EM! (Empereur Macron!)

Aún no se han cumplido dos meses desde la llegada de Emmanuel Macron a la presidencia de Francia, pero en este tiempo ha sido capaz de dejar muestras del nuevo rumbo de la política gala, y quién sabe si también de la europea. Además, el presidente más joven desde que Napoleón Bonaparte se convirtió en Primer Cónsul con 30 años en 1799 ha acentuado los aspectos más personalistas del sistema semipresidencialista francés.

Desde el mismo día de su elección, en el que recorrió a solas el Patio Napoleón del Louvre con la Oda a la Alegría de fondo hasta llegar al escenario de su discurso de coronación ante miles de personas que agitaban banderas francesas y europeas, el foco político ha estado puesto en su persona en exclusiva. Su Primer Ministro Édouard Philippe pasa más desapercibido que sus ya habitualmente inadvertidos antecesores.

Ha optado por un estilo de gobierno fuerte, directo, con decisiones rotundas en base a su idea de “regeneración de Francia”. No ha dudado ante las dimisiones de su socio, el centrista François Bayrou, y otros ministros poco después de llegar al cargo. La holgadísima mayoría obtenida en las últimas elecciones legislativas (308 diputados sobre un total de 577, a los que se pueden añadir por defecto los 42 del MoDem) espantó el remoto fantasma de la cohabitación y le dio una libertad de maniobra absoluta que quedará reflejada en sus inminentes decisiones políticas. Y todo con un partido autodenominado “movimiento” que hace un año apenas existía y que tiene un carácter tan vertical y personalista que sus iniciales coinciden con las del nuevo inquilino del Elíseo. Una jerarquía casi militar.

El personalismo es propio también de aquellos líderes que, como Bonaparte, presumían de representar a la nación, y que tenían ansias de superar las divisiones partidistas que a su juicio sólo miraban por sus propios intereses sin responder a las necesidades del conjunto. Un discurso grandilocuente, pero que en ciertas circunstancias puede resultar hueco, y de ese modo fue acogido el programa político con el que lanzó su candidatura, acusado de vago y demasiado genérico, sobre todo cuando le preguntaron si su programa era de izquierdas o de derechas y su respuesta fue calificarlo como “un programa que llevaba a Francia al siglo XXI”.

Lo mismo sucede con el afán de parecer diferente, culto, leído del que ha hecho gala Macron, incluso recitando textos de Molière ante un reportero algo patidifuso. Al igual que otros en el pasado, se ha construido una imagen que favorece la aparición un culto enfocado hacia él. Además, su insistencia en venderse, igual que hizo Napoleón más de dos siglos atrás, como alguien procedente de fuera de la clase política tradicional, hecho a sí mismo, que había conseguido todo lo que tenía sobre la base de su esfuerzo y de los riesgos tomados en su vida, buscaba incrementar la empatía e identificación del conjunto de la población.

Personalismo político y percepción pública propia son los dos elementos clave de este Macron imperial. Ambas tienen como meta la ostentación de un carisma personal que deriva en un claro mesianismo, en promesas de regeneración nacional, en “recuperar la propia confianza”, en palabras de Macron. La trayectoria política macrónica se ha construido sobre la base del modelo de legitimidad carismática enunciado por Max Weber, si bien adaptado a los patrones democráticos. A Macron se le atribuyen cualidades que no ha demostrado, pero que se le suponen de forma en ocasiones irracional.

El giro focalizado en su persona se ha percibido también en la agenda internacional del nuevo Presidente, lo que se ha plasmado en varios momentos de su apretada agenda fuera de Francia, con decisiones y actos vistosos y dotados de significado. No fue casual que escogiera el esplendor del Palacio de Versalles, y no el más discreto, pero oficial Elíseo, para recibir a Vladimir Putin, ante el que incluso denunció mentiras por parte de Russia Today y Sputnik durante la campaña electoral francesa. Sonados han sido sus apretones de manos con el presidente estadounidense, famoso por imponerse mediante esa herramienta de lenguaje no verbal en sus relaciones con otros mandatarios. En declaraciones al Journal du Dimanche la forma en que devolvió el apretón a Donald Trump “no fue inocente”, sino que constituía un gesto político de no amedrentamiento, “un momento de verdad” política pura y dura.

Una presencia constante que contrasta con el perfil bajo desarrollado por François Hollande, así lo demostró en un vídeo en inglés en respuesta a la decisión de Donald Trump de sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París y que culminó con un icónico “Make the planet great again”.

Macron ha reconocido sus lecturas de Maquiavelo. Seguro que ha leído la edición de El Príncipe comentada por Napoleón Bonaparte. En su capítulo XVIII el corso afirma que “hay que ser un zorro para conocer las trampas [para llegar al poder] y un león para amedrentar a los lobos [que amenazan sin descanso a quien lo ostenta]”, y Macron pretende demostrar que puede desempeñar los dos papeles.

Se ha dicho en más de una ocasión que la actual Quinta República, establecida por Charles de Gaulle en 1958, es casi monárquica por los poderes atribuidos al Presidente. El propio Macron reflexionó sobre el sistema político francés en 2015. Habló de un “vacío” en el corazón de la política gala causado por la desaparición del rey por primera vez en el siglo XVIII y de nuevo en el XIX. Un vacío que el presidente “tenía que llenar” de forma rotunda para satisfacer al país. Un vacío que ahora llena él. Y de qué forma.

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Alberto Cañas de Pablos

Alberto Cañas de Pablos (Madrid, 1987) politólogo y Máster en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es doctorando y docente de diversas asignaturas de Historia española y mundial en la misma Universidad. Ha sido Investigador visitante en la Universidade Nova de Lisboa (Portugal) y la Università degli Studi di Torino (Italia), así como docente invitado en la Uniwersytet im. Adama Mickiewicza en Poznan (Polonia).

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3 comentarios sobre “EM! (Empereur Macron!)

  • el 27 Junio, 2017 a las 9:15 am
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    Macron imperial. Ja ja ja . Muy bueno, el chiste!

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  • el 28 Junio, 2017 a las 6:37 pm
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    Habrá que ver como gestiona la hegemonía política que le han otorgado los franceses y cuanto tardan en aflorar los problemas en un movimiento político construido a izquierda y derecha con cargos públicos venidos de ambos espectros ideológicos aprovechando la oportunidad. El castillo de naipes puede desmoronarse en cuantos las prebendas disminuyan.

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    • el 29 Junio, 2017 a las 12:09 pm
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      Estoy de acuerdo. La primera prueba es la dura reforma laboral que pretende aprobar ahorrándose el trámite del debate parlamentario.
      Son todo dudas y expectativas (no necesariamente buenas).

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