La generación 15M

Hace ahora ya seis años desde el estallido del movimiento ciudadano 15M, hoy nadie duda que fue un hito en nuestra democracia y que pasará a los libros de Historia española como un antes y un después en la concepción de la política. Entre sus logros está una transformación cultural de la sociedad, así como sentar precedente en nuevas formas de relación social y abrir todo un ciclo de protestas con nuevos actores protagonistas (véase la PAH, diferentes mareas, colectivos juveniles…).

Aquel desborde de 2011 provocó un giro y articulación del discurso general, si en este momento se consideran como elementos fundamentales la transparencia, la reforma de la ley de partidos, del sistema electoral, los desahucios o un aumento de la democracia participativa son consecuencia directa del 15M. Algo que no hubiera sido posible sin el gran pacto intergeneracional y transversal (encuesta Metrocopia mayo-junio de 2011 para El País: el 80% de los españoles apoya las causas de los indignados) que hizo suyas estas consignas.

Millennials y las condiciones necesarias para la subversión

Aunque la mayor huella de la revolución pacífica la encontramos en la denominada generación Millennial, jóvenes nacidos entre 1980 y 1995 que hoy tienen de 22 a 37 años. El 15M se enmarca en un momento clave en la socialización de toda esta generación puesto que llegan a la edad adulta y la madurez al mismo tiempo que eclosiona una gran crisis económica e institucional que aún se alarga hasta nuestros días, y eso necesariamente los marcará para siempre.

Ellos fueron los protagonistas porque su entorno social era el más desfavorable; no estaban entrando al mercado de trabajo al mismo ritmo que sus quintas anteriores, eran los que más sufrían empleos precarios y la pobreza entre los jóvenes no paraba de crecer. Ahora bien, solamente esto no es suficiente para encender la mecha y organizarse para clamar un cambio radical del sistema (“Más del 85% de los millennials considera que España necesita reformas profundas y que la sociedad debe cambiar de forma radical”, encuesta de INJUVE). Son situaciones individuales que por sí mismas no son capaces de cohesionar a un grupo tan heterogéneo, tienen que existir otros factores más determinantes como, a mi entender, son: el hecho de haber nacido en una democracia ya instalada y que, en consecuencia, no existan tabúes a la hora de hablar sobre política, una generación que rompe con la deuda de la Cultura de la Transición y la Constitución de 1978 porque no participaron directamente de ellas, la tradición española de desafección y anti-partidismo, ser un movimiento carente de consignas políticas y electoralistas y el abaratamiento de las formas de participación.

Incremento cualitativo de la participación política

Con respecto a la participación política de los millennials, y en general de toda la sociedad, la creencia popular es que tiende a la baja y que la acompaña un enorme desinterés por todo lo que tenga que ver con lo político. No deja de ser una deducción lógica debido al aumento de la abstención en las sucesivas elecciones celebradas durante la crisis, si en las generales de 2008 votó un 74% del censo, en las de 2011 esa cifra cayó hasta el 69%, y entre los jóvenes los datos son más alarmantes, según los respectivos sondeos postelectorales del CIS en las elecciones de 2008 votó el 60% de los menores de 35 años, mientras que en las de 2011 tan solo el 52%. Sin embargo, es una forma muy limitada de entender la participación política, como si esta fuera simplemente la manifestación electoral de un pueblo cada ciertos años, democracia no es votar cada cuatro años. En mi opinión, se puede dividir la evolución de la participación durante la crisis en dos fases:

  • Una primera etapa pre-15M (2008-2011) en donde se empieza a expandir un clima de desilusión y apatía hacia lo político. La participación política cae.
  • Una segunda etapa post-15M (2011-2015) en donde la desilusión se transforma en indignación colectiva y activa que, a su vez, opera como único eje de unión y prerrequisito ideario del movimiento. La participación aumenta.

Durante la primera etapa se ha visto acelerada la tendencia a erosionarse de las figuras convencionales de movilización (partidos tradicionales, sindicatos) y con ello necesariamente ha bajado la participación cuantitativa (citas electorales) y cualitativa (tejido social), sin embargo, en el desarrollo de la segunda etapa la participación experimenta un aumento con la reconversión de los hábitos de los jóvenes. La juventud inventa vías alternativas de relacionarse con la esfera pública, impulsadas gracias a internet, más autónomas y descentralizadas y menos controladas desde las élites. El fenómeno, al mismo tiempo, va acompañado de una creciente politización de nuevas capas de la sociedad inducida por el 15M. De esta forma, aunque el rechazo hacia los partidos tradicionales se recrudece y la participación cuantitativa (electoral) desciende, el interés de la gente por la gestión de las instituciones sigue una relación inversa (visible en el gran apoyo popular y enfoque mediático hacia el ciclo de protestas iniciado por el 15M).

Impacto político

En muchas ocasiones oímos decir que el 15M y uno de sus lemas principales (No les votes) no tuvieron ningún efecto real, puesto que en las elecciones municipales del 22 de mayo de 2011 la participación no se vio alterada y en las elecciones generales de ese mismo año el bipartidismo tampoco pareció afectado. Lo cierto es que quien piensa esto confunde la velocidad de las redes y la inmediatez de la información en Internet con los tiempos de los cambios sociopolíticos, no se pueden esperar grandes resultados a corto plazo cuando todas las transformaciones sociales en la Historia han sido procesos relativamente duraderos en el tiempo.

Aun así sí podemos vislumbrar un efecto cortoplacista de los indignados; agravaron e hicieron inevitable la derrota de una de las patas del bipartidismo, la de los socialistas, y apuntalaron la mayoría absoluta del Partido Popular. En cambio, al segundo pilar, conformado por el PP, aún le quedaban unos años para seguir desgastándose. En el gráfico de abajo podemos ver cómo durante la etapa post-15M, definida antes, comenzó el desgaste progresivo del bipartidismo, en el que en 2011 parte con una estimación de voto de casi 80% para concluir en 2015 con un resultado electoral en las generales de 51% de voto.

Ésta acusada bajada se observa también entre los jóvenes. La evolución del bipartidismo entre ellos se diferencia principalmente de la de la sociedad por un ligero descenso desde el principio de la crisis, de 56% en 2007 a 48% en 2010 de estimación de voto, que no se aprecia en la estimación global del CIS. El voto de los jóvenes al bipartidismo se podría dividir en tres fases, una primera inmediatamente anterior a la crisis económica donde gozaba de bastante estabilidad (53-56%), una segunda etapa que coincide exactamente con lo que he llamado “etapa pre-15M” en la que el bipartidismo sufre una suave caída y, por último, un gran descalabro en donde la juventud le da definitivamente la espalda a los dos partidos que han gobernado España desde el principio de la democracia. La primera vez en que toda la generación millennial tiene derecho a voto es el año 2014 y PP-PSOE cosechan tan solo dos de cada diez votos entre este estrato, es por ello que tras poner fin a la etapa post-15M (2011-2015) son los principales artífices de ponerle fin al bipartidismo.

En conclusión, el 15M se ha traducido en la transformación política de toda una generación que, además, todavía no ha terminado de expresar su máximo potencial. También sobre los millennials ha conseguido una reconversión de los hábitos convencionales de participación, gracias indudablemente a ser la generación  más informada de todos los tiempos y que, por tanto, cuentan con más habilidades cognitivas. Y por supuesto han sido los causantes de la caída del bipartidismo y los que obligan a avanzar hacia una democracia más participativa. Quieren participar, pero para realmente decidir, y no solo porque quieren, pueden y deben, sino porque saben.

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Unai Gutiérrez

Unai Gutiérrez (Barakaldo, 1998). Está interesado en análisis electoral. Tiene experiencia en el sector de la enseñanza y en análisis sociopolítico para partidos políticos.

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