Herzog y el efecto bumerán

Andrés Herzog (San Sebastián 1974) es una de esas personas con apellido de político, con familia de políticos pero que, por suerte o por desgracia -y dependerá mucho de a quién se le pregunte- no llegó nunca a ser realmente político. Quizá precisamente su mayor éxito sea haber conseguido hacer política sin estar en ella.

Lo que sí hizo Andrés Herzog fue trabajar en política, liderando el gabinete de Rosa Díez entre 2011 y 2015. ¿Su trabajo? revisar proyectos de ley del Gobierno, plantear enmiendas a los mismos y proponer y darle forma a la hoja de ruta en el ámbito de la Justicia de UPYD. Todo sea dicho, con algunos éxitos, no precisamente menores, y es que por ejemplo fue una enmienda suya -apoyada por el PP- la que permitió poder exigir responsabilidad penal a los partidos políticos en el año 2012. La ‘enmienda Herzog’, que -siendo sinceros- no representa un alarde de técnica legislativa, sí representa muy bien su forma de entender y hacer política. Sin ruido, con trabajo y con paciencia. Posiblemente una forma de entender la política que terminó por apartarle de ella.

Entre su extensa lista de aportaciones que nunca llegaron a ser aprobadas se encuentra también una regulación específica que clarificase la institución de la acusación popular en los procedimientos penales, pensada para eliminar incomprensibles limitaciones como la determinada por la doctrina Botín/Atuxta, pero también para evitar la utilización de tan importante institución por aprovechados, listos o delincuentes tal y como se ha conocido que la concebían algunos.

Y muchas otras, relacionadas con la despolitización de la justicia (llevándola -incluso- a los tribunales); la regulación de los sueldos públicos; el fin de las famosas tasas judiciales, la defensa de la lengua española, etc. Y me refiero a proposiciones de ley o enmiendas a textos articulados… nada de enunciados políticos, monsergas y palabras bonitas, sino textos pensados y redactados -durante días- para poderse aplicar inmediatamente. Hago hincapié en ello a raíz de la utilización cuasi-fraudulenta de las PNLs (proposiciones no de ley) que utilizan los partidos para colgarse medallas por no hacer nada, y de lo que hablaré en otra ocasión.

Pero si por algo ha adquirido relevancia mediática en las últimas semanas Andrés Herzog es por la cascada de decisiones judiciales en las que directa o indirectamente ha participado como abogado de la acusación. Suya fue la primera querella por la salida a Bolsa de Bankia, procedimiento que daría lugar al menos a otros 4 procedimientos (Preferentes, Tarjetas Black, el Caso Blesa por los sobresueldos de Caja Madrid y el Caso Rato por delitos fiscales y de corrupción en los negocios). En mayor o menor medida también impulsó procedimientos penales por corrupción en Segovia, Burgos, Sevilla, Granada, Zaragoza, Vitoria, etc. Sin olvidarnos de los casos de la familia Pujol y el 9N.

Por cierto, suyo también fue el recurso que reabrió la causa contra el Partido Popular como persona jurídica por la destrucción de los discos duros de Bárcenas. Ya saben, posible gracias a una enmienda legislativa que él mismo había redactado.

No es que Herzog hiciese todo él solo, pero sin Herzog posiblemente no se hubiese hecho nada.

Querella de UPYD por la celebración del referéndum ilegal del 9N en Cataluña.

Este era el ‘producto’ que UPYD presentó a las Generales del 20 de diciembre de 2015. Pero en este país no se perdona al que apunta alto contra la corrupción. No se perdona plantear que la regeneración debe empezar por ese ‘establishment’ que agrupa no sólo a políticos -de todos los colores-, sino también a la patronal, los sindicatos, la Casa Real, los bancos y otras influyentes empresas, entre ellas los grandes medios de comunicación.

No entraré ahora a hablar de historias de traiciones -que las hay-, simplemente invito al lector a preguntarse si alguno recuerda haber escuchado algo de Herzog -o al propio Herzog- más de cinco minutos en algún lugar en esa permanente campaña mediática de lanzamiento de la ‘nueva política’ que transcurrió durante aquel 2015. Período en el que, conviene recordar, Herzog era el líder y candidato a la presidencia del Gobierno de un partido asentado, con Grupo Parlamentario propio en el Congreso de los Diputados. No les suena demasiado haberlo visto ¿verdad? Ejemplos de su ausencia tuvimos para aburrir.

Y no sólo tuvo que hacer frente a la desaparición mediática… en la intrahistoria de su carrera también tuvo que responder ante la justicia en algún procedimiento perverso, impulsado con el sólo objeto de desprestigiar su imagen, y cuyo último destino fue lógicamente el archivo.

Lo que parece claro es que, si no estás en los medios, no existes… y si no existes nadie sabe lo que has hecho y, en definitiva, nadie te vota. La gente no puede votar lo que no conoce, y parece obvio que el ‘producto’ que había que colocar era otro. Uno que lucía mejor, que era menos contundente y mucho más maleable. Y especialmente uno que no presentaba querellas ni ha sentado a nadie en los tribunales, sino que vuelve al juego político tradicional, el del reproche en el plató de televisión y, si acaso, en una comisión de investigación parlamentaria…

Lo cierto es que, con ese panorama, Herzog asumió el fracaso, entendió que el proyecto estaba acabado políticamente, sin fondos para continuar la lucha contra la corrupción; y abandonó su partido y la política. Tuvo que tirar de puertas giratorias, como haría cualquiera, las suyas exactamente fueron las puertas del INEM.

Pero un buen abogado siempre encuentra trabajo. De vuelta en el ámbito profesional privado, a su profesión de abogado, inicia otra etapa que, por caprichos del destino, le va a volver a llevar frente a los corruptos (presuntos) a los que había conseguido llevar a los tribunales en su etapa política.

En ese giro del destino, en ese efecto bumerán, juega un papel fundamental un sindicado pequeño de nobles aspiraciones. La Confederación Intersindical de Crédito (CIC) rescata algunas de aquellas causas a las que Herzog tuvo que renunciar y le propone, en la medida de sus escasas posibilidades económicas, continuar con esa labor mientras lo compatibiliza con los asuntos privados que lleva en el despacho (hay que ganarse la vida).

La CIC, presente en el procedimiento de Bankia desde prácticamente sus inicios, aunque sin actividad en el mismo por culpa de una legislación de la acusación popular manifiestamente insuficiente (¿les suena?) resultaba la plataforma ideal para continuar el trabajo comenzado. Como el propio Herzog ha señalado recientemente, no es una persona a la que le guste dejar las cosas a medias. Además, lejos del foco mediático y la política, ha podido seguir trabajando en su despacho, mucho más centrado en los tribunales que en las derivadas políticas de sus acciones, y con un éxito sin paliativos que, de momento, ha llegado a conseguir que se tomen algunas de las decisiones judiciales de esas que se llaman “históricas”; de las que se estudiarán en la historia política de este país.

Por primera vez se ha sentado en un proceso penal a los responsables de los organismos supervisores (procedimiento de la salida a Bolsa Bankia), por primera vez se ha condenado a representantes de las más altas instituciones del Estado, de todos los colores, en una macro causa y por delitos que les llevarán a muchos de ellos a la cárcel (procedimiento de las tarjetas Black), por primera vez -doctrina botín mediante- se va a sentar a un partido político en el banquillo de los acusados (procedimiento de los Discos Duros de Bárcenas)… y todo ello además de otra serie de daños colaterales a ese ‘establishment’ que, con razón, tenía un interés declarado en apartar a Herzog del foco público y de cualquier aspiración política de regenerar nada.

Andrés Herzog es ahora un outsider político, sin partido, pero con la misma premisa: trabajo y paciencia. Lo cual le convierte en alguien más peligroso para ese ‘establishment’ que sin duda apoyó -y celebró- su expulsión de la política. Porque hacer desaparecer a un partido puede ser tarea sencilla, pero acabar con la determinación de una persona insobornable, cuesta mucho más.

Lo que no deja de resultar irónico es pensar que, como Diputado, seguramente Andrés Herzog no habría podido seguir impulsando personalmente todas estas causas judiciales y que precisamente haberle borrado del mapa político es lo que ha permitido que hoy Blesa y Rato estén condenados a prisión o que los órganos supervisores como el Banco de España y la CNMV estén sentados en el banquillo.

Y aún queda el premio gordo. El juicio por la salida a Bolsa de Bankia. Vueltas que da la vida.

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Jorge Alexandre González (Madrid, 1985), es Doctor cum laude en Derecho por la UCM, así como Máster en Derecho Parlamentario, Elecciones y Estudios Legislativos y Máster en Derecho Público. Experto en Compliance por la UC3M y la UPF, ha centrado su carrera en los ámbitos del Derecho penal y constitucional. Abogado de profesión, ha sido colaborador honorífico del Departamento de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UCM y fue Secretario General de Grupo en el Congreso durante la X Legislatura.

Un comentario sobre “Herzog y el efecto bumerán

  • el 16 Marzo, 2017 a las 4:50 pm
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    UPyD cayó en el error de creer que con hacer una gran labor jurídica de persecución de la corrupción, le iba a reportar algún tipo de recompensa electoral. Está claro, que no fue ni es un factor que los votantes vayan a tener en cuenta.

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