Refugiados: un mes para el fin de la esperanza

Este sábado 26 vuelven a sonar todas las alarmas. En un mes, el Gobierno habrá dado un portazo que extinguirá la poca esperanza que aún tenían miles de refugiados, que trataban de encontrar en España, y en Europa, un mejor porvenir. Y es que, el 26 de septiembre termina el plazo para cumplir con el plan de reubicación de más de 160.000 refugiados alrededor de nuestro continente.

España, que no hace tanto se vanagloriaba por ser el tercer país que más refugiados iba a acoger de entre los socios del club europeo, un total de 17.700 personas, hoy, a falta de un mes, solo ha cumplido con el 10% de lo que se había comprometido. Aún recordarán las palabras de la vicepresidenta del Gobierno, Sáenz de Santamaría, en la que decía que España cumpliría “sin reticencias” la cifra a acoger, o cuando el propio Rajoy se jactaba con un: “España no pondrá topes a la solidaridad”.

Vergüenza será la de muchos ciudadanos cuando añadamos, forzados por nuestro gobierno, otro lamentable capítulo de ecpatía española. Si ya para muchos, las cuotas de refugiados pactadas estaban en niveles de una desafortunada ocurrencia, el incumplimiento de la cifra prometida por Rajoy llega a categorías de un flagrante insulto. Algo que llegará a poner a nuestra nación en evidencia.

La Humanidad tiene antes sus ojos una de las peores crisis migratorias desde la 2ªGM. Y en Europa, donde las sociedades tenemos la solidaridad por bandera, tenemos la obligación moral y ética de darle respuesta. Sin embargo, el dar la espalda en vez de dar la mano a quiénes sufren esta problemática contradice la propia utilidad que Jean Monnet acuñaba a la nueva Europa que hemos creado durante estos últimos 60 años: la de “reforzar y ampliar los vínculos y la solidaridad entre las personas”.

No hace ni un siglo que España vivía circunstancias parecidas. Debido a la pobreza de la postguerra, a capítulos bélicos entre hermanos, y a las persecuciones contra ideologías o minorías sociales, multitud de personas huyeron del país en búsqueda de paz y un mejor porvenir. Actualmente sabemos que sólo entre 1939 y 1942 aproximadamente 25 mil españoles fueron acogidos como refugiados en México.

La Convención de Ginebra contempla el Asilo como un derecho internacional reconocido. Tras la 2ªGM y el Holocausto nazi, se introdujo este derecho con el fin de garantizar la vida e integridad de cualquier persona que sufra una situación bélica o de persecución en su propio país. Además, obliga a todos los países firmantes al cumplimiento de este derecho. España se encuentra entre ellos.

Todo aquel al que llamamos refugiado sirio, al igual que cualquiera de nosotros haría, huye de entre la asfixiante franja que deja, por un lado, una guerra civil desproporcionada en la que un dictador, sin escrúpulos, es capaz de fumigar a su propio pueblo con gases tóxicos, o lanzar devastadores proyectiles contra ciudades repleta de civiles. Y, por otro lado, el avance de un nuevo autoproclamado estado donde reina el terror y la barbarie, el DAESH. En este conflicto armado tampoco le falta la involucración de los principales bloques geopolíticos de nuestro globo, que en todo caso, suficientemente deficiente y heterogénea para no poder llegar a estabilizar la zona.

Mientras tanto, según la Organización Internacional de las Migraciones, en lo que va de año, el Mediterráneo ha visto ahogarse en sus aguas a más de 2.400 personas que trataban escapar hacía Europa. En 2016 murieron algo más de 5.000 personas que huían por el Mediterráneo según ACNUR. Asimismo, todos aquellos que sí consiguen pasar las fronteras, son “desplazados” en Campos de Refugiados, donde esperan, durante meses o incluso años, poder tramitar sus peticiones de asilo. Algo que más bien pocos llegarán a conseguir.

Ahí entra en juego el papel de los países. Los gobiernos son los responsables de ir aceptando las peticiones de asilo, y de este modo, poner fin al clavario de muchos. Desde Oxfam Intermón se lamenta que España sea uno de los países que más trabas interponga en los procesos derivados de las peticiones de asilo, como el de reunificación de familias o el de los visados humanitarios. Vea la hoja de ruta que propone Oxfam al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, para que consiga cumplir con la promesa del Ejecutivo.

Un conjunto de ya más de 300 organizaciones colabora en una campaña llamada “Venid Ya” que busca empujar al gobierno a cumplir con la cifra que ellos mismos prometieron. Desde aquí, quiero reconocer su incansable labor. Además, indispensable fue su empeño para poner de acuerdo a los principales partidos políticos de la Oposición; PSOE, Ciudadanos y Podemos, para que presentaran una iniciativa conjunta para exigir al Gobierno, el cumplimiento de las cuotas.

La Unión Europea ha llegado a ofrecer a sus Estados Miembros incluso una subvención de 6.000€ por cada refugiado que acojan entre sus fronteras. Sin embargo, a todas luces escasa para los criterios de los gobernantes que, como en el caso de España, ni acogiendo a 500 refugiados al día alcanzaría su promesa.

Parece ser que el foco mediático ha desenfocado este asunto tanto como para que el Gobierno ya no vea en las cuotas, una obligación moral, lejos de ese aceptar sin rechistar. Un silencio atronador para miles de personas, en su mayoría mujeres, ancianos y niños, que huyen desamparados en búsqueda de un futuro. Recuerden que, si estas personas ponen sus propias vidas en peligro en el intento de escapada, es porque el permanecer en sus lugares de origen es aún más peligroso. No le demos más la espalda a un problema de primera magnitud, que precisa de una respuesta urgente por parte de las sociedades más avanzadas, como la nuestra. Despertemos antes de que sea demasiado tarde, aunque mucho me temo, que ya lo es para muchos de ellos.

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Marc Riera

Marc Riera Félix (Mahón, 1996), es estudiante de último curso de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid. Enfocado en el campo de la Macroeconomía, Finanzas e Integración Europea. Es cofundador de Estudiantes por Europa y milita en distintas asociaciones estudiantiles. Ha trabajado en el ámbito de la gestión hotelera. Colaborador de varios medios de comunicación. Forma parte del European Solidarity Corps.

Un comentario sobre “Refugiados: un mes para el fin de la esperanza

  • el 29 Agosto, 2017 a las 8:59 pm
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    En España no pueden encontrar un mejor porvenir porque resulta que hay 4 millones de parados y ya hay 7 millones de inmigrantes, de los cuales unos cuantos millones son ilegales. Así las cosas sería buena solución que al igual que se marca una casilla en la declaración de la renta acerca de el fin al que desea destinar un porcentaje de su renta, quien quiera refugiados marque una casilla y se incremente su aportación a los ingresos del estado.

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