La abstención electoral: cuando la edad no es solo una cifra

YAGO CAMPOS | Durante las últimas semanas ha vuelto a sonar con fuerza un tema recurrente, la viabilidad de nuestro sistema de pensiones. Sin duda alguna, éstas se erigen como uno de los principales pilares sobre los que se sostiene nuestro Estado de Bienestar. Más aún cuando han sido especialmente importantes durante todo este tiempo de crisis, llegando a constituir el único recurso fijo con el que contaban muchas familias. De hecho, uno de los principales indicadores que puede darnos alguna pista de su relevancia es la tasa de riesgo de pobreza.

Como podemos observar en el gráfico 1, la evolución de esta tasa para los mayores de 65 años es claramente descendente. Las pensiones, a pesar de no haber experimentado subidas relevantes durante todo este período, han permitido que nuestros mayores capeen el temporal y/o hayan podido echar una mano a sus hijos/as y nietos/as.

GRÁFICO 1 FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA A PARTIR DE LOS DATOS DEL INE.

Llegados a este punto, merece la pena detenerse de nuevo en la tasa de riesgo de pobreza, pero esta vez en la de esos nietos/as sobre los que hemos hecho alusión.

GRÁFICO 2 FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA A PARTIR DE LOS DATOS DEL INE.

En esta ocasión, resulta sumamente llamativo la tendencia ascendente que dibuja la gráfica 2. Es obvio que las personas comprendidas dentro de la franja de edad de entre 16 y 29 años están experimentado las consecuencias de la crisis económica de una manera especialmente cruda. Estos contrastes, solo nos pueden llevar a preguntarnos ¿cómo es posible?

Desde luego, sería de ilusos responder a esta pregunta de manera unívoca, pero en esta ocasión me gustaría centrarme en el comportamiento electoral como un posible factor. Para ello, vamos a analizar el perfil del abstencionista en nuestro país durante las últimas llamadas a las urnas.

GRÁFICO 3 FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA A PARTIR DE LAS ENCUESTAS POSTELECTORALES DEL CIS.

Echando un vistazo al gráfico 3, se puede observar claramente cómo, de forma general, existe una gran brecha entre los electores más jóvenes y los más mayores a la hora de preferir no ir a votar. Parece claro que los mayores de 65 años son mucho más “disciplinados” y acuden a votar más en bloque. Es llamativo el descenso de esta opción entre aquellos que tiene entre 18-24 años en las Generales de 2015, coincidiendo con la primera participación en unas elecciones de este tipo de los partidos “nuevos” como son Ciudadanos y Podemos. Igual de llamativo es la disolución de este efecto justo en las siguientes, las de 2016, quizás por el desencanto que produjo la no articulación de un gobierno alternativo al del PP.

En este momento, merece la pena traer a colación el tan odiado y desprestigiado término del lobby. Un lobby, como ya sabemos, es un grupo de presión conformado por varias personas o colectivos con capacidad de influencia a la hora de tomar según qué decisiones políticas o técnicas. Con un poco de imaginación, o quizás no tanta, podríamos entender las diferentes franjas de edad como verdaderos grupos de presión. Cada cohorte comparte una serie de intereses comunes más marcados entre sí que con el resto. A todos nos importa, o nos debería de importar, el estado del sistema universitario o de la Formación Profesional en nuestro país, pero parece lógico que será entre aquellos que lo estén cursando, en su gran mayoría jóvenes, quienes a priori estén más interesados en este tema y examinen con mayor detalle qué iniciativas recogen los partidos políticos al respecto.

De igual manera, la viabilidad de las pensiones también es un tema de interés general, pero sin duda son los actuales pensionistas los que más atentos están ante posibles subidas o bajadas de su fuente de ingresos. Es por ello que bien podría ser este factor uno de los principales a la hora de decidir a quién votar.

Si a todo esto le sumamos que el número de personas jóvenes con derecho a voto es menor que aquel que agrupa a las personas con mayor edad (como se puede observar aquí), tenemos una poderosa razón para entender por qué normalmente las políticas juveniles no suelen estar entre las máximas prioridades de algunos partidos políticos. Es una razón de por qué las pensiones siempre es un tema sobre el que no se deja de debatir (y es bueno que así sea) pero por la cual las políticas de empleo, vivienda o alquiler joven suelen acabar relegadas a un triste segundo plano. Los partidos saben que son los mayores de 65 años los que menos abstención presentan, y por ende, también conocen que buena parte del debate política debe girar sobre temas que especialmente les afecten y así conseguir sus apoyos.

El escritor polaco Zagajwesky comentaba en su obra “En la belleza ajena” que no debería de haber distancia entre jóvenes y mayores, si acaso entre los vivos o los muertos.  Pero a la hora de la verdad, sabemos que no es cierto y que la edad no es solo una cifra. Sin pretender que se ahonde la brecha generacional, la juventud debe de entender que su voto siempre cuenta y, aunque sea de manera egoísta, sus intereses se verán más satisfechos y sus reclamaciones atendidas si ejercen “presión” acudiendo efectivamente un domingo a votar.

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Yago Campos

Yago Campos (1992) es graduado en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid (2010) y Máster en Acceso al Ejercicio de la Abogacía (2015) por la Universidad de Alcalá. Ha colaborado en diversos despachos de abogados y formado parte de la Clínica Legal de la UAH. Representante en España del European Student Think Tank, en la actualidad compagina la docencia con su pasión por el análisis político.

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Un comentario sobre “La abstención electoral: cuando la edad no es solo una cifra

  • el 16 Enero, 2017 a las 5:08 am
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    Menos peso proporcional entre la población y encima los jóvenes participamos menos. Así es imposible que cambiemos nada ni tengamos suficiente influencia para propiciar esos cambios.

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