Nos importa el futuro de la Unión Europea

Mucho se ha hablado previamente -por las grandes expectativas que enmarcaba-, aunque no tanto se ha escrito ni hablado posteriormente, sobre uno de los eventos, quizás de los más importantes de los últimos tiempos, el sexagésimo aniversario de la creación de lo que hoy se conoce como la Unión Europea (UE). Un hecho tan relevante, que, hasta el propio Papa, un día antes, se esforzó en definir claramente los peligros a los que la Unión se enfrentaba y en marcarle los caminos para combatirlos [1].

El pasado sábado, se cumplieron sesenta años de la firma de los Tratados de Roma, firmados el 25 de marzo de 1957 por Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos, y que dieron inicio a la Comunidad Económica Europea. Fecha, que, según mi información, se podría haber adelantado hasta en veinte años si un populista extremista nazi, llamado Adolf Hitler, no hubiera irrumpido con tanta fuerza en la vencida y vejada Alemania tras la Primera Guerra Mundial y nos llevara de cabeza a la Segunda.

Han ocurrido muchos eventos positivos e importantes en la historia de la Unión que pasan: por las sucesivas denominaciones; ampliaciones de cometidos; mejoras sustanciales en derechos y coberturas sociales; el aumento del número de sus miembros en todas las direcciones desde el núcleo central, principalmente con la masiva adhesión de los países del Este de Europa que tantos años habían permanecido oprimidos bajo el yugo comunista de la URSS – tanto se ha ampliado, que al final se ha llegado a alcanzar el número de 28 miembros-; la creación del conocido como espacio Schengen que permite la libre circulación de las personas y mercancías dentro de su territorio sin fronteras; la amplia y positiva legislación para mejorar las coberturas y desarrollos económicos de sus miembros y la emisión de la moneda única.

Para ser sinceros, hay que decir que no es oro todo lo que reluce; ya que también hay que resaltar otros muchos eventos que deben ser considerados como hitos igualmente importantes, pero como no son positivos, deben estar sopesados en el platillo de resultados negativos: la tremenda crisis económica y financiera -aún no del todo superada-; la llegada masiva de refugiados y nuestra incapacidad para manejar de forma viable la situación ni en encontrar una solución definitiva al problema; las dificultades para prevenir y combatir al terrorismo en nuestro territorio; la imposibilidad para actuar de forma eficiente y conjunta en conflictos cercanos que, sin duda, han y repercutirán negativamente, y por último, la celebración del referéndum británico para decidir su salida de la propia Unión. Salida, conocida como el Brexit, que según todo apunta, comenzará a negociarse legalmente en muy pocas fechas por mucho que ahora, miles de ciudadanos británicos se manifiesten en su contra.

La llegada de Trump a la Casa Blanca y sus teorías sobre el futuro y viabilidad de la UE, sus presiones y declaraciones acerca del poco porvenir de nuestra moneda, su visión negativa en lo referente al papel de la misma en política exterior y sobre todo, las carencias en participación, capacidades y compromisos de la mayoría de los aliados europeos en la OTAN, son otros elementos a considerar y creo, que han influido y, con mucho peso, sobre la marcha normal de la Unión. Aunque llegado a este punto, no sabría definir si estos han sido asesinos ataques por la espalda o provechosas broncas para convertirse en verdaderas y efectivas llamadas al orden para que prestáramos la bebida atención.

Pronto, algunos empezamos a pensar que tanto el Brexit como el efecto Trump, al contrario de ser contraproducentes, habían caído casi como una bendición del cielo para provocar el revulsivo que necesitaba la UE para poder salir de un maléfico letargo y forma de vida que nos estaba llevando a la autocomplacencia, el conformismo, no ver la realidad de las cosas ni sopesar adecuadamente los problemas que realmente nos afectan y nos podían llevar a la extinción.

En efecto, la mayoría de los mencionados aspectos negativos han hecho mucha mella en Europa y entre los europeos; han sido el caldo de cultivo de una pronta y multiplicativa regeneración de los populismos de todo tipo, la creciente evolución y desarrollo de los euroescépticos y la potenciación de determinados y maléficos nacionalismos.

Tanto es así, que los británicos se defienden de su decisión tomada al entender que, ha sido precisamente la inacción de la Unión ante tales graves temas, lo que les ha llevado a su reconsideración sobre la conveniencia de su permanencia o no en la misma. Aunque, todos sabemos, que los british han sido siempre como ese vecino molesto y protestón que, mantiene en jaque a toda una comunidad de vecinos, solo trae problemas a las reuniones, broncas constantes con todos y, por supuesto, su oposición a cualquier aspecto que signifique más costo, aunque sea a cambio del necesario progreso de todos.

Ahora, ya no es tiempo para llorar sobre la leche derramada, hoy ya existe un consenso generalizado, y no es poco, de que hay cosas que no hemos sabido manejar o hemos hecho mal, cosas que de verdad no funcionan y que debemos cambiar y en que, quizá nuestra precipitación y buenísmo en algunas peligrosas e incluso innecesarias ampliaciones, nos ha llevado a una mastodóntica organización llena de pedigüeños, protestones, inconformistas y con algunos miembros incapaces de progresar al ritmo o la velocidad a los demás.

Todo profesor sabe que seguir el ritmo marcado por los más incapacitados o retrasados de nivel en la clase, es una mala teoría, que no ayuda a nadie porque impide la normal evolución del resto e incluso, baja considerablemente el nivel general de conocimientos. Los más aventajados se aburren de repetir todos los días la misma lección, sin que ello dé lugar a una mejora del pelotón de cola. Comienzan los rumores, las malas caras para terminar llegando a deplorables declaraciones similares a la que hemos escuchado estos días por parte de uno de los máximos responsables de los organismos de la UE. Lo malo de todo esto, es que además de ser verdad, algunos no se paran en solo dichos actos o declaraciones; se cansan, se van de clase, hacen pellas y cambian o abandonan el colegio.

Igual ocurre en este tipo de organismos políticos en los que la solidaridad es una de sus patas fundamentales y donde uno llega a cansarse de ser solidario, si el que mayoritariamente solo recibe sus apoyos, no mejora y además, protesta o se opone a casi todo. Había que poner coto a esto y creo que, la ya anteriormente mencionada en algunos corrillos y hoy, ya acordada distinta velocidad por ser adoptada oficialmente el pasado día en Roma, es una buena solución, no solo para el tema económico y político sino, incluso mucho más necesario, en lo referente a los temas de seguridad y defensa [2].

Hace unos pocos días publiqué un trabajo sobre este tema [3] en el que hacía referencia a determinadas medidas que se podrían adoptar para intentar paliar los potenciales problemas a ser planteados, en nada, en el seno de la Unión y, al mismo tiempo, cumplir con las exigencias ya presentadas en y por la OTAN. Mi intención al describir dichas ideas iniciales o potenciales Líneas de Acción, no era más que dar alguna idea para evitar que ambas organizaciones se fueran al traste y que, como consecuencia de ello, la UE quedara totalmente desprotegida frente a las constantes amenazas provenientes del terrorismo, las masivas y descontroladas migraciones, los conflictos cercanos al otro lado del Mediterráneo y la propia Rusia.

Cuando he leído con detenimiento la completa declaración de la Cumbre de Roma, firmada y ratificada por los máximos dirigentes de los 27 miembros restantes –sin contar ya con el Reino Unido- y, sobre todo, su punto cuatro, he llegado a entender que todo aquello a lo que hice referencia en mi anterior artículo podría tener cierta cabida, siempre, que se desarrolle con inteligencia, mucho tiento y verdadera voluntad colectiva.

Dada su importancia y para evitar volver atrás sobre la nota al pie, adjunto una copia literal de su traducción al español: “4.- Una Europa más fuerte en la escena mundial: una Unión que siga desarrollando las asociaciones existentes, creando otras nuevas y promoviendo la estabilidad y la prosperidad en su vecindad inmediata al este y al sur, y también en Oriente Próximo, en África y en el mundo; una Unión dispuesta a asumir más responsabilidades y a ayudar a la creación de una industria de defensa más competitiva e integrada; una Unión comprometida con el refuerzo de su seguridad y defensa comunes, también en cooperación y complementariedad con la Organización del Tratado del Atlántico Norte, teniendo en cuenta las circunstancias nacionales y los compromisos jurídicos; una Unión activa en las Naciones Unidas y que defienda un sistema multilateral basado en normas, orgullosa de sus valores y protectora de sus gentes, que promueva el comercio libre y justo y una política climática mundial positiva. Para ello perseguiremos estos objetivos en la firme creencia de que el futuro de Europa está en nuestras manos y de que la Unión Europea es el mejor instrumento para lograr nuestras metas. Prometemos escuchar y responder a las preocupaciones expresadas por nuestros ciudadanos y cooperaremos con nuestros Parlamentos nacionales. Trabajaremos juntos al nivel que suponga un avance real, tanto si es en la Unión Europea como a escala nacional, regional o local, y en un espíritu de confianza y cooperación leal, tanto entre los Estados miembros como entre estos y las instituciones de la UE, en consonancia con el principio de subsidiariedad. Dejaremos el margen de maniobra necesario a los distintos niveles para reforzar el potencial de innovación y crecimiento de Europa. Queremos una Unión grande para las grandes cuestiones y pequeña para las pequeñas. Promoveremos un proceso decisorio democrático, eficaz y transparente y una mejor ejecución.”

Tradicionalmente, las declaraciones y acuerdos conjuntos tras las Cumbre europeas, suelen contener importantes mensajes y ciertos avances en diversas direcciones políticas, sociales y económicas. Pero, creo sinceramente que esta declaración y fundamentalmente dicho punto cuatro, son un importante avance en la dirección correcta para poder avanzar en los delicados temas de su seguridad y defensa. Ojalá, no me equivoque.

Sé que, normalmente, del dicho al hecho hay un enorme trecho, pero algo es algo, cuando, hasta los más remisos a ello, viendo las orejas al lobo, han sido capaces de estampar su firma en un documento que era más que necesario para la marcha y el futuro de la Unión, aunque, para algunos de ellos, suponía bajar de categoría y peso específico.

Sé que, con la simple declaración no basta; habrá que desarrollarla y empezar a aplicarla. Espero que dicho estudio y evolución se hagan bien y no a mucho tardar. Las bases para tomar ciertas decisiones de calado que necesitaba la UE ya se han adoptado y firmado. Ahora, solo falta tiento, sagacidad, ilusión, empeño y no encogerse el ombligo o temblar el pulso ante decisiones costosas y difíciles de aplicar. Fundamentalmente, en aquellas que afectan a la hora de definir las necesidades y obligaciones comunes en materia de defensa y en unificar, simplificar y hacer verdaderamente efectiva y menos costosa la industria del ramo. Elementos estos, que, no por casualidad, se citan expresamente en la propia declaración.

También es cierto que, algunos importantes impulsores de este acuerdo tienen sus respectivas dudas en poder llevarlo a cabo al saberse pendientes de grandes espadas de Damocles sobre sus cabezas políticas, ya que se enfrentan a prontos procesos electorales de no muy cierto resultado y que otros, como el Presidente Rajoy, mantienen sus gobiernos ligados a determinados y, en muchos casos, irresponsables partidos políticos con demasiada cortez de miras o envueltos en procesos internos de mucha trascendencia lo que, sin duda, les atenaza a la hora de apoyar los pasos necesarios, por aquello del que dirán.

Las grandes decisiones, en las que sin duda habrá muchas y no buenas consecuencias para todos los gustos, necesitan sustentarse en gobiernos fuertes, respaldados y dinámicos, que no necesiten perder el tiempo en calmar los ánimos internos, en templar gaitas o en aplazar sus decisiones y apoyos por temor a una marimorena en sus respectivos parlamentos. Para ello, la grandeza de las respectivas oposiciones y la comprensión de la ciudadanía, siendo siempre muy importantes, serán fundamentales. Aunque, también es cierto, que para conseguir esto, hace falta mucha labor explicativa por los respectivos gobiernos y no dejar las cosas al albur de extrañas, diversas o malintencionadas interpretaciones.

Me alegra que nuestros dirigentes y los principales responsables en la UE se hayan quitado sus dudas, los velos de la cara y hayan comprendido que deben actuar con contundencia porque hay mucho en juego y, además, en un futuro muy inmediato.

Es por todo ello, que me ha sorprendido la poca y tibia acogida que el documento ha tenido en nuestros medios y sociedad. No sé si será porque estamos acostumbrados a demasiadas declaraciones y acuerdos sobre papel mojado y pensamos que esta es una más, porque no hemos entendido el verdadero calado de su mensaje o porque no nos importa, de verdad, lo que suceda con España, Europa y la Unión Europea [4].

Pensé que ayer, al ser domingo, las grandes y escasas plumas que diseccionan y abalizan con profusión los temas internacionales, pudieran haber decido darle un par de vueltas al tema o, simplemente, estar disfrutando de otros placeres o un merecido descanso. Decidí esperar a hoy lunes y darle un vistazo a las principales tertulias políticas y a las portadas de los periódicos de mayor tirada nacional. Pero, nada; no he encontrado nada, ni una sola referencia al tema, solo cosas sobre Trump y sus primeros fracasos, los problemas en China, la expresidenta de Corea del Sur, la caída de las Bolsas porque ven difícil las prometidas grandes inversiones en EEUU y poco más.

Puede que sea por mi deformación profesional tras muchos años trabajando y pensando en temas de seguridad y defensa o porque, ya entrado en edad madura, cualquier señal positiva, por mínima que sea, me ilusiona y me aferro a ella como a un clavo ardiendo. Siento mucho que la alegría que me llevé el mismo sábado tras leer varias veces la declaración conjunta de Roma, se haya diluido como un azucarillo en un café con leche.

Aunque, siendo sincero, aún me queda la esperanza, de que como suele ocurrir en la UE, una vez conseguida la necesaria Luz Verde para cualquier tema, la máquina se ponga a trabajar y legislar y, al poco tiempo, nos llegan nuevas leyes y ordenanzas de obligado cumplimiento por estar basadas en aquellas decisiones a las que no dimos importancia, no aplicamos en su momento y de las que ya, ni siquiera nos acordamos. Será entonces, cuando, como viene siendo habitual, nos pongamos las pilas y a toda prisa debamos actuar. Una pena, sobre todo, para aquellos que declaran y desean estar y seguir montados en la locomotora y no en el vagón de cola.


[1] https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-pide-a-union-europea-defender…

[2]Parte del preámbulo del texto oficial “Vamos a hacer a la Unión Europea más fuerte y resiliente, mediante una unidad y una solidaridad aún mayores entre nosotros y el respeto de las normas comunes. La unidad es una necesidad y nuestra libre elección. A nuestros países, tomados uno a uno, la dinámica mundial los condenaría a la marginación; permanecer unidos es nuestra mejor posibilidad de influir en ella y de defender nuestros intereses y valores comunes. Actuaremos juntos, a distintos ritmos y con distinta intensidad cuando sea necesario, mientras avanzamos en la misma dirección, como hemos hecho en el pasado, de conformidad con los Tratados y manteniendo la puerta abierta a quienes quieran unirse más adelante. Nuestra Unión es indivisa e indivisible”

http://es.euronews.com/2017/03/25/texto-completo-lea-la-declaracion-de-roma

[3] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/reflexiones-sobre-l…

[4] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/nos-la-bufa


Artículo de Javier F. Blasco, publicado en Atalayar.com

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