El abismo francés

Actualmente me encuentro viviendo en Toulouse por mediación del programa de movilidad Erasmus. Esta oportunidad me ha permitido conocer otra cultura, otra economía, otra percepción de la política y en definitiva, una serie de concepciones sociales muy diferentes a las que hoy existen en España.

Francia se encuentra ahora mismo en plena carrera electoral en busca de la conquista del Elíseo para los próximos 5 años. Las calles empiezan a armarse en una campaña bastante enzarzada por un nerviosismo fruto del descontento de ciertos grupos sociales y de una fragmentación del voto que puede llevar a unos resultados radicales, colocando al Parti Socialiste en 4ª o 5ª posición, por detrás de la candidatura de Marine Le Pen, Emmanuel Macron, François Fillon y Jean-Luc Mélenchon

De izquierda a derecha: François Fillon (Les Républicains), Benoît Hamon (Parti Socialiste), Marine Le Pen (Front National), Emmanuel Macron (En Marche),   Jean-Luc Mélenchon (La France Insoumise).

De izquierda a derecha: François Fillon (Les Républicains), Benoît Hamon (Parti Socialiste), Marine Le Pen (Front National), Emmanuel Macron (En Marche), Jean-Luc Mélenchon (La France insoumise)

Hoy hay pocas dudas de que hay una crítica mayoritaria al actual gobierno de François Hollande, tanto en la calle como en el seno de su partido. Prueba de ello es que Manuel Valls, quien fue su Primer Ministro perdió las primarias contra Benoît Hamon y que al mismo tiempo Emmanuel Macron ha fundado su propio movimiento político, En Marche. Prácticamente, una unanimidad de encuestas da por perdida la hegemonía del Parti Socialiste y no hay ninguna oportunidad de que Hamon pueda batirse en la segunda vuelta, a pesar del giro a la izquierda que ha dado, tras ser muy crítico con la gestión de Hollande y Valls, la cual le llevó a dimitir de su cargo de Ministro de Educación.

Respecto a Les Républicains, tras la victoria de François Fillon sobre Alain Juppé y Nicolás Sarkozy todo indicaba que uno de los partidos que llegaría a la segunda vuelta sería el suyo. Sin embargo, su mala prensa respecto a todo lo que tiene que ver con su mujer y sus hijos y cómo presuntamente se usó dinero público para beneficiarles hace que el centro-derecha francés se esté replanteando su voto. El partido ha decidido que él siga siendo el candidato y en breve se verá si esta decisión ha sido acertada o no.

En cuanto a Emmanuel Macron, fue Ministro de Economía, Finanzas e Industria hasta septiembre de 2016. De hecho, recuerdo como a mi llegada a Toulouse se hablaba en los periódicos y en las televisiones de lo que suponía esta dimisión para el Parti Socialiste: iba a ser un gran golpe que les iba a hacer tarde o temprano perder muchos votos que hoy se sitúan en el tejado de Macron. Su formación política, En Marche, supone una renovación en la política de Francia, pero tiene un peligro al que ya se han enfrentado Podemos y Ciudadanos en España: ser un triunfo momentáneo y decepcionar en los próximos meses. Una vez que adelantó en las encuestas a Benoît Hamon se situaba como tercero y, sin embargo, esto hacía que la segunda vuelta fuera un duelo entre Fillon y Le Pen. Durante estos días, tras los casos de corrupción relacionados con Fillon algunas encuestas dan como favorito a Macron para batirse en la segunda vuelta con Le Pen.

Por otro lado, Jean-Luc Mélenchon lidera el movimiento La France insoumise y plantea un movimiento de raíz hacia la izquierda que no debe dejar a Francia indiferente. En el año 2008 decidió dejar el Parti Socialiste tras haber liderado un ala más a la izquierda dentro del partido y fundó en ese momento el Parti de Gauche. En el caso de los comicios europeos sacó tanto en 2009 como 2014 escaño bajo la candidatura Front de Gauche que consistía en una coalición entre los integrantes del Parti de Gauche y comunistas del Parti Communiste Français. Por tanto, representa un modo bastante poco ortodoxo de hacer política en Francia pero que al mismo tiempo ha sido efectivo y es muy posible que este efecto no sea una cosa menor en las elecciones que tendrán lugar las próximas semanas, puesto que ya hay encuestas que le sitúan en tercer y cuarto lugar por delante de Benoît Hamon, al ser un candidato que puede hacer bastante daño al Parti Socialiste del que formó parte. En su caso, propone una economía basada en políticas de izquierdas, de integrar políticas ecologistas, de erradicar la desigualdad y de ser un Presidente social. Asimismo, dentro de su lenguaje asegura que este es el momento de un cambio institucional que ponga fin a la “monarquía presidencial” instaurada en Francia y que se base entre otras cosas, en propuestas como la del referéndum revocatorio que permita reunificar la política francesa con su pueblo.

Además de estos cuatro candidatos, hay una quinta opción que por ahora tiene la mayoría de encuestas a su favor: Marine Le Pen. A través de le Front National, se ha captado el descontento de una buena parte de la clase media-baja que ve en el discurso de esta formación nacionalista de extrema derecha una alternativa a las políticas de los republicanos y los socialistas, que de forma sistemática han llevado al país a una situación deplorable, según dicen, bajo el yugo de la Unión Europea. Marine Le Pen plantea dilemas muy serios en lo que respecta a su propio país, pero también en el contexto internacional. Después del Brexit, tiene la idea firme de que Francia, aun habiendo sido país fundador puede abandonar la Unión Europea y el Euro, con las consecuencias que tendría tanto desde el punto de vista institucional de Europa como desde la perspectiva económica que haría que el euro se tambaleara. Hace unos cuantos años empezó con titulares incendiarios como “Un Euro fuerte debilita a Francia” “Quiero destruir la Unión Europea pero no Europa”. Hoy, con todo tipo de titulares rupturistas se sitúa la primera en las encuestas y tiene una plaza casi asegurada en la segunda vuelta. Realmente, parecería extraño visto desde España que un discurso tan rupturista, xenófobo y populista tenga tanta cabida. Sin embargo, ahí están los resultados. Principalmente, este auge se debe a que esa clase media-baja que ha perdido durante la crisis parte de su nivel social y adquisitivo necesitaba un culpable. Marine Le Pen lo tenía: los inmigrantes y la Unión Europea. Durante estas últimas semanas la prensa ha sacado ciertos casos de presunta corrupción que afectarían a la cúpula de su partido, lo cual puede hacer que una parte de la sociedad también dé la espalda a Marine Le Pen. Sin embargo, si esas personas no acuden a votar estarán beneficiando indirectamente a Marine Le Pen.

Por tanto, los resultados de estas elecciones dependen fundamentalmente de la participación masiva de la sociedad. Toda abstención y resignación solo va a contribuir a una situación peor. Como decía Julio Cortázar “Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar…”

Ante todo, ahora mismo solo estamos ante encuestas, que dada su técnica y predicciones erróneas, no aportan ninguna evidencia clara de lo que va a ocurrir el 23 de abril y el 7 de mayo. Todo eso lo sabremos durante las dos noches electorales, una vez el pueblo francés haya decidido qué rumbo quiere tomar. En caso de que en la primera vuelta gane Marine Le Pen no sabemos si el candidato que se enfrente a ella en la segunda vuelta sabrá canalizar los votos de los demás candidatos que se queden por el camino o si por el contrario Marine Le Pen será más hábil y conseguirá convencer a más gente y alzarse con la victoria.

Queda menos de un mes, la seguridad se está reforzando puesto que cualquier acontecimiento inesperado como un atentado es clave en los resultados electorales. El pueblo francés tiene la pelota en su tejado para decidir si Francia debe seguir un camino europeísta o si por el contrario están dispuestos a poner en peligro la Unión Europea por un discurso incierto, rupturista y maniqueo. Ese es el abismo francés. Lo curioso es que los diferentes candidatos critican de una manera o de otra la Unión Europea por sus políticas y su escasa democracia en sus decisiones, pero ellos mismos difieren de la manera de hacerlo, al haber discursos críticos para hacer que la Unión Europea cambie su rumbo, pero desde dentro, o directamente hacer que ésta salte por los aires.

Lo más importante es que todos los sectores de la población, inclusive aquellos que gozan de un bienestar envidiable tomen parte puesto que en democracia cualquier hueco que se deja es susceptible de ser ocupado por aquellos discursos que predican y no dan trigo. No es lo mismo romper la Unión Europea que hacer una enmienda a la totalidad a sus políticas queriendo seguir dentro. En caso de no hacer nada, se beneficiará a la opción que mejor suene y que luego genere un peor resultado, puesto que como decía Stefan ZweigEl dolor lleva a buscar las causas de las cosas, mientras que el bienestar induce a la pasividad”.

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Jorge Méndez Mera

Estudiante de Derecho y Economía en la Universidad Carlos III de Madrid (Getafe). Participación en numerosos Torneos Escolares de Debate (TED). Ex-formador de debates en el Colegio Obispo Perelló. Miembro de la Sociedad de debates de la Universidad Carlos III y Juez de debates acreditado por Anexa. Interesado en análisis político, ideologías, partidos políticos, Historia, Economía, Sociología y Educación

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Un comentario sobre “El abismo francés

  • el 11 abril, 2017 a las 10:43 am
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    En las elecciones francesas hay dos candidatos, Le Pen y el resto que actúan como uno solo y es el candidato del sistema. Ya lo ha dicho el inefable Macron: “el nacionalismo es la guerra”.

    Es decir, el sistema hará TODO lo que esté en su mano para que no gane quien defiende al pueblo en contra de los intereses del sistema.

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