Duelo entre Macron y Le Pen: democracia y Europa frente a nacionalismo y xenofobia

Francia celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Esta vez las encuestas no se equivocaron. El joven centrista, social-liberal y europeísta Emmanuel Macron, candidato de la formación ¡En Marcha!, consiguió el mejor resultado en las urnas: 23,75% de los votos. Llegó en segunda posición, con 21,53% de los sufragios, la presidenciable del ultraderechista y xenófobo Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, hija del veterano fascista, simpatizante del petainismo y del nacionalsocialismo (nazismo), racista y antiguo militar torturador en la guerra de Argelia Jean-Marie Le Pen. Los candidatos de la derecha conservadora, François Fillon, la izquierda radical y anticapitalista del extrotskista y antiguo ministro socialista Jean-Luc Mélenchon, y el Partido Socialista, Benoit Hamon, se colocaron en tercera, cuarta y quinta posición, con los respectivos resultados electorales: 19,9%, 19% y 6,2%. Por primera vez desde que el general Charles de Gaulle fundó la Quinta República, en 1958, la derecha y la izquierda republicanas y tradicionales quedaron fuera de la batalla electoral que librarán los dos candidatos mejor situados, Macron y Le Pen, en la segunda vuelta de los comicios.

El voto de Fillon y Hamon

El candidato conservador Fillon y el presidenciable socialista Hamon dejaron claro que darán su voto a Macron, y pidieron a sus seguidores que hagan lo mismo. En cambio, el izquierdista Mélenchon, que es de origen español, fue ambiguo y se decantó a favor de un “voto responsable”. Salvo sorpresas de última hora, todo indica que el centrista y social-liberal Macron, que fue ministro de Economía del presidente socialista François Hollande, será el próximo presidente de la República francesa. Una victoria de la ultraderechista Le Pen, de 49 años, sería un desastre para Francia, que además de ser una de las principales potencias mundiales es la segunda economía de la Unión Europea (UE). Un jefe de Estado de extrema derecha en una república presidencialista como la francesa provocaría grandes y graves problemas en el país, no resolvería los que ya existen, y empeoraría la convivencia social y la unión nacional.  Le Pen presidenta sería también un desastre para el debilitado proyecto europeo. El dilema sociopolítico en la segunda ronda electoral del próximo 7 de mayo es claro: ¿Macron o Le Pen? ¿Democracia y Europa o nacionalismo y xenofobia?

La mejor alternativa

La mejor alternativa para Francia y la UE es que el favorito Macron, un político de 39 años que no es bien visto por la corriente más radical de la izquierda gala, sea el próximo presidente de la V República. No hay alternativa democrática a este joven dirigente que trabajó en el mundo de la finanza y puso en pie un proyecto político que, en algunos aspectos, se parece al que defiende el partido Ciudadanos en España. Francia dejó hace años de ser una gran potencia mundial. Es un país con muchos problemas económicos, sociales, políticos e institucionales. Es una nación que ha perdido riqueza y bienestar, tiene un paro masivo y muchos trabajadores pobres que no llegan a final de mes, aunque tengan un empleo; hay miseria e incluso hambre física, como también ocurre en España y en otros países desarrollados. La nación francesa atraviesa una relativa debilidad política en el marco de la UE y el mundo, y ha perdido influencia geoestratégica y peso militar, a pesar de ser una potencia nuclear. La integración de una parte importante de la inmigración magrebí y africana deja que desear, la xenofobia y el racismo corroen las entrañas de la sociedad y las ideas y valores ultranacionalistas y de extrema derecha se han extendido como un reguero de pólvora en todo el país. El terrorismo yihadista golpea con dureza el Hexágono desde hace varios años y la expotencia colonial no ha conseguido reconciliarse con algunas de sus antiguas posesiones, como Argelia.

La Francia actual no es ni mucho menos la del general De Gaulle. Ahora bien, a pesar del imparable proceso de decadencia que vive Francia, sigue siendo un país importante en muchos aspectos. Francia es un gran país que tiene un sólido Estado del bienestar y una cultura y una lengua que siguen encandilando a millones de personas en el planeta Tierra. La política es una pasión francesa. Y es por este motivo que casi 80% de los electores (78,69%), 47 millones de ciudadanos con derecho a voto, acudieron a las urnas en la primera vuelta de las presidenciales. La cosa pública movilizó otra vez a una mayoría social en el país de Racine, Voltaire, Diderot, Sartre, Camus y Aron. Todo un ejemplo de civismo democrático para muchos países del Viejo Continente, sobre todo los de Europa Central y Oriental que vivieron durante más de cuatro décadas en el infierno comunista.

Valores republicanos

Tres días después de un atentado yihadista en los Campos Elíseos de París, que acabó con la vida de un policía, ocho ciudadanos franceses de cada diez fueron a votar. El odioso FN consiguió más de seis millones de votos, pero no arrasó. Los valores republicanos, es decir democráticos, siguen teniendo un gran arraigo en la sociedad francesa, que tiene la suerte de tener una masa crítica importante en la población. Los intelectuales y pensadores franceses son escuchados y respetados por amplios segmentos de la sociedad, aunque menos que hace dos o tres décadas. Ojalá ocurriera algo parecido en España, donde el culto a la incultura y el ensalzamiento de la cutrería y el griterío gracias a medios de comunicación sectarios, mezquinos y analfabetos son moneda corriente. A pesar de que desde enero de 2015 han muerto 239 ciudadanos por culpa del terrorismo yihadista, la mayoría de la población francesa votó el 23 de abril. Y solo una minoría importante lo hizo por los partidarios del odio, la xenofobia, el racismo y la exclusión. Conviene no olvidarlo.

Con una derecha corroída por la corrupción y sectores de dirigentes, militantes y votantes que simpatizan con la extrema derecha, una izquierda socialista debilitada y dividida, una izquierda radical que propone soluciones inviables desde el punto de vista económico y social y un Frente Nacional canallesco y fundamentalista, el social-liberal y europeísta Emmanuel Macron, guste más o guste menos a muchos electores, aparece como el candidato a la presidencia de la República más razonable.

El autor de este artículo no ve una alternativa real al exministro del socialista François Hollande.  Nicolas Sarkozy, Alain Juppé y Manuel Valls parecen políticos de otra época que tuvieron sus cinco minutos de gloria y decepcionaron a millones de franceses. La derecha tradicional y la izquierda socialista han sido incapaces de resolver los problemas de Francia; la extrema izquierda es un mundo muy ideologizado y bastante sectario y poco realista desde el punto de vista político y económico, y todavía no se ha dado cuenta de que el Muro de Berlín cayó en 1989 y el comunismo, sus diversas variantes, fue un drama y una humillación para la Europa y el mundo del siglo XX. Creo que Macron ganó su apuesta electoral. Ahora, los franceses tendrán que darle una oportunidad. Macron no es un ovni; tampoco es un corrupto. Es joven, inteligente, moderado y pragmático, y está sobradamente preparado para dirigir la segunda potencia de la UE y una pieza clave del proyecto europeo. La alternativa de Le Pen tendría que provocar escalofríos a cualquier demócrata consecuente de izquierda, de centro y de derecha.

Optimismo y pesimismo

No veo otra solución viable que no sea la de Macron. En este sentido, coincido con un titular del diario ‘El Mundo’: “Macron, camino del Elíseo frente a la ultraderechista Le Pen”. En este rotativo escribe el articulista Iñaki Gil: “¿Puede un optimista gobernar el país más pesimista del mundo? Es esa la cuestión. Por encima de sondeos y de sumas lógicas de los votos recibidos en la primera vuelta. Emmanuel Macron atrae a los optimistas, y Marine Le Pen a los pesimistas. En un país pesimista, eso da miedo, concluía Simon Kuper en ‘Financial Times’. Y Francia no es que sea un país pesimista. Es el más pesimista de la Tierra”. Según un estudio de ‘The Economist’, añade Gil, “el 81% de los franceses creen que el mundo va a peor frente a un 3% que piensa lo contrario. Cuando yo vivía en Francia, en los años 90, ya me llamó la atención ese pesimismo… La idea del declive de Francia ha hecho tanto camino que ha dado paso a una teoría, el declinismo. ‘De déclin’, decadencia. Esto se traduce políticamente en dos fenómenos complementarios. La búsqueda de culpables y la nostalgia.

Entre los primeros, la globalización, los inmigrantes, las élites corruptas, Bruselas, el capitalismo etc. Una música que suena al temario de campaña de Le Pen… Y al de Jean-Luc Mélenchon con la excepción del señalamiento del extranjero. La campaña del candidato de la Francia Insumisa ha legitimado muchos de los argumentos de la líder del Frente Nacional, singularmente su euroescepticismo. Así que cuidado con sumar todos sus votos a los de Macron… Macron representa a los triunfadores urbanos según la clasificación tribal del citado Kuper… Fugaz militante socialista, fugaz asesor del presidente François Hollande, fugaz ministro. Con breve (y exitoso) paso previo por el mundo de los negocios. Con una historia de amor atípica. Con un ego y una confianza en sí mismo que le llevó a bautizar su movimiento político con dos palabras, ¡En Marcha!, que coinciden con sus iniciales”.

Valoración mediática

El diario catalán ‘La Vanguardia’ consideró, y con razón, que “Francia se debate entre el nacionalismo de Le Pen y el europeísmo de Macron”, y ‘El País afirmó que “El éxito del centrista [Macron] es una gran noticia para Francia”. La prensa francesa de centroizquierda, como ‘Le Monde’ y ‘Libération’, y de centroderecha, por ejemplo, ‘Le Figaro’, valoró positivamente los resultados electorales del 23 de abril. Pero ‘Le Monde’ añadió una nota pesimista a su información al publicar un artículo de opinión del escritor Marc Dugain, que habla de un país “al borde de la desintegración”. Me parece una exageración que se haga tal afirmación de uno de los países más ricos, avanzados y sólidos del mundo. Lógicamente, la gran prensa y otros medios internacionales, de Nueva York a Singapur, se hicieron eco de la primera vuelta de la carrera al Elíseo, y algunos soportes mediáticos calificaron de “escrutinio histórico” la victoria de Macron. ‘The New York Times’ analizó positivamente el logro del candidato centrista en la primera ronda electoral frente a la “exaltada de la extrema derecha” que es Marine Le Pen. Para ‘The Times’, el escrutinio de Macron es “una buena noticia para los centristas proeuropeos” y “una mala noticia para Moscú”.

El periódico canadiense ‘La Presse’ señaló que “la primera victoria” de Macron es “una recompensa” para el candidato social-liberal frente a la extremista de derecha Le Pen. En Chile, ‘La Tercera’ valoró en términos elogiosos a Macron, al que calificó de “outsider de la política francesa”. ‘Clarín’, en Argentina, también apostó por Macron. En el Reino Unido, la BBC destacó que Macron supo “captar” la nueva realidad francesa, sobre todo entre “los jóvenes, los que perdieron sus ilusiones pero siguen siendo optimistas y anticínicos”. En Alemania, el tabloide ‘Das Bild’ tituló: “Europa respira de nuevo”, y ‘Die Frankfurter Allgemeine Zeitung’ recalcó la radicalización de la política francesa, y calificó a Francia de país “roto” por dentro. Así las cosas, crucemos los dedos para que el 7 de mayo Francia dé una buena noticia a Europa y al mundo entero. 


Artículo de Paco Soto para Atalayar.com

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2 comentarios sobre “Duelo entre Macron y Le Pen: democracia y Europa frente a nacionalismo y xenofobia

  • el 3 Mayo, 2017 a las 5:49 pm
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    El título del artículo describe a la perfección el nuevo eje en el que se van a disputar muchas contiendas políticas. Ganará Macron, pero la sombra de Le Pen estará ahí al acecho durante los próximos 5 años, siendo quizás, la única oposición.

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  • el 4 Mayo, 2017 a las 9:11 am
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    Ya es la segunda vez que Macron manifiesta que la victoria del Frente Nacional significa la guerra civil. ¡Pero como se puede ser tan ruin! ¡Será porque la declarará él y los poderes fácticos! ¡Menuda cara dura!

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