Descifrando a Trudeau

Pocos dirigentes políticos son reconocidos por frases inolvidables capaces de motivar a todo un pueblo, de brindar esperanza y movilizar multitudes a favor de un ideal social. Justin Trudeau no es uno de ellos.

Trudeau es el resultado de una combinación idónea entre historia familiar, valores personales y contexto sociopolítico mundial. Una consecuencia casi inevitable del timing político, así como su capacidad para sacarle el máximo provecho a una época plagada de incertidumbre en el orden internacional.

Justin se convierte en una estrella política emergente en una de las más tristes circunstancias de su vida, el fallecimiento de su padre. En una transmisión televisiva de las principales cadenas a nivel nacional, el hijo de quien fuera primer ministro de Canadá entre 1968 y 1984, pronunció un discurso con gran dosis emotiva, denotando sus habilidades oratorias y las posibilidades que el futuro cercano le depararía.

En este discurso no sólo se posiciona como el heredero político de su familia, sino que vislumbra algunas de las ideas que lo acompañarán en toda su carrera y que agradece a su padre por enseñárselas. Sobre todo respecto al trato con quienes piensan diferente, pues la tolerancia no era suficiente para él. Era necesario el respeto a todas las personas a pesar de las diferencias de opinión que pudieran tener. Era ésta la representación más clara del ideal multicultural que hoy día prevalece en Canadá.

Sus palabras tuvieron un significado digno y especial para la ocasión, pero lo más destacado fue su temple, que desarrollaría con el tiempo, pero que ya era muy superior al común de los dirigentes políticos. Su habilidad para conectar, para compartir los momentos íntimos junto a su padre, haciendo reír y llorar simultáneamente. Esa capacidad de conmover que destacó la calidez humana que todos buscamos en nuestros semejantes.

De esta manera, su carrera política cobró forma unos años más tarde asumiendo el papel de diputado en 2008, hasta que en 2013 asume el liderazgo de su partido, y en 2015 gana por una un margen de 25 puntos las elecciones nacionales. Lo que se convirtió en un hito histórico para su Partido Liberal, pues apenas en 2011 había obtenido sus peores resultados de la historia reciente, con apenas 20% del voto nacional.

En su discurso de la victoria, Trudeau destaca la estrategia comunicacional utilizada durante toda la campaña. Un mensaje positivo y optimista, enmarcado en un proyecto común que apelaba a lo mejor de la gente, en contraste con la política negativa y personalista que tanto había prosperado en sus semejantes del sur. Asimismo, señala que su victoria se debió sencillamente a recorrer todo el país y escuchar a sus votantes: “ganamos esta elección porque escuchamos”, se le oye decir. No sin antes pedir que no vean a los adversarios como enemigos sino como vecinos que piensan diferente, pero que también quieren bienestar para su comunidad.

A pesar de su corta experiencia en la dirigencia política, Trudeau ha logrado conectar con quienes han perdido la esperanza, quienes están agobiados por la hipocresía, por los rostros repetidos, por las promesas infructuosas de cambio ante una sociedad que evoluciona mucho más rápido que el sistema gobernante.

En Canadá, Trudeau encontró la mejor posición para pulir sus habilidades y conocimientos sobre la marcha, pues a pesar de su importancia en el mundo, y de su envidiable estado de bienestar, las expectativas ante su liderazgo nunca fueron muy grandes, y cualquier avance en su liderazgo internacional puede considerarse como un bono extra para su mandato.

El timing propicio que ha sido tan importante para su llegada al poder, se caracteriza por el vacío de liderazgo que dejó la partida de Barack Obama y la radicalización de la política estadounidense desde las bases del Tea Party, así como los nacionalismos exacerbados de los ultras europeos, la inminente salida de Reino Unido de la Unión Europea, la hegemonía comercial de China y el regreso de la tensión armada entre la OTAN y la Rusia de Putin.

Ésta es una época en que todos buscan un líder al que seguir, y está claro que ese líder no está ni en el Estados Unidos de Trump –considerado, desde mi perspectiva, un error histórico– ni en la Europa de Merkel, que lucha por sobrevivir ante los retos que presentan la crisis migratoria de los refugiados y el crecimiento de los partidos xenófobos y divisionistas.

En este sentido, Justin Trudeau entendió la oportunidad que tenía para convertirse en un representante de la Contrarreforma Política, un llamado a la confianza en los logros alcanzados y a la corrección de errores, en vez de un cambio de rumbo. Constante y coherentemente, Trudeau se ha mantenido fiel a sus creencias y ha impulsado el socioliberalismo con propuestas específicas para reducir impuestos a la clase media, promover un gobierno transparente y abierto, otorgarle libertad de voto a los diputados en el Parlamento y eliminar toda publicidad gubernamental partidista. Igualmente, Trudeau ha seleccionado para ocupar las carteras ministeriales sólo a profesionales relacionados con el cargo que ocupan, en vez de políticos profesionales.

En su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el año pasado, el primer ministro nos recuerda la importancia de asumir una visión optimista para lograr las metas propuestas: “necesitamos enfocarnos en lo que nos une, no en lo que nos divide”. Una vez más la unidad en torno a un proyecto común predomina sobre las diferencias que muchos tratan de explotar. Es el reflejo de sus valores de respeto y aceptación del otro independientemente de su ideología política, creencias religiosas o identidad sexual.

“Aunque las creencias privadas tienen que ser valoradas y respetadas, son fundamentalmente ajenas al servicio público y es sobre eso que trata el liberalismo”, escribió en sus memorias, con el título de Common Grounds de 2014.

“La palabra que la gente usaba (para describirme) era “auténtico”, pero éste es el problema, ésta ni siquiera es mi corbata”. Así confiesa el personaje de Matt Damon en la película The Adjustment Bureau lo artificial de la representación política, que en su discurso de aceptación tras una derrota electoral, lo posiciona no sólo como un individuo genuinamente auténtico y sincero, sino como el candidato ideal para el próximo evento electoral.

Ese personaje es el que exhala la imagen de Justin Trudeau, quien entiende la edad como un issue, pero que intencionalmente ignora. No tanto por cómo se ve, sino por su estilo ingenuo que es a la vez su fortaleza y su debilidad. Es la informalidad de un joven iconoclasta y apasionado por su trabajo, que comparte con sus ciudadanos, mientras disfruta plenamente su vida y su familia.

Como ícono POP al estilo Obama, también es una estrella de las redes sociales, obteniendo el doble de likes respecto a Donald Trump, por ejemplo, mientras que consigue una cantidad similar de comentarios, lo que indica la controversialidad de Trump, más no su agrado (datos obtenidos de Instagram y promedio de últimas publicaciones).

Finalmente, dos frases que definen claramente su actitud y a partir de las cuales podemos entender su visión del futuro son: Take nothing for granted (no des nada por sentado), una noción que te obliga a ser constante en la lucha diaria por conseguir los sueños y metas, y una frase que repite bastante: “es más fácil señalar problemas que soluciones”, para recordarle a la gente que son muchos los dirigentes políticos que sólo tratan de aprovecharse de los momentos de debilidad de la gente para llegar al poder, pero que no tienen verdaderas propuestas para solucionar y mejorar la vida de los ciudadanos. Ese el reto actual, y Trudeau pretende llevar el liderazgo.

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Alejandro Yordi

Consultor estratégico en campañas políticas y comunicación corporativa. Licenciado en Letras y Especialista en Comunicación Política, Alejandro Yordi ha dedicado los últimos años a la planificación e implementación de estrategias de comunicación para campañas de gobierno y electorales en un contexto de cambios políticos abruptos y gran polarización.

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Un comentario sobre “Descifrando a Trudeau

  • el 16 Marzo, 2017 a las 4:45 pm
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    Justin Trudeau a ratos parece más una estrella pop que un político. Hay que recordar también, que su partido está cayendo ligeramente en intención de voto.

    Respuesta

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