¿Inicio de un desmantelamiento progresivo del Comercio Internacional?

La Economía Global es esencial para entender los inicios del Derecho Internacional. Las Organizaciones Internacionales (OOII) nacerán tras la industrialización de las naciones, de hecho, la primera OI que se conformará será la de la Comisión Central para la Navegación del Rin, estableciendo el marco normativo de comercio y flujo de navegación para el río Rin (1815)[1]. El desarrollo de los países pasará por un dinamismo económico y un mayor bienestar de los ciudadanos, entre otras etapas. Y, para dicho dinamismo, será indispensable la interdependencia con las economías de otros países.

La integración comercial a nivel internacional experimentó un aumento extraordinario a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. Los países entendieron que la situación económica de uno afectaba al conjunto, por lo que deberán buscar la cooperación y la conjugación de políticas económicas para dotar de estabilidad al mundo económico global. Tras la devastadora situación que dejaban las contiendas dentro del continente europeo, salió a relucir la necesidad de coordinarse y cooperar entre los distintos países europeos para conseguir la reconstrucción. Contaron con una importante ayuda de otros aliados como Estados Unidos (Plan Marshall – [1948-52]) ya que una Europa fuerte, supondría un cliente sano para EE.UU.

Hoy día, la Unión Europea supone el área del mundo con mayor Producto Interior Bruto, de las zonas con mayor esperanza de vida y una de las que goza de un índice del desarrollo humano (IDH) más alto, por encima incluso de Estados Unidos. En esta línea, podemos decir que la Unión Europea, además de ser el proyecto político-económico más ambicioso de toda la historia reciente, está suponiendo un fervoroso éxito. Aunque todavía no ha conseguido ser una unión plena y de contar con alguna que otra área en la que mejorar, claro está. Parte fundamental de su éxito es la creación de un mercado único con libre circulación de las personas, mercancías, y de los factores de producción; capital y trabajo.

Entonces, a día de hoy, la Unión es el ejemplo más claro de integración económica exitosa. Establecer mayores lazos comerciales en condiciones igualitarias, como se corresponde en este caso, permitirá alcanzar equilibrios de mercado más eficientes; mayor cantidad de productos, a mejor precio y una mejor calidad. Se aprovechan las economías de escala y se alcanza un beneficio social mayor. Si bien, aunque todos los países ganen, no todos los individuos se verán beneficiados. Será necesaria la aplicación de medidas redistributivas para resarcir a los “perdedores de la Globalización”. Esta voluntad compensatoria es lo que entendemos, en inglés, como “embedded liberalism”, <liberalismo integrado> (John Ruggie, 1982)[2]. En el caso de Europa, la creación de un Fondo de Cohesión Europeo ha permitido mitigar las desigualdades territoriales entre los Estados Miembros y ha facilitado la convergencia económica entre los socios. España resultó una gran beneficiada de estos fondos cuando se adhirió, hace más de 30 años (1986).

La integración de libre-comercial se debe dar entre países con intereses similares, niveles de desarrollo parecidos, y grados de progreso tecnológico semejante. Cuando un país se abre al comercio internacional de forma eficiente consigue aumentar; tanto la economía interna como externa. Lo que resultará un aumento de los ingresos en la economía. Sin embargo, hay que intentar paliar las externalidades negativas que pueda provocar. Marshall (1890)[3].

Esos países en los que se establecen acuerdos de libre-comercio; la libertad de circulación de capital y de trabajo provocará una homogeneización de precios de los factores, debido al efecto de vertido, (Stolper y Samuelson, 1941)[4], bajo fuertes suposiciones como la de tecnología igual, inexistencia de barreras friccionarías. En esos países donde sea más abundante el capital, su rendimiento será menor, por lo que, el capital tendrá incentivos en fluir a esas economías en las que el capital pueda repercutir mayor beneficio. De igual manera ocurrirá con el trabajo, donde haya más empleados los salarios serán menores. Por lo que la mano de obra emigrará a esas economías con salarios mayores. Esta conclusión será sacada como complementaria del Modelo de Hecksher (1919) y Ohlin (1933)[5] en el que se entiende que los países se centrarán en la exportación del bien, cuya producción sea intensiva en el factor de producción más abundante en su economía. La expansión de los lazos comerciales también afectará gratificantemente en el aprovechamiento de los rendimientos positivos de la nueva tecnología, (Marshall, 1890)[6]. “Las ideas atraen a más ideas”.

Una vez hemos expuesto las principales ideas de los beneficios que podemos encontrar en mayores cuotas de integración comercial, cabe destacar, que los países que establezcan lazos libre-arancelarios y de libre circulación de factores cuando cuentan entre ambas niveles de desarrollo económico dispares, podrá afectar negativamente al bienestar. Ya que las desigualdades pueden acarrear un proceso de convergencia excesivamente prolongado y con dolorosas consecuencias durante dicho proceso. Ejemplo de ello, podría ser en algún aspecto, el NAFTA (Acuerdo de Libre-comercio entre Canadá, Estados Unidos y México) que ha desmantelado zonas industriales menos competitivas en Norteamérica con el fin de llegar a México con una mano de obra más barata. Aunque cierto es que se ajustarán para alcanzar una mayor eficiencia, siempre deberá ir acompañado de un fuerte plan de contingencia para salvaguardar a los damnificados del corto plazo.

Tras largos períodos de recesión provocados por la Gran Crisis (2008) algunos países se han mostrado contrarios a la globalización, apostando por un mayor proteccionismo en las áreas económicas más estratégicas. Éste es el caso en el que se encuentra EE.UU con la Administración Trump. Escudándose en la defensa de esas clases “marginadas” por la era de competitividad y eficiencia global, promete autarquía pretendiendo “hacer, de nuevo, América grande”. El gráfico de a continuación está referido al peso del comercio internacional respecto al PIB (%) de esas respectivas áreas, entre 1960 y 2017 (Banco Mundial y OCDE).

En él, podemos observar lo rezagado que resulta el Norte de América respecto a las demás áreas, incluso dentro de su propio continente. En esta misma línea, podemos apreciar en esto últimos años, la disminución del comercio internacional en el PIB mundial (tendencia verde), o la propia caída en el caso de Norteamérica (gris). Mientras la OCDE y Europa se mantienen (azul y naranja), y América Latina aumenta el peso de las transacciones económicas internacionales en base al PIB (amarilla).

Los datos dispuestos en la gráfica anterior nos plantean la impactante duda de sí estamos ante el inicio del desmantelamiento progresivo del comercio internacional. Lo cierto es que mientras EE.UU se repliega, los demás socios comerciales se aferran más entre ellos. Si los estadounidenses persisten, desde el punto de vista académico, nos permitirá comprobar los modelos y teorías macroeconómicas que predicen, a día de hoy, que una autarquía (a pesar de ser un país grande) supondría estancarse como economía; con procesos cada vez menos eficientes, y simultáneamente más caros. En contraposición, también permitiría medir cuantitativamente el peso del comercio entre las demás potencias globales, sin contar con EE.UU, que se encontraría autoexcluida.

A pesar de la preocupación causada al ver que potencias tan importantes como Estados Unidos dejan atrás esas mismas doctrinas económicas que les dio brío, esta nueva tesitura internacional debemos verla como una oportunidad. La Unión Europea permite a todos los países del continente (que somos relativamente pequeños en comparación al tamaño del globo), poder competir como conjunto tal “David contra Goliat” ante los grandes bloques como son EE.UU, Rusia, China, etc. Así lo exponía la profesora de la Universidad Complutense de Madrid, Mercedes Guinea, “Los Estados Miembros somos como hormiguitas que juntos podemos defendernos ante los gigantes que regularán la globalización”.

Estamos ante la coyuntura perfecta para dar un paso adelante como Unión Europea, y abanderar la defensa de nuestros férreos estándares de calidad y seguridad. Siendo la vanguardia conseguiremos que otros países se alineen a nuestro patrón, alcanzando una globalización justa y equitativa, manteniendo todas sus ventajas.


[1] http://www.ccr-zkr.org/11000000-en.html

[2] Ruggie, John Gerard. 1982. “International Regimes, Transactions, and Change: Embedded Liberalism in the Postwar Economic Order.” International Organization 36.

[3] Marshall, Alfred (1890). Principles of Economics. 1 (First ed.). London: Macmillan. https://archive.org/stream/principlesecono00marsgoog#page/n8/mode/2up

[4] Wolfgang F. Stolper, Paul A. Samuelson; Protection and Real Wages, The Review of Economic Studies, Volume 9, Issue 1, 1941, Pag. 58–73, https://doi.org/10.2307/2967638

[5] Bertil Ohlin, Interregional and International Trade, Cambridge, Harvard University Press, 1933.

[6] Marshall, Alfred (1890). Principles of Economics. 1 (First ed.). London: Macmillan. https://archive.org/stream/principlesecono00marsgoog#page/n8/mode/2up

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Marc Riera

Marc Riera Félix (Mahón, 1996), es estudiante de último curso de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid. Enfocado en el campo de la Macroeconomía, Finanzas e Integración Europea. Es cofundador de Estudiantes por Europa y milita en distintas asociaciones estudiantiles. Ha trabajado en el ámbito de la gestión hotelera. Colaborador de varios medios de comunicación. Forma parte del European Solidarity Corps.

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