La socialdemocracia europea: del esplendor a la decadencia

Los orígenes de la socialdemocracia europea se sitúan a caballo entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX; cuando se produjo la unificación de las asociaciones obreras alemanas lideradas por Wilhelm Liebknecht y August Bebel con la dirigida por Lasalle. Dicha unificación, producida en el seno del Congreso celebrado en Gotha en 1875, dio lugar a la formación del Partido Socialista de los Trabajadores Alemanes, que en 1890, pasaría a denominarse SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania)[1].

Asimismo, en el mencionado congreso, se aprobó el Programa de Gotha, en tanto que ideario del propio partido, siendo duramente criticado por Marx y Engels, defensores del comunismo,  ya que consideraban que incorporaba demasiadas concesiones ideológicas a la teoría política lassalleana; basada en la defensa de la intervención del Estado para regular tanto la producción como la distribución y en una manifiesta oposición al “laissez-faire”.

Los hechos anteriores desencadenaron una confrontación teórico-política entre los partidarios del comunismo y los nuevos socialdemócratas, defensores de una vía reformista centrada en la acción política del Estado y desde el Estado.

Así pues, la socialdemocracia se impuso como concepción política dominante hasta 1914. Sin embargo, fruto de las tensiones internas en el grupo, este se escindió en dos: del primer grupo surgió el leninismo y los partidos que formaron la III Internacional. Y, el grueso de la socialdemocracia, conformó el grupo que integraba la II Internacional; donde convivían juntas las posiciones más reformistas (Bernstein) con las más revolucionarias (Rosa Luxemburg).

Podríamos afirmar que, a grandes rasgos, las ideas-fuerza de la socialdemocracia son: una economía mixta en un Estado intervencionista, la garantía del modelo del Estado del Bienestar (basado en la universalización de los derechos sociales y laborales y financiado con unas políticas fiscales progresistas)[2]; todo ello asentado en la defensa de la igualdad y en un reparto más igualitario del poder político, social y económico en el marco de un sistema de privilegios.

A lo largo del siglo XX, y en especial durante la etapa de la gran expansión entre 1945 y 1973, los partidos socialdemócratas destacaron por su gran importancia e influencia en la mayor parte de los países Europeos; haciendo posible la realidad actual de los países escandinavos.

No obstante, en las dos últimas décadas del siglo XX, la socialdemocracia europea ha experimentado un profundo declive y desde la primera década del siglo XXI está quedando relegada en un segundo plano en el conjunto de los Estados europeos. Paralelamente, la derecha conservadora y la Nueva Derecha están recuperando el terreno perdido. Por lo tanto, ¿podemos afirmar que la socialdemocracia ha pasado del esplendor a la decadencia?

En 1980 se produjo la ascensión al poder de los primeros gobiernos neoliberales (Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en EUA) y la llegada de la Nueva Derecha al poder. Fruto de la recesión, la crisis económica, el malestar social y el descontento existente, las políticas intervencionistas europeas, instauradas y defendidas por los socialdemócratas, paulatinamente, se vieron sustituidas durante las dos últimas décadas del siglo XX, por unas de carácter neoliberal que implicaban un cambio en el modelo productivo basado en la auto-regulación de los mercados, así como en un fomento del individualismo y de la fragmentación social.

Con el transcurso de las décadas y, especialmente a raíz del estallido de la crisis en 2008, se ha comprobado cómo este modelo, en su día, incuestionable, ha quebrado y algunos de sus amargos logros han sido el estancamiento del crecimiento económico europeo, con las lamentables consecuencias que ello conlleva como la generación de grandes desigualdades y el fuerte aumento del desempleo.

Además, durante este tiempo, los gobiernos socialdemócratas se han quedado literalmente de brazos cruzados ante la conquista del neoliberalismo y, lejos de reivindicar sus ideales intervencionistas y el Estado del Bienestar, prefirieron, en algunos casos, adaptarse a estas nuevas políticas[3], al mismo tiempo que renunciaban a sus ideales, o bien seguir defendiendo de palabra un populismo y apuntarse a la transformación de la democracia en la partidocracia que ha llegado actualmente a uno de sus puntos más álgidos junto con el bipartidismo.

De este modo, ante la poca capacidad de reacción y de iniciativa por parte de la socialdemocracia, la derecha ha sabido aprovecharse de esta inactividad o presunta neutralidad y se ha beneficiado de la ocasión para recuperar el terreno perdido, a través de unos objetivos bien definidos: el liberalismo económico, el conservadurismo, el mantenimiento del capitalismo, entre otros.

Contrariamente a la derecha, la socialdemocracia se halla en una situación de indefinición ideológica, sin unos objetivos claros, divagando, y carece de una base sustentada en alguna idea-fuerza o concepción nuclear; a diferencia de su glorioso pasado en el que defendía la igualdad y el Estado del Bienestar. Carece por completo de unos principios firmes que la posicionen frente al electorado.

Todo ello ha provocado que la Europa actual se tiña de azul más que nunca, siendo minoría los únicos países con gobiernos socialdemócratas.

Centrándonos en el caso español, el PSOE, como máximo exponente de la socialdemocracia a nivel nacional, tardó 100 años, desde su fundación en 1879 hasta 1979, en pasar del socialismo a la socialdemocracia de la mano de Felipe González.

Y es que hay una diferencia semántica entre ambos conceptos. Los partidos socialistas son partidos ideológicos en la lógica que tienen como programa un sistema de ideas abstractas que quieren llevar a la práctica por medios políticos o mediante su imposición autoritaria a la sociedad. Por su parte, los partidos socialdemócratas no tienen una ideología como sistema, sino que poseen una orientación ideológica. La socialdemocracia tiene su trasfondo en la muerte del socialismo en tanto que ideología[4].

El retroceso del PSOE y su debacle ha sido espectacular en los últimos años, tanto a nivel nacional como autonómico. Tras vivir su edad dorada durante el período 1982-1993, coincidiendo con el gobierno de Felipe González, en 1993 no obtuvo mayoría en Las Cortes y se vio obligado a aliarse con CiU; la derecha nacionalista catalana. Dicha alianza conllevó un desarrollo de políticas neoliberales que implicaron una gran reducción del gasto social, siendo esta la primera manifestación de declive de la socialdemocracia en España.

Durante la etapa 2004 a 2011, bajo la presidencia de Zapatero, la crisis de la socialdemocracia se ha visto claramente reflejada en los fuertes golpes que ha recibido el partido en las urnas. Y es que la gestión de la crisis, a través del despilfarro de fondos públicos inicial y la aplicación de las posteriores medidas de austeridad (recorte en los sueldos públicos y en la ayuda al desarrollo, congelación de las pensiones y del SMI, eliminación del cheque bebé y subida del IVA en 2 puntos), totalmente contrarias a las ideologías defendidas por el partido socialdemócrata, ha sido desastrosa y no ha colaborado en nada hacia la preservación de una imagen digna de los socialdemócratas.

Actualmente, el PSOE se halla sin rumbo e internamente desmembrado. Esperemos que, una vez transcurrida la elección del próximo secretario o secretaria general, el partido sea capaz de recomponerse y volver a fijar unos objetivos y líneas de actuación; reivindicándose como el partido político valedor de la socialdemocracia española.

Así pues, la socialdemocracia a nivel español y europeo, se ha quedado sin saber cómo actuar ni qué hacer, sin posicionarse y sin discurso alternativo (al de culpar al neoliberalismo de la derecha y al populismo de la izquierda o de la derecha) para afrontar ideológicamente su propia crisis. Los efectos de esta última no se verán mitigados hasta que se abandone el actual discurso victimista que la sostiene, así como hasta que no se definan unos ideales asociados a la socialdemocracia y se defiendan los mismos con convicción.


Bibliografía

BADIA, M.: Manual de ciencia política. Capítulo III: el socialismo. Jordi Guiu. Editorial Tecnos, 1996. Madrid. 537 páginas.

NAVARRO, V., TORRES, J., GARZÓN, A.: Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España. Editorial Sequitur, 2011. Madrid. 225 páginas.

RIVERO, A.: La crisis de la socialdemocracia en Europa. Cuadernos de pensamiento político, Faes. Julio/Septiembre 2010. Madrid. Páginas 95-114.


Webgrafía

ANTÓN, J.: ¿Por qué se deja de votar socialista? El Periódico. 12 de diciembre de 2010. [En línea]: http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/20101213/por-que-deja-votar-socialista/621606.shtml

FLORES, P.: La tradición de la socialdemocracia. El País. 25 de octubre de 2009. [En línea]: http://elpais.com/diario/2009/10/25/opinion/1256421611_850215.html

NAVARRO, V.: La crisis de la socialdemocracia en Europa. Revista digital sistema. 18 de junio de 2010. [En línea]: http://www.vnavarro.org/?p=4393


[1] BADIA, M.: Manual de ciencia política. Capítulo III: el socialismo. Jordi Guiu. Editorial Tecnos, 1996. Madrid. Páginas 130 y siguientes.

[2] NAVARRO, V.: La crisis de la socialdemocracia en Europa. Revista digital sistema. 18 de junio de 2010. [En línea]: http://www.vnavarro.org/?p=4393

[3] NAVARRO, V.: La crisis de la socialdemocracia en Europa. Revista digital sistema. 18 de junio de 2010. [En línea]: http://www.vnavarro.org/?p=4393

[4] RIVERO, A.: La crisis de la socialdemocracia en Europa. Cuadernos de pensamiento político, Faes. Julio/Septiembre 2010. Madrid. Página 100, en la que se explica dicha diferencia semántica entre ambos conceptos.

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Anna-Clara Martínez Fernández

Licenciada en Derecho (Universidad Pompeu Fabra), licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, Máster en Abogacía (Universidad de Barcelona) y Máster en Política y Democracia (UNED). Actualmente, trabajando de abogada especializada en derecho administrativo y colaborando en distintas publicaciones. Tiene especial interés por los temas de comportamiento electoral y de educación.

Un comentario sobre “La socialdemocracia europea: del esplendor a la decadencia

  • el 31 Marzo, 2017 a las 2:47 pm
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    “durante este tiempo, los gobiernos socialdemócratas se han quedado literalmente de brazos cruzados ante la conquista del neoliberalismo y, lejos de reivindicar sus ideales intervencionistas y el Estado del Bienestar, prefirieron, en algunos casos, adaptarse a estas nuevas políticas, al mismo tiempo que renunciaban a sus ideales, o bien seguir defendiendo de palabra un populismo y apuntarse a la transformación de la democracia en la partidocracia que ha llegado actualmente a uno de sus puntos más álgidos junto con el bipartidismo.”

    Vamos, que se lo han ganado a pulso. El problema de la decadencia de la socialdemocracia es la herencia que nos deja, lease Le Pen, Wilders, brexit…

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