Medio siglo del vertiginoso año de 1968 (I)

El atleta Emil Zatopek durante La Primavera de Praga.

Comenzamos un nuevo año en el que sin duda tendrá lugar una importante efeméride en España, a propósito del cuarenta aniversario de la Constitución de 1978. Como corresponde, se le dedicarán celebraciones, se realizarán eventos y se publicarán numerosos textos. Habrá una reivindicación de su contenido y de su vigencia, otra del pacto como valor en sí mismo y del logro concreto en su contexto histórico, también llegarán críticas desde distintos ángulos sobre las cesiones que implicó, y un llamamiento a la actualización de la Constitución sobre diversos planteamientos… de difícil encaje para sus promotores sino se asumen cesiones que puedan derivar en un nuevo pacto constitucional.

Pero no es el propósito de esta bienvenida comenzar ya la efeméride constitucional española, sino remontarnos una década más, hasta 1968, fecha muy simbólica por la manifestación, en gran parte del mundo, de distintas expresiones demandando cambios: desde los nuevos movimientos sociales, que trascendieron la propia dinámica de clases, a la popularización de la cultura de vanguardia.

Distintos conflictos, larvados durante los años de la Guerra Fría, no encontraban sus cauces dentro del sistema establecido y tomaron forma de rebelión popular frente al rechazo de -las también impugnadas- élites, que respondieron con una combinación de medidas represivas y tácticas divisivas, logrando la mayor parte de las victorias parciales, en el corto y hasta medio plazo.

La brecha generacional entre los veteranos de la II Guerra Mundial y los hijos e hijas del Baby Boom se inclinó durante años a favor de los primeros, con la aquiescencia de la “Mayoría Silenciosa” (concepto reivindicado por Richard Nixon en 1969). Un apoyo decisivo al statu quo tanto por crudo temor, como por cálculo estratégico, primando la estabilidad y el acceso por parte de amplias capas de la población*, y por vez primera, a condiciones materiales de bienestar; y finalmente, como resultado de la propia hegemonía sociopolítica existente en el relato cultural.

Una oportuna analogía de la brecha actual, entre las ahora dominantes cohortes de Boomers y los ya conocidos como Millennials, sin que hasta ahora los componentes de ese puente que forma(mos) la Generación X, haya logrado más que posicionarse, por esfuerzo y capacidad de adaptación, para un futuro que nunca es cómo solía ser.

A partir de los años 70, sucedieron una serie de hechos que cambiaron el paradigma: la Crisis del Petróleo reveló los límites del modelo de bienestar occidental; parte de la protesta callejera derivó en terrorismo, perdiendo legitimidad y alimentando la espiral acción-reacción; los neoconservadores, en un momento propicio, se reorganizaron, revitalizaron su discurso y actualizaron sus métodos, y volvieron a configurarse como movimiento de masas (con claro apoyo del poder económico). La aceleración de los cambios tecnológicos en la producción y las comunicaciones fraguó una sociedad postindustrial globalizada, en la que la fusión del nuevo liberalismo económico con los valores dominantes de progreso e individualismo, termina por asumir la extensión de ciertos derechos y libertades civiles (mientras laboralmente realiza el camino inverso), coloca en la agenda pública la gestión de reivindicaciones sectoriales apoyadas por coaliciones estratégicas, e incluso tolera una mejor canalización del nuevo descontento, en un mundo que, no sin importantes tensiones, cada vez se reconoce y se acepta más plural.

Pero esa es ya otra época, y no es objeto ahora de ningún aniversario. Proseguiremos, en próximas entradas, con un recorrido por los principales eventos de 1968.

Hasta pronto.


*Nos referimos principalmente a los habitantes del Atlántico Norte: Europa y Norteamérica, y a las lejanas pero socioculturalmente próximas Australia y Nueva Zelanda; en el corazón del Bloque Soviético también se había consolidado una etapa de crecimiento desde la puesta en marcha de los Planes Quinquenales; y finalmente a Japón, con un desarrollo económico sin parangón a partir de la Guerra de Korea bautizado como El Milagro Japonés (高度経済成長). Se intentará superar una visión únicamente eurocentrista en el periplo previsto por los acontecimientos del 68.

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Pelayo Cobos

Pelayo Cobos (Gijón, 1979), es Licenciado en Ciencias Políticas, Administración Pública y Relaciones Internacionales por la Universidad del País Vasco. MBA por la Universidad de Oviedo y Curso Superior de Estrategia y Gestión del Comercio Exterior por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX). Ha realizado un curso de Política Internacional Comparada en la Universidad de Oslo (Noruega). Cuenta con más de diez años de experiencia profesional en mercados internacionales, trabajando en el sector financiero, con empresas industriales y como consultor independiente.

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