Franco no ha muerto

España logró algo en silencio y esperando. Franco murió en la cama y como país logramos que a partir de su muerte se construyera un país en Democracia, que, aunque hoy parezca madura, no lo es para nada, puesto que tiene menos de 50 años y sus valores no están en el ADN ni en el pensamiento de muchos ciudadanos que comparando lo que fue la Dictadura y lo que es la Democracia se quedan con la Dictadura.

Hay personas que todavía claman con recelo la indignación de haber sufrido la Dictadura y haber tenido que ver para su vergüenza al Dictador muriendo en la cama. Para todos los que nacimos en Democracia puede costarnos entenderlo, pero hemos de respetar que esa gente se sienta derrotada 40 años después de su muerte por haber visto que al final, después de la Guerra Civil lo único que pudo vencer a Franco fue la vida, convirtiéndose en muerte. Otros como Cristina Almeida han llegado a confesar que su sentimiento era todo lo contrario, al ver que ese flamante Dictador se estaba muriendo “en la mierda”.

El momento de Carlos Arias Navarro que hoy genera tantas risas, memes y cachondeo en general fue algo épico. Ese momento en que dijo “Franco ha muerto” fue el significado de que se acababa la Dictadura y llegaba el momento de la Democracia en un país en el que quizás la mayoría de la sociedad seguía prefiriendo estar en una Dictadura y lloraba a Franco. Por eso, cuando se dice que en un país normal la familia de Franco se tendría que haber exiliado se entiende que precisamente una gran parte del país no pensaba tal cosa y eso dificultaba el paso a una Democracia de forma directa sin tener que pasar por aquello que se llamó “La Transición” y que se acaba el día que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) gana las Elecciones Generales en 1982, con Felipe González a la cabeza.

Es 1982 cuando se pone punto y aparte a esos años de tensiones, dureza, miedo e incertidumbre por el puerto al que iba a llegar la Democracia, tensiones entre partidos, la dimisión del Presidente Adolfo Suárez y hasta un golpe de Estado fallido del teniente coronel Antonio Tejero. Además, el papel de ETA no fue menor en estos años. Entre 1975 y 1982 la banda terrorista asesinó a 345 personas. Los años más dolorosos fueron 1980 con 93 víctimas y 1979 con 84.

Después de todo esto, se pasó a un mejor país, a integrar España en Europa, a apostar por la cohesión social y territorial, a la universalización de la sanidad pública, y en definitiva a la puesta en marcha del Estado del Bienestar de España que llegaba con muchos años de retraso y que nos exigió grandes esfuerzos para ponernos a la altura de otros países. Sin embargo, en medio de todo este furor económico y social se olvidó algo preminente en nuestro país: el Dictador Francisco Franco seguía en su particular mausoleo que ordenó construir después de la victoria de su bando. Ya éramos una Democracia moderna y se podría haber procedido a este debate, aunque España en su conjunto prefirió dejarlo estar y continuar su camino.

Paradójicamente, esto no ha caído en el olvido y hoy la Generación a la que pertenezco y que no vivió la Dictadura tiene más ansia para sacar los restos de Franco que el ansia de la generación de nuestros padres y abuelos. Generalmente, el argumento utilizado por padres y abuelos es que hay que dejarlo estar o bien porque Franco forma parte de nuestra Historia o porque es bueno que esté allí para que nunca olvidemos quién fue y que precisamente estando en un lugar así nunca se podrá olvidar que fue un Dictador porque está en un mausoleo propio de Dictadores. Sin embargo, otras personas consideran todo lo contrario y afirman que es una estafa democrática que el cadáver de Francisco Franco esté allí. Todas las posiciones son ambiguas y tienen dos caras porque forma parte de la subjetividad de cada uno y va a ser imposible solucionar este tema de una manera en que todo el mundo se quede satisfecho. Otros directamente hablan de sacar los restos y destruir ese lugar, lo cual, en mi opinión sería un error puesto que si se reduce a las cenizas sí que se estaría contribuyendo a que olvidemos todo lo que ocurrió y que cuando vayamos a la montaña con nuestros hijos y pasemos por allí ni nos acordemos de decirles que en ese lugar había un mausoleo de un Dictador. Es posible que olvidáramos que existió tal Dictador y que esa nueva Generación no sepa ni que lo hubo.

Por otro lado, este debate debe hacerse de una manera serena, tranquila y tratando de honrar sobre todo a todos aquellos presos republicanos que al perder la Guerra Civil española construyeron aquel “monumento”, en el que muchos de ellos yacen tras haber fallecido durante el período de construcción. Esa es la gente que verdaderamente tiene que preocupar y a la que tampoco hay que olvidar, puesto que derrumbar hasta las cenizas ese lugar implicaría que mucha gente en el futuro no tuviera posibilidad de saber que también hubo víctimas que después de perder la Guerra tuvieron que construir aquel lugar en el que se enterró al Dictador.

Por tanto, lo que debería hacerse es una reconstrucción de ese lugar y convertirlo en un elemento laico, alejado de la religión y que sea un monumento político dedicado a la condena de la Dictadura y que explique de manera minuciosa, telemática, informática qué ocurrió y qué es ese sitio con reportajes, documentales, entrevistas a historiadores como Nicolás Sánchez-Albornoz que además de conocer la materia estuvo allí preso trabajando para la puesta a punto del templo del Dictador. En todo caso, la tumba podría seguir ahí, como colofón de la visita y que allí haya una placa diciendo quién fue para que no se olvidé y que ponga en letras mayúsculas “Dictador en España de 1936 a 1975”. Curiosamente, ese será el momento en que la Familia Franco decidirá llevárselo a su panteón familiar de El Pardo y desvincular los restos de su padre de un homenaje a las víctimas de él mismo. Si lo deciden, que así sea y procuren contratar a alguien que cuide la tumba en el mes de agosto mientras descansan en el pazo que Franco utilizaba en los veranos y del cual obtuvo la titularidad después de la Guerra Civil española. Hoy es un bien de interés cultural del que disfruta la familia y que se puede visitar de forma muy limitada por parte de los turistas.

Esos 500 millones de euros a los que asciende el patrimonio de la Familia Franco también deberían estudiarse y ver cómo consiguieron todo ese valor en el seno de una familia que a partir del año 1975 pasó a ser una familia de marqueses, siendo la hija, Carmen Franco Polo la marquesa de Franco. Sin duda, ese fue uno de los grandes errores de la Transición: no haber retirado después de la llegada de la Democracia aquel título de Grande de España que el Rey Juan Carlos I le concedió a la familia.

Dicho todo esto, la conclusión es clara: Franco no ha muerto. Mi abuelo solía decir que no pasaría un día en España sin que se hablara de Franco. El tiempo le da la razón y vemos como casi 42 años después de su muerte no hemos sido capaces de solucionar este tema y de mirar a un país que tiene un futuro y que lo deberá tener siempre lejos de esos años negros de nuestra Historia, que nunca deberían repetirse. Para que no vuelva a ocurrir habrá que mirar al futuro sin olvidar lo que ocurrió. Sin embargo, para no olvidar hay que aprender primero. Eso dependerá de la preocupación e interés de cada uno por saber lo que hay detrás de nuestra Historia.

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Jorge Méndez Mera

Estudiante de Derecho y Economía en la Universidad Carlos III de Madrid (Getafe). Participación en numerosos Torneos Escolares de Debate (TED). Ex-formador de debates en el Colegio Obispo Perelló. Miembro de la Sociedad de debates de la Universidad Carlos III y Juez de debates acreditado por Anexa. Interesado en análisis político, ideologías, partidos políticos, Historia, Economía, Sociología y Educación

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