Los nazis y el Holocausto, ¿para qué la matanza?

Hitler y el nazismo estarán siempre ligados al exterminio de los judíos en Europa. La cuestión sobre el porqué del Holocausto ha sido formulada en multitud de análisis. Sin embargo, sigue sin tener respuesta la razón por la que los nazis volcaron tantas energías y recursos en una matanza que, a priori, no le reportaba ningún beneficio militar y económico en plena Segunda Guerra Mundial, el conflicto más ‘total’ de la historia. La deportación y posterior asesinato en las cámaras de gas de más de seis millones de judíos europeos en plena guerra, y además en una fase del conflicto en el que Alemania perdía terreno cada día, solamente puede haber constituido un obstáculo o molestia importante para la ya muy mermada capacidad logística alemana. Simplemente, el Holocausto se contradice con el tan manido estereotipo de la eficacia alemana. ¿Para qué se hizo entonces?

Hay que matizar este aspecto. La Alemania de Hitler estaba lejos de ser un Estado eficaz y eficiente. Más bien era un caos organizativo y los nazis unos incompetentes. Alemania tenía una de las burocracias más extensas y profesionales del mundo, pero, al igual que sucedía en la época del Kaiser, fallaba en el nivel de la toma de decisiones, como tan bien observó y analizó Max Weber.

Divide y vencerás

Hitler siguió fielmente la clave de ‘divide y vencerás’. El partido nazi no era tan disciplinado ni monolítico como se ha querido presentar. No dejaba de ser una especie de reino de taifas en el que cada jefe regional ejercía un mando absoluto y totalmente incontrolado. Únicamente debía explicaciones al Führer. Lo mismo ocurría con las diferentes administraciones del Estado. Cada jerarca fue estimulado para construir su propio imperio, como hizo Heinrich Himmler con las SS o Hermann Göring con la Luftwaffe en lo militar y el Plan Cuatrienal en lo económico. No había control. Muchas de las competencias de estos ‘imperios’ se entrecruzaban, lo que entorpecía los objetivos. Nunca hubo coordinación, más bien enfrentamiento.

En la guerra este sistema se demostró fatal, ya que cada uno hacía ‘la guerra por su lado’, nunca mejor dicho. La fuerza aérea, la Luftwaffe, se convirtió en un ejército privado de Göring con divisiones de infantería propias e incluso una división acorazada. Por su parte, las SS terminaron creando un ejército paralelo al oficial con divisiones de élite que recibían mejor material y abastecimiento que el resto. Absolutamente ineficaz.

A esto se unía la producción bélica, totalmente inadecuada y descoordinada. Cada empresa diseñaba y producía sus propios modelos de tanques y vehículos militares, cada uno con piezas de repuesto diferentes. Así, en el frente se sumaron distintos vehículos que quedaban inutilizados con cualquier avería por falta de recambios. Cuando Alemania se dio cuenta y racionalizó y aumentó la producción bélica en 1943 bajo la dirección de Albert Speer -otro jerarca con su propio imperio- ya era tarde y fue literalmente sepultada por la inmensidad de la producción aliada y soviética.

Por último, Hitler y sus generales carecían de estrategia para ganar la guerra. Todo fue fruto de la improvisación. Cuando Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939, Hitler estaba convencido de que Francia y el Reino Unido no le declararían la guerra. Cuando tres días más tarde fue así se quedó mudo. La victoria sobre Francia un año más tarde sorprendió a los propios alemanes por su rapidez y contundencia. La ‘guerra relámpago’ no entraba en los planes de los viejos generales prusianos.

Más tarde, el fracaso de Italia provocó la intervención alemana en África y en los Balcanes, algo que tampoco entraba en los planes. Por último, la invasión de la URSS en 1941 debía ser una victoria rápida, como en Francia. Pero salió mal y, como muy tarde después del desastre de Stalingrado los alemanes no sabían qué hacer para ganar la guerra. Solamente se limitaron a resistir y a prolongar un final inevitable. Nada más lejos de la lógica que se presupone a un país y a un régimen eficaz.

A este caos de organización y manifiesta ineficiencia se unía la organización y ejecución de la llamada ‘solución final’. Hubo que coordinar la captura y posterior traslado en tren de millones de personas a los campos de Polonia. Incluso al final de la guerra, cuando los aliados se acercaban a los campos de exterminio, los judíos eran sacados y transferidos a otros campos en marchas forzadas en las que los presos morían a millares. La guerra estaba claramente perdida, entonces ¿por qué estas evacuaciones hacia ningún sitio? ¿Para qué el Holocausto?

¿Otra improvisación?

¿Fue otra improvisación nazi? Al principio de su régimen, en 1933, los nazis buscaban las fórmulas para discriminar primero y expulsar después a los judíos alemanes. Hubo asesinatos y maltrato físico, pero no existía un plan de exterminio. Más tarde, ya en guerra, a medida que los alemanes avanzaban se iban encontrando a más judíos, así como a muchos otros que habían huido previamente de ellos. En plena guerra, y ante la imposibilidad de expulsarlos, se decidió su muerte en la llamada Conferencia de Wannsee. ¿Para qué?

Para contestar a esta cuestión tendríamos que encontrar una lógica en el Holocausto que solamente podría hallar un nazi. Tendríamos que pensar como un nazi para entender por qué merecía la pena matar a estas personas indefensas. Después de la Segunda Guerra Mundial, la interpretación del nazismo se hizo siguiendo parámetros a mi juicio poco válidos y con un fin de tipo propagandístico al servicio de la Guerra Fría.

Desde el lado comunista del telón de acero, el nazismo se interpretó como un tipo de capitalismo brutal, una forma de gobierno de la burguesía enfocada en explotar a los trabajadores y aplastar al movimiento obrero. Ni una explicación sobre las causas del Holocausto. Desde el lado capitalista, el nazismo era un régimen totalitario asesino de la libertad individual y racista, hasta cierto punto parecido al totalitarismo soviético, como analizó Hannah Arendt. Ni una palabra sobre el ‘Estado del Bienestar’ nazi y la causa de la adhesión de millones de personas a esta ideología.

A lo mejor habría que analizar el nazismo como un fenómeno propio, independiente de las dos grandes corrientes ideológicas del S. XX, el liberalismo y el marxismo. El nazismo, diferente también del fascismo italiano, tenía su propia lógica ilógica. Su propia organización desorganizada. Y finalmente, cometió un crimen horroroso contra la humanidad. Seguramente este crimen en sí mismo le daba sentido a la guerra y al propio nazismo.

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Michael Neudecker

Michael Neudecker (Núremberg, 1977), es periodista y politólogo, profesional de la comunicación política de origen alemán. Su experiencia profesional ha transcurrido hasta el momento en el ámbito de las corporaciones locales, el parlamento regional de Madrid y la redacción de El País donde aprendió su oficio. Ha colaborado como analista en diferentes páginas web y mantiene dos blogs personales donde escribe sobre historia (La Vida de los Años http://vidayeltiempo.blogspot.com.es) y sobre análisis político y de comunicación (Las Reglas del Juego http://mneudecker.blogspot.com).

Un comentario sobre “Los nazis y el Holocausto, ¿para qué la matanza?

  • el 26 febrero, 2017 a las 6:32 pm
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    Götz ALY: “¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos? ” Barcelona: Crítica, 2012. (Frankfurt am Main, 2011) No explica todo, pero sí por qué fue fácil para los nazis hacer aceptable el antisionismo furioso al conjunto de la sociedad.

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