Reflexiones sobre la Seguridad y Defensa en la UE

El otro día un joven estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos I se puso en contacto conmigo para comentarme su inquietud sobre el futuro en lo referente a la Seguridad y la Defensa en el marco de la OTAN y de la propia UE a la vista de los nuevos retos, iniciativas, ciertas exigencias y tendencias que recientemente se plantean, de forma simultánea, en ambas Organizaciones, aunque en realidad unas, son consecuencia de las otras.

Pienso que verdaderamente, no está falto de razón; parece que de pronto, todos quieren lanzarse a la reorientación de la situación actual en un tema tan trascendente para la OTAN y la UE. Ya se barajan alternativas para hacerlo en conjunto o por separado por razones de autonomía o simplemente para romper ligaduras que constriñen los movimientos de la UE y evitar o hacer frente a las poco ortodoxas exigencias que se reciben en la OTAN y dirigidas a sus miembros por separado.

Pronto nos hemos dado cuenta de que no es nada fácil la consecución de nuevos objetivos sin que al final queden muchos cristales rotos por el camino. Hay que tener presente que, en ambas organizaciones, las mismas naciones -tanto en conjunto, como por separado- deben arar con los mismos bueyes y los mismos presupuestos para cumplir con dichos temas. Asuntos de muy difícil combinación, si nos planteamos jugar en dos bandas al mismo tiempo, con la pretensión de ser totalmente independientes y con el hándicap de que, además, ambos organismos serán cada vez mucho más exigentes en lo referente al grado de disponibilidad, verdadera predisposición, rapidez de actuación y eficiencia de las fuerzas individuales para la defensa común.

La solución a la temática que me planteaba es en realidad un teorema de muy complicada definición; incluso, según mis conocimientos, dicha ecuación ya ha sido muchas veces enunciada en diferentes términos, aunque sin encontrar, de momento, las adecuadas soluciones a los problemas puestos sobre la mesa.

Todos somos conscientes de que la cosa no va nada bien en ninguna de las organizaciones; sus sistemas de toma de decisiones son complejos y constriñen o dificultan la verdadera capacidad de actuación de fuerzas; los compromisos contraídos no se cumplen ni por asomo; las constantes reducciones en los presupuestos de defensa son alarmantes; los intereses e intenciones de los países o las organizaciones aparecen muchas veces como contrapuestos y el grado de amenaza sobre el Viejo Continente no decrece.

A todo lo anterior hay que añadirle dos nuevos elementos que complican aún más la situación. Por un lado, la llegada de Trump a la Casa Blanca ha supuesto una seria llamada de atención a todos los miembros de la OTAN al exigirles una mayor seriedad y concreción en los compromisos antaño contraídos sobre las inversiones en defensa -acordados desde la pasada Cumbre de Gales hace casi dos años-. Por otro, nos encontramos ante diversas iniciativas europeas para reconformar la Unión tras el propio anuncio del Brexit, de entre las que destaca el fomentar sus políticas de seguridad y defensa.

Jugar esta partida de billar, aunque solo sea a dos bandas, es mucho más complicado de lo que muchos se imaginan porque nos encontramos ante dos realidades que no se pueden soslayar. De una parte, en la OTAN, si queremos que esta sobreviva como tal Alianza –cosa, que, de momento, nadie pone en duda-, debe existir un firme compromiso de los estados en alcanzar cuanto antes la acordada inversión del 2% de su respectivos PIB en gastos en defensa –cifra que la mayoría de los aliados están muy lejos de alcanzar-. De otra, algunos países de UE han sentido la necesidad de que, tras desprenderse del lastre y oposición del Reino Unido en materia de defensa europea, ir por su cuenta y, al mismo tiempo, dejar de lado las exigencias y cierta sensación de ninguneo por parte del “Nuevo Tío Sam”, tratando de demostrar que la Unión es capaz de solventar sus problemas por sí misma en este y otros temas y no requiere del socorro externo.

No es nada novedoso que la UE haya intentado crear sus propias unidades militares; pero también es cierto, que nunca ha sido una tarea bien acogida y apoyada por todos sus miembros. Las diversas alternativas e iniciativas ejecutadas por la UE hasta la fecha se han orientado a su posible participación en beneficio tanto de la OTAN como de la UE. Aunque algunas de ellas ya cuentan con muchos años de experiencia y funcionamiento, no han servido más que para la creación de Unidades de aluvión –los países aportaban unidades según sus necesidades y capacidades respectivas o las tienen asignadas, aunque no en exclusividad, y asentadas en sus países respectivos-, pero nunca han sido realmente operativas más que en lo referente a sus correspondientes Cuarteles Generales y difícilmente como como Gran Unidad militar.

El EUROCUERPO (Estrasburgo), creado en octubre de 1993, con capacidad de crear hasta un Cuerpo de Ejército (Dos o tres Divisiones y sus elementos de apoyo) y en el que participan España, Alemania, Francia, Bélgica y Luxemburgo como miembros permanentes y otros cuatro más como miembros asociados, Grecia, Italia, Polonia y Turquía. Sus misiones, según el acta fundacional son: la defensa común de los aliados en aplicación de los artículos 5 y V de los Tratados de Washington y Bruselas respectivamente; el  mantenimiento y el restablecimiento de la Paz y el desarrollo de Acciones Humanitarias.

La dura realidad, es que sus escasas participaciones en zonas en conflicto siempre han consistido en ejercer el mando de operaciones en curso sobre otras fuerzas ya asignadas por la OTAN.

La primera participación del Eurocuerpo lo fue con el mando durante seis meses de la Fuerza de Estabilización de la OTAN en Bosnia-Herzegovina (SFOR) en 1998. En el año 2000 mandó la KFOR III, bajo liderazgo de la OTAN en Kosovo por otros seis meses. Y en 2005 finalizó su participación exterior con el mando de la ISAF VI (Afganistán) durante un periodo similar.

La EUROFOR (Florencia) con capacidad de crear hasta una División Ligera (dos o tres Brigadas y elementos de apoyo) y en el que participaba Italia, España, Francia y Portugal, que tenía como principal objetivo cumplir con las Tareas Petersberg, -que son generalmente misiones del tipo humanitarias, y de pacificación- ha estado activa desde 1995 hasta 2012 cuando se disolvió.  En sus 17 años de vida, sólo participó en tres misiones reales, en Albania (entre 2000 y 2001), Macedonia (2003) y Bosnia i Herzegovina (entre 2006 y 2007).

La EUROMARFOR (diversa ubicación) es una fuerza marítima multinacional de carácter no permanente, constituida por los mismos cuatro países que crearon la EUROFOR y que también está abierta a la participación de otros países de la UE. Nació en 1995 para acometer las diferentes misiones de Petersberg orientadas a la mar: control del mar, misiones humanitarias, operaciones de mantenimiento de la paz, operaciones de respuesta ante crisis (despliegues preventivos, patrulla marítima, limpieza de minas, etc) y operaciones de imposición de la paz. Dependiendo de la naturaleza de la misión, las dimensiones de la fuerza pueden variar desde un pequeño Grupo Operativo, compuesto por unos pocos barcos, hasta una Fuerza Operativa compuesta de portaviones, escoltas y buques de apoyo. Ha sido activada varias veces en apoyo de la OTAN, la UE e incluso de la ONU. Su operación más duradera es la conocida como Operación ATALANTA en el Océano Índico contra la piratería (desde 2008 y todavía en vigor).

Las más que comprobadas dificultades para la movilización, asignación, relevos y despliegue a distancia de grandes Unidades militares terrestres y los sucesivos recortes presupuestarios en defensa tomados de forma individual por casi todos los miembros de la OTAN y la UE, llevó a ambas organizaciones a la creación de Unidades más pequeñas, ligeras y por tanto fácilmente desplegables, que supongan una primera avanzadilla para acudir a cualquier foco de conflicto en territorio OTAN-UE y dieran tiempo para la movilización de las necesarias fuerzas, más consistentes y pesadas; así se crearon respectivamente las conocidas como NATO Reaction Forces (NRF) y los Battle Groups en la UE. Unidades de tipo Brigada Ligera o Batallón reforzado.

Pero, hay que decir, que estas iniciativas, en realidad, son pequeños parches que solo sirven para calmar conciencias, porque todos sabemos que sus capacidades son muy limitadas contra un enemigo potente. Incluso, algunas veces, y debido a la escasez de fuerzas y/o la multiplicación de misiones en el extranjero, ha ocurrido que las mismas fuerzas nacionales estaban, asignadas, al mismo tiempo, a dos de estas diferentes organizaciones (doble gorro) o su cambio de misión se realizaba sobre la marcha y sin tiempo de recuperación.

Tanto en la OTAN como en la UE, las voces de los verdaderamente entendidos claman por Unidades más potentes, homologadas, instruidas y de rápida respuesta y despliegue. Unidades, que precisarán para ello de importantes y muy capaces medios de desplazamiento estratégico y numerosos apoyos de inteligencia, reconocimiento, aviación de combate, guerra electrónica y comunicaciones. Cualidades todas ellas muy costosas y que no todas se cubren con las capacidades actuales.

A ello, hay que añadir un problema tremendamente relevante, la muy extendida tendencia a la diversificación del armamento en función de las diferentes industrias nacionales. En Europa, existen muchas más empresas de armamento que en el resto del mundo; el conjunto de los gastos en I+D+i de las mismas supera con creces al del resto de los países y debido a lo anterior, los productos que se fabrican y adquieren por nuestras fuerzas armadas son tan variados y dispares que su homologación y rentabilidad resulta casi imposible. Cosas todas ellas que distorsionan gravemente los verdaderos gastos en defensa -muchas veces no se cuantifican como tales al ser particulares de las empresas- y que están más que superadas por el resto de las grandes potencias.

De todos es sabido, aunque pocos lo defienden por intereses propios, que la unificación de materiales y la drástica reducción de gastos de investigación y desarrollo, aunque serán dramáticos para muchos países y sus empresas de armamento, supondrían un balón de oxígeno muy importante para la reconducción de los tan traídos y manidos gastos en defensa.

No es una idea nueva, se lleva mucho tiempo trabajando en ella, aunque con escasos o tímidos resultados. Están en marcha iniciativas como: el avión de combate Eurofighter, el de transporte estratégico A-400M y algún tipo de carro de combate, helicópteros y fragatas. Pero, no todos los países se adhieren a estos programas en una particular defensa a ultranza de su industria y del mercado nacional o de exportación de armamentos.

En cualquier caso, y a pesar de todos los inconvenientes mencionados, dentro de la UE, ante las mencionadas presiones norteamericanas y siguiendo ciertas reacciones un tanto chovinistas, poco analizadas previamente, o al menos no muy reposadas, recientemente surgieron voces para la creación de lo que ufanamente se denominó el Ejército europeo.

Los medios de planeamiento y desarrollo de la UE, con la oposición frontal del todavía miembro, el Reino Unido, se pusieron manos a la obra; pero, muy pronto se descartó esta idea ya que se convencieron de que ello no era posible porque supondría dos cosas de importancia: un enorme gasto que nadie está dispuesto a afrontar y porque de facto conllevaría la cancelación de la OTAN a instancias de la propia UE.

Como viene siendo habitual en la Unión Europea, ante la dificultad de impulsar grandes ideas o materializar interesantes propuestas, pronto se reduce el horizonte de ambición. Así, dado que la mayoría de los países llevamos años reduciendo los gastos en defensa de forma dramática; que el Reino Unido –país con mayor peso militar en Europa- todavía no ha definido cuál será su papel en el aspecto de la defensa europea cuando estén fuera de la Unión y que todos los países son muy remisos a perder el mando y control de sus “escasas unidades de combate”; se ha optado por una nueva chapuza o solución de aliño de muy poco peso específico; crear un nuevo Cuartel General –otro más- propio de la UE que se establecerá en Bruselas para coordinar determinadas operaciones conjuntas.

Aunque, de momento, este solo abarcará pocos tipos de operaciones, planea la intención de que en un indeterminado futuro funcione como el germen de una mayor integración militar europea. Finalmente, se aprobó su creación con muy poco personal (30 personas) y algunos cientos de millones de presupuesto a pesar de que – los llamados “neutrales”, aquellos que no pertenecen a la Alianza Atlántica- rechazan que se identifique al bloque comunitario como un proyecto de paz, con claras tendencias militaristas y que el Reino Unido sigue oponiéndose frontalmente a ello.

Este órgano de planificación y control pretende cubrir un identificado déficit en la generación de las operaciones que no implican el uso de la fuerza. Se trata, por lo tanto, de aquellas misiones de entrenamiento o asesoramiento que la UE fomenta en el exterior y que no disponen de un mando centralizado para su planeamiento, cobertura o conducción y al que apelar en caso de que pudiera surgir algún tipo de imprevistos.

Tal y como he mencionado, según parece, algunos pretenden que, a la larga, se pueda dedicar al planeamiento y cierto mando y control de otro tipo de operaciones que ya están en marcha y que se refieren a las Operaciones de Paz, Control de Fronteras en relación con los inmigrantes y refugiados y a la Ayuda Humanitaria. En definitiva, cosas de cierta importancia, pero verdaderamente, de muy poca chicha y escasa relevancia, que, a su vez, no pongan en peligro cualquier operación, maniobra o ejercicio de calado de la OTAN.

Algunos ya han celebrado esta “nueva iniciativa” como un primer paso hacia la autosuficiencia en materia de seguridad y defensa. Craso error, no supone nada nuevo, solo un eslabón más en la larga cadena de mandos y responsabilidades en dichas operaciones que, aunque necesarias son complicadas y, a veces, no muy eficientes en las que la ONU ha invertido mucho esfuerzo y puesto repetidamente en peligro su prestigio tras largas, difíciles y costosas campañas.

Hace pocos días vimos a la Canciller alemana enfrentarse a Trump en defensa de los 27 -ya no se menciona al Reino Unido- y de nuestro compromiso de ir elevando -al menos los alemanes- las inversiones en defensa hasta el ya mencionado 2%. Declaración, que, aunque aparentemente se realizó en nombre de todos, claramente supone que cada uno deberá hacer sus propios deberes de forma individual y no como UE.

Además, al no exponer nada sobre el tema anterior, se entiende que ella no está convencida de que la Unión pueda crear una fuerza propia e independiente de la OTAN que sea capaz de realizar operaciones que afecten a la propia UE. Por lo tanto, dio la sensación, que dicho paso adoptado se ha convertido, otra vez más, en un efímero sueño de pocos, que ya ha quedado relegado a un segundo plano.

Aunque muchos piensen lo contrario, no hemos arreglado nada en la UE y no debemos olvidarnos de que, en el seno de la OTAN, los norteamericanos no cederán un milímetro en sus exigencias del incremento del gasto en defensa de todos y cada uno de los aliados. Cosa, que como ellos saben, para muchos será una misión imposible de alcanzar a corto y medio plazo. Trump, ya ha anunciado que aquel que no lo cumpla, deberá abandonar la Alianza sin más miramientos y que esto se va a convertir en una carrera, con muchos y duros árbitros, en busca de quien se sale o no llegue a lo reglamentado.

En definitiva, puede que este quilombo se convierta en un desastre que lleve al traste a la OTAN o la reduzca a unos pocos miembros y que, en cualquier caso, deje a la UE a los pies de los caballos de cualquier amenaza al quedar fuera de aquella; reducida al desarrollo de unas capacidades de poca monta y sin poder recurrir al paraguas de la Alianza para la posible y muchas veces necesaria cobertura de las mismas.

Hay que hacer algo para remediarlo, no se puede seguir escuchando caer la fuerte lluvia y esperar solo a que escampe por sí misma. El problema está ahí y por tanto, es la hora de tomar grandes determinaciones en el seno de la Unión, si no queremos que este punto pueda convertirse en uno de los de mayor fricción para la propia supervivencia de ella misma. Para ello, me atrevería a sugerir que, partiendo de dos hechos contrastados: no todos los miembros de la UE y de la OTAN, al mismo tiempo, quieren o pueden cumplir con las exigencias del gasto en esta materia y que la UE baraja fuertemente la posibilidad de una Unión a dos velocidades en varios aspectos [1], se podría ampliar este último concepto al tema de la defensa y plantear en la OTAN la siguiente y fresca alternativa.

Los miembros de la UE dispuestos y con posibilidades de ampliar sus gastos y capacidades en defensa (el famoso núcleo duro o locomotora de cabeza ampliado) deberán presentarse como un solo elemento compacto, coordinado y compensado entre ellos, que constituya el elemento visible de la UE en materia de defensa y, al mismo tiempo, estar dispuesto a comportarse en igualdad de capacidades y posibilidades que el resto de los miembros iguales o pares de la Alianza (EEUU, Reino Unido, Canadá).

Por otro lado, el resto de miembros de ambas organizaciones, que realmente sean incapaces de alcanzar las mínimas exigencias en materia de defensa, no quedaran del todo desconectados; serían considerados como miembros protegidos por intereses comunes o compartidos. Podrán aportar sus capacidades, de forma creciente, aunque algo más lenta, y deberán estar realmente dispuestos a tratar de superar sus actuales limitaciones y a que, al menos y de partida, sus territorios, en caso de necesidad, sean empleados para acoger unidades OTAN y el despliegue de los medios necesarios para la defensa colectiva (i.e. misiles de defensa antimisiles, medios de localización y seguimiento o cazabombarderos estratégicos).

De este modo, tanto la OTAN como la UE, se verán convertidos en alianzas u organizaciones a dos velocidades, con sus respectivos núcleos duros y una serie de países satélites o protegidos en materia de defensa, con aspiraciones de integración efectiva.

Las ventajas de esta solución son varias: no desaparece la OTAN, cuya persistencia, necesidad y capacidad nadie pone en duda; sobre todo, para hacer frente a las más que conocidas amenazas rusas y, que, para nuestra desgracia, no desaparecerán; sino más bien al contrario, aumentarán si se desintegrara la OTAN y Europa quedara aislada y desprotegida. El núcleo UE que se inicialmente se integre el OTAN lo hará como un único miembro de pleno derecho y responsabilidad; deberá cambiar y unificar criterios nacionales en materias de mando y control, estandarización de sus materiales y procedimientos, así como en lo referente a las inversiones, investigación, desarrollo y adquisición de nuevos materiales por lo que su dependencia del exterior, principalmente de EEUU, será mínima. Las tomas de decisión en la Alianza se simplificarán al ser menor el número de miembros que deben hacerlo y aprobarlo. La desconexión con el Reino Unido será total ya que no podrá influir en la UE en este tema. La opción de nuevas incorporaciones a la OTAN se limitarán a su integración en el núcleo de la UE y será esta la que determine si aquellos aspirantes cumplen con los requisitos o, establece un sistema interno de compensaciones que equilibre las balanzas de gastos y aportaciones. La UE será capaz de demostrar que es un aliado fiable, tiene iniciativas, posibilidades y capacidades en este aspecto y que, con un menor esfuerzo – no tener la necesidad de abarcar todo el necesario espectro a solas y por sí misma- sea capaz de seguir mejorando sus capacidades de defensa.

Puede que esta idea les parezca a muchos muy descabellada, simplista o irrealizable; pero sinceramente, considero que con una buena dosis de esfuerzo, muy buena voluntad, verdadero compromiso y un gran espíritu de sacrifico individual y colectivo, se podrían lograr objetivos que difícilmente sean rechazables a las exigencias norteamericanas y sobrepasen las múltiples trabas planteadas por los británicos.

El desarrollo de estos principios y conceptos será largo y precisará de muchos estudios reuniones, compromisos y discusiones de tipo político y militar; pero, sin duda; si se actúa como una verdadera Unión y se mantiene la idea de la absoluta necesidad de encontrar una solución viable y al menor costo, puede que sobre este planeamiento se encuentre el camino a seguir. Creo que la unificación y simplificación de criterios sobre la industria y materiales de defensa y la cesión de cierta autonomía sobre el mando y control de las fuerzas propias pueden ser los dos grandes escollos que habrá que superar.

Dejo estas ideas sobre el papel, para que, primero mi amigo, el mencionado estudiante las desarrolle con mayor profusión y claridad y, a la espera de que alguien con cierto peso específico las lea y apoye. Estoy convencido de que, aunque con mucho sacrificio, no todo está perdido y que se puede avanzar en una nueva vía.

Debemos dejar definitivamente atrás las habituales, caras, caducas y timoratas soluciones o de muy dudosa trascendencia. Pienso que, si habiendo llegado a este punto y ultimátum, no estamos dispuestos a superar los grandes retos y a dar importantes pasos, estaremos abocados al más terrible de los fracasos y muy posiblemente al desfallecimiento e incluso el final de la OTAN y la propia UE.

No pueden subsistir dos organizaciones en las que no todos y sobre un mismo terreno participen de los mismos privilegios y responsabilidades y, del mismo modo, que hasta ahora hemos conseguido una Europa unida y subsidiaria, deberemos avanzar mucho y de forma similar en el tema de su defensa.


[1] http://www.dsn.gob.es/es/actualidad/sala-prensa/libro-blanco-sobre-futur…


Artículo de F. Javier Blasco, Coronel en la Reserva, publicado en Atalayar.com

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Un comentario sobre “Reflexiones sobre la Seguridad y Defensa en la UE

  • el 31 marzo, 2017 a las 2:42 pm
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    Ha llegado el momento de que los países de la UE abandonen la OTAN, una orgnización de la guerra fría y creen un verdadero ejército europeo. Francia deberá ceder, al igual que los países del este que sólo buscan la protección de EE.UU. frente a Rusia.

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