avecinaban, pero tampoco ha sido audaz a la hora de ponerles solución. Fecha desde la cual viene precipitándose una crisis evolutiva; primero, financiera, luego social y ahora política. Incapaces de virar y retomar la ruta que nuestra legislación y valores fundacionales nos indican, los Estados Miembro se retrotraen a su territorio nacional, evitando asumir sus responsabilidades comunes.

En este proceso de retroceso hacia una visión de los Estados desde la óptica del realismo clásico, en el que la Nación y el interés nacional es un elemento clave, confrontado con el resto de intereses nacionales, de otras potencias, es necesario recordar y reforzar la base kantiana de la Unión, basada en la cooperación y el respeto absoluto del imperio de la ley.

La Unión Europea, inmersa en esta crisis polifacética, se encuentra con unos problemas de importante calado. Por un lado, el Brexit que ha creado un problema de credibilidad, capacidad y liderazgo en la UE. La quinta economía mundial e indiscutible potencia global se encuentra con un pie fuera del proyecto y con el otro intentando jugar con el balón europeo, incomodando a las instituciones europeas y los Estados Miembro. La estrategia política del Brexit ha sido una herramienta para solucionar un problema de legitimación interna volcando la responsabilidad en Europa. Por otro lado, la crisis generada a causa de la gestión de la crisis llevada a cabo, con rescate de bancos a precio cero para directivos a través de una transferencia de rentas desde los contribuyentes a las instituciones financieras fallidas, y las políticas de austeridad que han ahogado a la ciudadanía no han hecho sino encender la mecha del escepticismo y la desconfianza hacia la Unión Europea (lack of trust in UE Spain 2012, 72%). Tampoco olvidarnos de la crisis de refugiados, en la que las instituciones comunitarias no han ejecutado un plan ‘macro’, una respuesta unitaria en consonancia con los valores fundacionales y sus compromisos adquiridos en las distintas cartas y textos legales internacionales. Y, en ese mismo sentido, el incumplimiento de los Estados Miembro de sus obligaciones que la Comisión y el Consejo dejan sin sanción. Todo ello y más, hacen del momento presente el idóneo para afrontar los retos a los que la UE se enfrenta si no quiere perder su protagonismo internacional y acabar por desintegrándose.

I.- Legitimación e integración

Los valores de desconfianza hacia el proyecto ha socavado la legitimidad de actuación de las instituciones. El escepticismo hacia el proyecto europeo ha alcanzado sus cotas más altas en el referéndum de Reino Unido, el rechazo ciudadano a la gestión de la ola migraciones y el ascenso de formaciones políticas antieuropeas/euroescépticas.

Es preciso dotar a la Unión de nuevos canales de participación  que reduzcan el déficit democrático que adolece a la Comunidad europea y avanzar en el nivel de integración política para salvaguardar los progresos realizados y ello exige una cesión de soberanía nacional, no un retroceso como algunos Estados plantean con sus acciones desafiantes. De mano de esto y como plan concreto, debemos rediseñar las estructuras comunitarias, redefinir el diseño institucional, para conseguir una gobernanza eficiente, democrática y equilibrada con las singularidades de cada Estado Miembro.

Sin embargo, en lugar de avanzar hacia la unión, la crisis está retrotrayendo nacionalismos, imponiendo modelos económicos y deslegitimando el proyecto, a través de medidas carentes de ‘entusiasmo político’. Igualmente, en las últimas décadas se ha impuesto un deseo de integración externa, queriendo atraer a otros países europeos, descuidando la unión interna, compromiso adquirido en Lisboa y ausente en los cónclaves europeos. Para ello, requerimos de un liderazgo que consiga mantener al proyecto común como lo que es, ≪la mayor innovación desde el nacimiento del estado-nación por el Tratado de Westfalia de 1648≫.

II.- Crisis de valores y liderazgo

La Unión Europea ha inhabilitado parte de sus pilares fundacionales. Los valores de cooperación, tolerancia y libertad, que constituían nuestro patrimonio más preciado, la insignia de oro del proyecto común, están recluidos en los sótanos de las instituciones europeas.

Las ‘devoluciones en caliente’, las restricciones a la inmigración, la división norte-sur entre Estados Miembros y su condescendencia, el incumplimiento de compromisos internacionales, la mercantilización de la crisis de refugiados en su pacto con Turquía, y las tibias respuestas que Europa arroja frente a problemas como fuera la expulsión de rumanos en Francia o los desafíos de Austria, no son sino muestra de una crisis de valores que germina en la UE desde hace varios años ya y que ningún líder político ha sabido remediar. Y, sabido es, que no se puede remar si no se tiene en cuenta el estado de ánimo de la ciudadanía, y hay líderes que se creen que no necesitan tenerlo presente y, es entonces, cuando se comenten errores que agravan el estado de ánimo de las personas respecto a la Unión. Cada medida de austeridad que se ha adoptado tanto desde los Gobiernos nacionales (que se han autoexculpado, clamando de imposición) como desde las instituciones europeas, con la completa desaprobación social, sin contar con la autoridad moral que permite al líder nadar a contracorriente, ha arañado la figura de la UE.

III.- Crisis del euro y economía

Sin duda, la crisis económica en la que la Unión Europea permanece aún, ocho años después de sus inicios, fue el desencadenante que ha sacado a relucir las deficiencias y retos que la UE aún tenía que asumir. La respuesta lenta y descoordinada, por falta de una verdadera unión, los planes de restructuración de la deuda, los saneamientos bancarios y la falta de iniciativa han socavado la idea de la Unión Europea.

Si queremos revertir la idea de declive económico y político de Europa que se está imponiendo en el escenario internacional, desplazándose el centro de decisión hacia otras regiones del globo hemos de superar el reto del desarrollo económico que se nos presenta. Si bien, esta reforma de la economía europea, no sólo debe centrare en términos estrictamente financieros, económicos y comerciales; no se pueden ignorar las tendencias demográficas, los cambios tecnológicos y la situación de desunión fiscal entre los EM.

La Estrategia Europa 2020 que la Comisión Europea lanzó hace unos años, precisa de un verdadero compromiso político para poder alcanzar sus objetivos de: ocupación de la población activa al 75%, incremento del gasto en I+D, la reducción de la contaminación y remodelación de las fuentes de energía, disminución del abandono escolar y, por último, en un estricto respeto a la justicia social, reducir el marco de ciudadanos que viven por debajo del umbral de la pobreza y que se ha visto acentuado por la crisis.

IV.- Proyección internacional

Europa, siguiendo su estela histórica, siempre ha ocupado un lugar prevalente en el escenario internacional. Sin embargo, con la situación de crisis que persiste, el papel de España y de la UE en su conjunto se ha visto negativamente afectado. Al igual que en sus comienzos, cuando su objetivo era la reconstrucción del continente y la paz entre los Estados, la actual Unión debe fijar sus objetivos de forma clara. La historia de la Unión Europea es una historia de éxito común, de trabajo y compromiso. Sin embargo, actualmente, el compromiso es cuanto menos tibio y difuso (por ejemplo, Reino Unido).

Europa debe ser un actor crucial en el marco internacional pero para ello, debemos responder de forma unánime y común, sin fracturas internas. En este período, ya largo de crisis, los consensos internos entre Estados Miembros se han visto tensados hasta la más extrema rigidez en ciertos temas. La Unión tiene un reto importantísimo por delante, y no sólo para sí misma, sino para la gobernanza mundial: hablar con una sola voz, que represente a los millones de ciudadanos europeos que viven bajo la misma bandera. Europa, sus países poseen un gran peso en los distintos organismos internacionales, pero sin duda, cuando seamos capaces de efectuar una sinergia de esas posiciones en aras de convertir a la Unión Europea en un actor imprescindible, con el objetivo de mantener la paz mundial, el refuerzo de la cooperación internacional, la lucha contra el cambio climático…Una verdadera Unión Europea hablaría con una sola voz en el G20, en el Consejo de Seguridad, etc.

Con todo lo dicho, debemos mejorar la UE para depositar nuestra confianza en ella, con el fin de articular una respuesta inmediata y meditada ante los retos a los que se ha de hacer frente.

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Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, Córdoba) es estudiante de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Articulista y representante estudiantil. Europeísta, crítico y comprometido políticamente. En defensa de la democracia y la educación.

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3 comentarios sobre “Relanzar la Unión Europea

  • el 28 Diciembre, 2016 a las 12:43 pm
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    Pero como se va a reforzar la Unión Europea si sus dirigentes actúan en contra de los intereses de los Europeos? Menudos rollos contáis!!.
    ” …Una respuesta unitaria en consonancia con los valores fundacionales y sus compromisos …” el compromiso de fastidiar al ciudadano y de no dejar la poltrona.

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  • el 20 Enero, 2017 a las 11:03 pm
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    Un artículo excelente, si de alentar el sentimiento europeo se tratara. Se esboza muy bien el objetivo al que la UE debe tender, pero las medidas no convencen. ¿Restructuraciones, nuevos líderes, valores? Sean más concretos. Las generalidades suenan genial, pero solo a través de medidas basadas en datos reales se cambian las cosas.
    Por lo demás, me ha gustado mucho. Les felicito.
    Un saludo,

    Cristina F. Losada

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  • el 2 Febrero, 2017 a las 10:07 am
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    Muchas gracias Cristina, Sí, hay que concretar las acciones para fortalecer y mejorar la UE, una tarea compleja que debe ser plausible para todos los Estados Miembro. Un saludo,

    Antonio Gutiérrez.

    Respuesta

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