Marruecos: ¿Hacia dónde?

En 2011 se aprueba, en referéndum, por una gran mayoría de votos a favor del sí (98,5%) y con una participación del 73,5% de electores, según el escrutinio oficial, la nueva Constitución de Marruecos, que reforma la promulgada en 1996, la cual estuvo en vigor hasta esta fecha. La nueva carta magna es una respuesta del monarca marroquí a las exigencias de los movimientos sociales, como el movimiento 20 de febrero, que se habían lanzado a las calles de las ciudades de Marruecos, como en otros países del mundo árabe en la llamada primavera árabe.

El nuevo texto constitucional recoge unos significativos recortes del poder del Rey y un ambicioso articulado comparable a cualquier constitución de las democracias occidentales. A modo de ejemplo, en sus disposiciones generales elartículo 1º señala que: Marruecos es una monarquía constitucional, democrática, parlamentaria y social. En el capítulo de las libertades fundamentales, señala que se garantizan la libertad de pensamiento, opinión y expresión (art. 25), así como la libertad de reunión, concentración, manifestación pacífica y de asociación (art.29). Entre otros artículos que promueven o garantizan los derechos de carácter social, político y económico.

Después de la promulgación del texto constitucional de 2011, se convocan elecciones parlamentarias en un nuevo escenario político y de entusiasmo democrático que dan el gobierno por primera vez en Marruecos a un partido del llamado islam político(PJD[1]), denominado por algunos autores como islamo-democracia, en línea con los partidos europeos de corte democristiana. Cuando está a punto de cumplirse los siete años de la aprobación constitucional, y vistos los grandes sucesos en formas de protestas y movimientos sociales que nos ha dejado el año 2017, es hora de preguntarse si este ambicioso proyecto constitucional y democrático ha llegado realmente al ciudadano básico. Haremos un pequeño recorrido sobre algunos acontecimientos más importantes que han transcurrido y que han llevado en algunos casos al estallido en forma de protestas sociales que ha conocido Marruecos durante el año 2017.

  • El 28 de octubre de 2016 muere el vendedor de pescado Mohsen Fikri aplastado en la prensa de un camión de basura en Alhucemas (norte de Marruecos), hecho que algunos testigos presenciales atribuyen como autores a los policías que le confiscaron y lanzaron a dicho camión el pescado que había adquirido en el muelle del puerto. Este terrible suceso se tradujo en un estallido popular en la región del Rif, donde sus habitantes reclamaban que se hiciese justicia por lo sucedido y exigían que fueran efectivos servicios públicos básicos como la construcción un hospital o de una universidad. Durante todo el año 2017 han continuado las protestas pacíficas en dicha región, protestas que han llevado a la detención y encarcelación por las autoridades a más de 400 manifestantes y activistas del denominado Movimiento Popular por el Rif (MPR) o Hirak, según algunas organizaciones de DDHH.
  • El 19 de noviembre del 2017 murieron en la región de Souira (sur del país) quince mujeres en una avalancha humana cuando trataban de acceder al reparto de una pequeña ayuda alimentaria compuesta por un saco de harina, una botella de aceite y un paquete de té o café. Aunque dicho reparto lo llevaba a cabo una persona a título individual y de forma caritativa en una plaza pública, el macabro suceso volvió a conmocionar a la sociedad marroquí en su conjunto, llevando a muchos a preguntarse si en una nación como Marruecos, rica en recursos naturales como la pesca marina, el fosfato o el turismo puede seguir habiendo ciudadanos que mueren de esta forma tan mísera en pleno siglo XXI.
  • El pasado 23 de diciembre fallecían dos hermanos en una mina de carbón en la localidad de Jerada, situada a unos 120 KM de Nador. Estas muertes han conllevado el estallido de protestas sociales de los habitantes de dicha provincia en las cuales se exigen responsabilidades a las autoridades gubernamentales por la poca seguridad laboral de la que disponen los trabajadores de dicha mina. Las protestas continúan hasta el día de hoy.

Lo que está claro es que los derechos sociales, políticos y económicos que promueve la Constitución de Marruecos no están al alcance de todos los ciudadanos y parece haber quedado en un simple papel mojado. Consciente de ello, la sociedad marroquí se está movilizando y organizando cada vez más en movimientos populares para exigir derechos, justicia y dignidad y que se cumpla la Constitución, sobre todo en lo referente a derechos y servicios sociales básicos.  El hartazgo de la sociedad marroquí es cada vez más evidente y una olla a presión que puede estallar en cualquier momento, sobre todo después de ver cómo la gran mayoría de la sociedad queda fuera del sistema después de la intentona de democratización del país.

Para ello, las autoridades gubernamentales marroquíes no pueden seguir intentando mantener la paz social a través del orden y la policía y con un sistema político que sólo sirve de fachada democrática. La paz social se mantiene a través de la promoción y aplicación de derechos, justicia, igualdad y libertades públicas y donde impere la ley y el Estado de derecho. En definitiva, con democracia. No obstante, cabe destacar que en Marruecos existe un entramado oligárquico basado en un sistema de clientelismo político, llamado majzén, y que es el principal obstáculo para cualquier intento de avance democrático real. Esperemos y tenemos la esperanza de que el 2018 sea el año del cambio y de progreso democrático en Marruecos. Estaremos atentos.


[1] PJD: Partido de Justicia y Desarrollo, partido de Abdelilah Benkiran que preside el Gobierno de 2011 a 2017.

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Ahmed Benamar

Ahmed Benamar Bellouki. Graduado Ciencia Política y Administración por la UNED.

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