El reto de la competitividad

Una economía que pretenda mantener tasas sostenidas de crecimiento en la producción y elevados niveles de empleo y, por tanto, bienestar, no se puede permitir el lujo de descuidar la salud de sus principales equilibrio macroeconómicos. Dentro de éstos destacan la inflación y el desequilibrio exterior, que están estrechamente interrelacionados ya que si la primera se dispara el segundo se deteriora, y si esto ocurre, la moneda de un modo u otro terminará perdiendo valor, lo que repercutirá a su vez en el precio de los productos sometidos a intercambio exterior. Dadas las graves consecuencias que a medio plazo tiene la persistencia de ambos desequilibrios, es necesario conceptualizarlos con rigor y saber manejar los datos para su correcta interpretación. Una vez realizado el diagnóstico de situación, el siguiente paso es el análisis de sus causas y consecuencias para poder aportar soluciones al problema. Ello requiere una visión global de los desequilibrios ya que en ellos inciden factores muy diversos: coyunturales y estructurales, internos y externos, cambiarios, monetarios y presupuestarios.

Una tasa de inflación positiva y moderada es positivo para el crecimiento y actividad económicas, sin embargo, su descontrol acarrea graves consecuencias para la sociedad que la sufre. Para medir la inflación se dispone de dos indicadores que consideran bien una cesta representativa de bienes de consumo o los precios del conjunto de productos de la economía, índice de precios de consumo y deflactor del PIB, respectivamente. Dentro del primero destacan, junto con el índice general, otros dos que se derivan de él como es la inflación subyacente (por así decirlo el núcleo duro de la inflación) y el índice armonizado, cuyo diferencial con otros países que utilicen la misma metodología es un indicador de competitividad. Pero, cuando se desencadena una espiral inflacionista, no suele deberse a un único factor, generalmente a ello contribuyen factores monetarios, la existencia de déficit público o de desajustes entre la oferta y demanda agregadas; sin olvidar factores de tipo institucional como los mecanismos de fijación salarial o el grado de liberalización y competencia de esa economía. Los efectos de este fenómeno son muy variados pero al final se traducen en un impacto negativo en el crecimiento económico, que termina empobreciendo a amplias capas de la población, lo que puede poner en riesgo la estabilidad social de ese país. Para evitarlo se suelen emplear políticas contractivas de carácter fiscal y monetario, si bien la solución definitiva al problema de la inflación hay que buscarla en medidas que favorezcan la productividad y competencia.

En cuanto al desequilibrio exterior, su relevancia ha ido creciendo en paralelo a la apertura exterior de los países, tanto en materia de flujos reales como financieros. Para su medición se suele acudir a la balanza de pagos, en concreto a la suma de los saldos por cuenta corriente y de capital, que se denomina capacidad o necesidad de financiación, según sea positivo o negativo, respectivamente. Este saldo se suele expresar en términos relativos (en porcentaje de PIB) y, cuando es negativo se habla de desequilibrio exterior el cual, suele venir marcado por el saldo de la cuenta corriente y, en particular, por el saldo comercial (o de mercancías). De este modo, cualquier factor que incida en un mejor comportamiento de las exportaciones y modere las importaciones será beneficioso para el equilibrio exterior, como por ejemplo el control de la inflación, o una moneda débil. Ambos componentes determinan la competitividad-precio del país y se resumen en un indicador denominado tipo de cambio real, aunque también hay factores estructurales de los que depende la misma. De todas formas, la mayor o menor gravedad del desequilibrio exterior vendrá marcada por la llegada de flujos financieros que impidan la entrada en quiebra del país.

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Carolina García Hervás

Carolina García Hervás (Linares, Jaén, 1985). Jurista y mediadora. Actualmente cursa el Grado de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad de Burgos. Cuenta con experiencia laboral en países como Francia, Bélgica, Reino Unido y Estonia y ha participado en diversos programas europeos como la Beca Robert Schuman del Parlamento Europeo y el Servicio de Voluntariado Europeo. Actualmente dirige su propia Asociación sobre Derechos Humanos y redacta proyectos de cooperación internacional y desarrollo para diversas ONG's. Espera poder compartir con vosotros artículos de interés desde Debate 21.

2 comentarios sobre “El reto de la competitividad

  • el 15 junio, 2017 a las 7:37 pm
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    El Estado de Bienestar debe preservarse por encima de todo. pero para ello de ser un Estado , una Administración sostenible . No un estado con una administración elefantiásica. Tenemos competencias con administraciones duplicadas y triplicadas. Europea, Estatal, Autonómica, Diputaciones, Municipales,etc. A esto nadie le quiere hincar el diente ya que sirven a los partidos como oficinas de colocación para su mamandurria. Una forma de pesebre de los suyos.

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  • el 21 junio, 2017 a las 1:51 pm
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    Efectivamente, ningún político toca el tema de la Administración Pública, que como tú dices adolece de eficiencia y ahoga al Estado. Los únicos ajustes son los que se han acometido sobre los ciudadanos, porque lo que es en la Administración, cada vez crece más el gasto en la Administración de las CCAA. ¡17 Parlamentos, con sus Presidentes, Honorables Presidentes, Asesores, Parlamentarios, como si de miniestados se tratara! Y claro, eso no hay Nación que lo resista.

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