El CETA ya es realidad, ¿no?

Todo un hito, este mes de abril se pone en marcha el tratado de Libre Comercio entre Canadá y la Unión Europea, el CETA, el mayor pacto firmado por Bruselas hasta el momento ya es realidad tras 7 años de negociación. A palabras de Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, el CETA es el “patrón-oro” de los tratados de libre-mercado. En pleno cambio de tendencia del peso del comercio internacional respecto al PIB mundial, empujado sobre todo por los nacionalismos y los sentimientos rupturistas de algunos países, un tratado como el CETA demuestra que la cooperación comercial sostenible y respetuosa con el medio ambiente, el Estado del Bienestar y la Democracia, sí es posible.

En la actualidad, la UE es el segundo mercado más importante para Canadá, representando un 10% de sus transacciones internacionales. Para la Unión, Canadá es su duodécimo socio exterior. Las principales exportaciones del viejo continente hacia el otro lado del Atlántico son; maquinaria, equipos de transporte y productos químicos. La inversión es otro de los puntos fuertes en los actuales puentes entre Canadá y la UE. Sólo en 2012, el total de flujos de inversión en ambas direcciones alcanzó los 402.000 millones de euros.

El fortalecimiento de los lazos entre la UE y Canadá facilitará la creación de nuevos puestos de trabajo, nuevas rutas comerciales y oportunidades empresariales. Lo que cabe esperar, según Bruselas, es un incremento de 12.000 millones de euros del PIB comunitario y una subida aún mayor en el caso de la economía canadiense. De acuerdo a lo establecido en el nuevo acuerdo, se eliminarán el 98% de los aranceles existentes, se homologará la regulación industrial y se permitirá la licitación pública a empresas de ambas regiones. Las PyMEs serán las más beneficiadas, ya que son las que más difícil tienen sortear las barreras no arancelarias, y pueden suponer gran parte del incremento de actividad comercial entre ambos territorios, que se espera que llegue a ser de hasta un 25%. La Comisión Europea ha asegurado que todos esos productos canadienses importados solo podrán llegar a ser vendido, si cumplen plenamente la actual normativa, incluidas todas las restricciones europeas en lo referido a alimentos transgénicos, y deberán respetar “las disposiciones legislativas de interés público como el medio ambiente, la seguridad y la salud”.

Sin embargo, los detractores del CETA critican, sobre todo, el secretismo de las negociaciones que se han llevado a cabo. Además de uno de sus puntos más polémicos son los Tribunales de Arbitraje. El Sistema de Tribunal de Inversiones que plantea el CETA es el de una corte de arbitraje especial que se aplicaría a los litigios que fallen sobre conflictos entre inversiones y Estados. Y lo critican porque entienden que podría poner la ley al servicio de las multinacionales, dejando atrás el interés general de los ciudadanos. La Comisión defiende este punto explicando, que lo que se busca en ellos es minimizar la toma de decisiones injustas, o discriminatorias por parte de las Administraciones Locales en favor de las empresas nacionales.

El pasado mes de febrero el Parlamento Europeo dio el visto bueno al Tratado, que ya había sido firmado por la Comisión Europea. Por lo que se pondrá en marcha este mes, pero no de forma definitiva. Según los Tratados de la Unión Europea (TUE), principal fuente de la legislación en la UE, los tratados de libre comercio se dividen entre los “Only-EU” y los “Mixted”. La aprobación de estos son lo único en lo que se diferencian; con el visto bueno de la Comisión y el Parlamento los “Only-EU” ya pasan a ser vigentes, mientras que los “Mixted” necesitan de la aprobación de las Cámaras parlamentarias nacionales e incluso alguna regionales, un total de 38. Inicialmente el CETA fue establecido como “Only-EU”, pero tras la victoria del Brexit, se quiso apostar por mayor co-decisión entre las instituciones europeas y las nacionales, y se forzó a establecer el CETA como un tratado “mixted”. El proceso de aprobación definitivo, por lo tanto, según los analistas podría extenderse incluso a los dos años.

Asimismo, ya antes de que haya llegado a aprobarse de forma temporal, ya algunas regiones han mostrado su malestar con alguno de los puntos. Uno de los escollos principales en los que se ha encontrado el Tratado ha sido Bucarest y Sofía, que supeditaron su aprobación a que Canadá levantara obligación de visado para que sus ciudadanos visiten el país norteamericano Ya que son únicamente estas dos nacionalidades las que deben todavía pedirlo, discriminándoles respecto a los demás ciudadanos europeos. El propio Primer Minister canadiense, Justin Trubeau, aseguró que como tarde este verano la exención de visados se extendería a los ciudadanos búlgaros y rumanos. Sin embargo, en el nuevo acuerdo se le da la opción a Canadá de revisar este punto, si finalmente un número considerable de ciudadanos rumanos y búlgaros pasaran a vivir de forma ilegal a este país.

Otros países también han mostrado reticencias por el momento; como Eslovenia, que ve el CETA con recelo porque teme una liberación en el sector del agua. O, aunque más anecdótico, Polonia que se ha quejado de la mala traducción del acuerdo a su idioma, a lo que, según fuentes de la Comisión, ya estaría solventado.

Pero, no solo son las cámaras nacionales, el ejemplo más claro fue el caso de la Valonia belga que vetó el acuerdo unos días antes de la celebración de la firma del tratado. Su Ministro Presidente, Paul Magnette, exigió cambios en el proceso de selección de los miembros de los Tribunales de Arbitraje y una mayor garantía para el sector agrícola europeo. Tras la elegante y humilde mediación del ya ex-Presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, se acabaron reformando algunos aspectos del acuerdo, consiguiendo finalmente, la aprobación valona. De todos modos, el Tratado exenta de la libre circulación comercial a los vehículos de turismo y a los productos agrícolas europeos protegidos; como la leche, el jamón o el aceite.

Teniendo en cuenta las existentes reticencias por parte de algunos segmentos de la sociedad, cabe esperar vetos y bloqueos que entorpezcan el curso del acuerdo, o que lo lleguen a echar a perder. Sin embargo, no hay que olvidar el fallo pendiente del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) sobre la legalidad o no de los Tribunales de Arbitraje, o sobre el propio proceso de selección de sus miembros.

No va a ser un proceso fácil, se vaticinan meses de intensas negociaciones y despliegue de seducciones diplomáticas en los pasillos de las instituciones europeas. Todo ello con el objetivo final de aplicar de forma concluyente el acuerdo de libre mercado entre Canadá y la Unión Europea. Igualmente, existe aún la posibilidad de que el Tratado acabe siendo rehén de las contingencias políticas de nuestro continente, o incluso caiga en saco roto.

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Marc Riera

Marc Riera Félix (Mahón, 1996), es estudiante de último curso de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid. Enfocado en el campo de la Macroeconomía, Finanzas e Integración Europea. Es cofundador de Estudiantes por Europa y milita en distintas asociaciones estudiantiles. Ha trabajado en el ámbito de la gestión hotelera. Colaborador de varios medios de comunicación. Forma parte del European Solidarity Corps.

2 comentarios sobre “El CETA ya es realidad, ¿no?

  • el 6 abril, 2017 a las 8:34 pm
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    Los acuerdos trasnacionales deberían buscar equilibrio, esto es, si produces más barato, que sea porque dispones de mejor tecnología, no porque tus sueldos son paupérrimos y tu industria contamina como si no hubiera un mañana.
    Este acuerdo abre la puerta a las multinacionales, sin importar las condiciones laborales o medioambientales.

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  • el 6 abril, 2017 a las 10:04 pm
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    El acuerdo va a permitir el desplazamiento temporal de trabajadores y ejecutivos de empresas y proveedores de servicios entre la Unión Europea y Canadá, lo que va a beneficiar a las empresas para que operen a nivel internacional.

    Con eso ya está todo dicho.

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