La democracia herida

Bajo este título, el ex vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, publicaba hace unos años un libro donde reflexionaba sobre la afectación y obstaculización que sufría la democracia y los procesos electorales por la acción de los medios de comunicación, que se movían por intereses privados y económicos.

Unos años después, hoy en día, podemos decir que, efectivamente, la democracia o, mejor dicho, su funcionamiento se percibe, por gran parte de los ciudadanos,  herido. Sin desmerecer la cuestión del Sr. Guerra, en la actualidad, existe otra gran dolencia que afecta a la democracia: la gobernanza esquiva, la ausencia de discusión, en resumen, la devaluación de la democracia.

En España, con anterioridad a la crisis económica, la valoración positiva del funcionamiento de la democracia era del 56%, mientras que en el 2.015, ésta descendió hasta el 32%. Los motivos de este acusado descenso están íntimamente relacionados con el deterioro de las condiciones de vida a consecuencia de la crisis y, por extensión con la gestión de la crisis económica, con la desconfianza en las instituciones y el sistema de representación y la visión social de la imposición estricta de medidas de ajuste por la Unión Europea. Sin embargo, no todos los países de la zona euro han seguido el mismo camino que nuestro país. Tal y como recoge el Informe sobre Democracia en España (IDE) presentado recientemente por la Fundación Alternativas, la percepción sobre el funcionamiento de la democracia en los países de la Unión Europea ha sido diversa, según si el país necesitó o no algún tipo de rescate financiero.

La firma de los rescates ha supuesto un vaciamiento de poder de decisión de los Estados soberanos. Los ciudadanos han pasado de ser los únicos y exclusivos depositarios de la voluntad política para compartirla con otras personalidades, instituciones (públicas y privadas) y esferas de decisión. Esto ha provocado un cambio en el sistema democrático que los ciudadanos han recibido con profundo malestar en tanto que han visto reducida su capacidad de influencia y control político de forma relevante. En cambio, en los países en que, hasta ahora no se ha procedido a un rescate, la percepción ciudadana del funcionamiento de la democracia, se ha reducido en términos muy poco sensibles.

En nuestro país, esta visión negativa ha supuesto un profundo cambio en el juego de partido; tanto por el diezmado apoyo electoral de los partidos tradicionales como por la asunción de nuevos actores políticos.

Es curioso observar que, al mismo tiempo que los ciudadanos percibían esa influencia o delimitación externa en nuestro sistema democrático que suponía un vaciamiento del poder de decisión, los niveles de interés y participación ciudadana subían. Este creciente interés que, se viene manifestando durante las dos últimas décadas, alcanza un grado excepcional en mayo de 2.016, justo antes de la segunda cita con las urnas.

No existe una democracia de calidad si hay ciudadanos excluidos de la toma de decisiones y de su capacidad de exigir rendición de cuentas; no existe calidad democrática si hay ausencia de igualdad política. No podemos ser ajenos a la íntima relación entre la representación y la idea de democracia. Es preciso, por ello, atajar y reinvertir estos niveles de malestar que pueden conducir, en un corto/medio plazo, a un divorcio entre los votantes y las instituciones. Esta situación podría evitarse a través de dos líneas: por un lado, fortalecer y hacer más plurales los canales de participación ciudadana y, por otro lado, una pedagogía que infundase en los ciudadanos la necesariedad de la adopción de estas medidas, no desde la percepción de la imposición sino desde la interiorización de una aceptación social y democrática. La imposición de estas medidas, alejada del tradicional accountability y del debate social, así como el ya mencionado descenso de la discusión pública ha provocado que las ya de por sí desagradables medidas, hayan evolucionado hasta un rechazo social mayoritario.

Recordando a Larry Diamond y Leonardo Morlino (The Quality of Democracy, 2004) proponiendo ver a la democracia de calidad como un sistema que ≪[…] concede a sus ciudadanos amplias libertades, igualdad política, y control sobre las políticas públicas y sobre los decisores mediante legítimo y lícito funcionamiento de las instituciones. Este régimen satisfaría expectaciones ciudadanas respecto a la gobernanza (calidad de resultados); permitirá a los ciudadanos, asociaciones y comunidades gozar de libertades extensas e igualdad política (calidad de contenido); y proveerá un contexto en el cual toda la ciudadanía podrá juzgar funcionamiento/rendimiento del gobierno mediante instituciones como elecciones, mientras las instituciones del gobierno y los funcionarios están legal y constitucionalmente responsable uno ante el otro (calidad procedimental)≫, podremos afirmar que España es un país que cumple satisfactoriamente los requisitos que enuncian, pues el nivel de desarrollo de un país, favorece la calidad democrática de un país.

Sin embargo, como enunciaban los autores anteriormente mencionados, ¿se está llevando a cabo un control real y democrático de las actuaciones del gobierno y la imposición de las distintas medidas que se han llevado a cabo durante los últimos años? Recordemos que la X Legislatura se caracterizó por el aumento considerable de Decretos-Ley, excluidos del control parlamentario previo a su aprobación. Trayendo a colación aquellas palabras de Schmitt acerca de la simpleza de una burda discusión pública: “La situación del parlamentarismo es hoy tan crítica porque la evolución de la moderna democracia de masas ha convertido la discusión pública que argumenta en una formalidad vacía”. ¿Puede el actual parlamentarismo hacer frente a una mínima valoración o discusión pública? Esta será una pregunta a la que pronto podremos poner respuesta, pues la novedosa conformación del arco parlamentario arroja ciertos halos de luz acerca de la necesidad de diálogo, deliberación y discusión pública, que puede elevar los niveles de calidad democrática de nuestra democracia.

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Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, 1996) es jurista, finalizando el grado de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Cofundador de Estudiantes por Europa (ExE) y S. Gral. de European Law Student Association UC3M. Interesado en la educación, políticas de igualdad, fiscalidad y sistemas impositivos. Sumergido en todo lo relativo a la integración europea y el derecho comunitario. Colaborador ocasional en diferentes medios como contertulio o articulista.

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4 comentarios sobre “La democracia herida

  • el 16 febrero, 2017 a las 3:36 am
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    “No existe una democracia de calidad si hay ciudadanos excluidos de la toma de decisiones y de su capacidad de exigir rendición de cuentas”. En Estado Unidos donde gran parte de población perteneciente a las minorías no participa en las elecciones evidencian su escasa calidad donde además cualquier multimillonario tiene opciones de realizar una campaña electoral a través de las primarias.

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  • el 16 febrero, 2017 a las 9:13 pm
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    ¿Pero como que gran parte de la población perteneciente a las minorías no participa? Será porque no serán ciudadanos estadounidenses. ¿Y eso para ti es “baja calidad” de la democracia? .

    ¿No te parece bien que cualquier multimillonario tenga opciones de ganar unas primarias? Ah, que tú solo quieres multimillonarios del sistema ¿no?, como los Clinton . Que cutre.

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    • el 21 febrero, 2017 a las 1:48 pm
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      Querer manipular en favor de tu discurso hace que hables por hablar. La participación en Estados Unidos no llega al 60%. Es claro que el 40% que no vota es ciudadano americano y tiene derecho a votar. En 2012, la participación fue del 54,5%. Hay una élite que participa, y el resto. Tu que tanto te preocupas en todos tus comentarios de los nacionales excluidos deberías estar de acuerdo, salvo claro, que los únicos nacionales que te importen sean los blancos. Viendo que por el sólo hecho de referirme a minorías ya has dado por hecho, intencionadamente o no, que eran “sin papeles”.

      Los Clinton, los Bush, o cualquier otro clan político americano, me merece la misma opinión en cuanto a sistema democrático. Otra cosa son sus políticas o sus formas, que sí, si las prefiero ante Trump. Pero tu argumento no puede ser que te digan que Trump hace esto o lo otro, y tu digas “los Clinton también”. Eso si que es cutre.

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  • el 22 febrero, 2017 a las 8:17 am
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    Por poner un ejemplo, la participación en las primarias de Madrid de Podemos fue del 35,65% del censo total. De todos modos imagino que la participación en las elecciones de EEUU debió ser similar a anteriores comicios. Seguramente si hubiese ganado Hilaria no estarías dándole vueltas a lo “poco democrático” que es el sistema.

    Respecto a lo segundo, tú no dices “Trump hace esto o lo otro”; tú lo que has criticado es la condición de millonario de Trump, que es distinto. Y ahí sí, yo te lo comparo con los Clinton cuya fortuna, a diferencia de Trump la han logrado a través de la política. Es diferente, no se si lo entiendes.

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