Medio siglo del vertiginoso año de 1968 (II): Estados Unidos

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Viene ahora una (seguro que imperfecta) relación de los acontecimientos más icónicos de este año, en el que el desarrollo de la cámara moderna permitió inmortalizar instantáneas in situ. Imágenes que, haciendo honor al proverbio, amplificaron la popularidad de los eventos y de sus protagonistas, que no estuvieron sujetos a los pintores que en el pasado habían retratado la Historia, tantas veces escrita sólo por los vencedores. En este texto se resumen algunos de los principales acontecimientos que tuvieron a Estados Unidos como país protagonista.

En Estados Unidos, tras el Verano del Amor de 1967, confluyen diferentes conflictos que tienen en común la revuelta contra las élites y la denuncia de las contradicciones sociales, en un país de tradición política liberal cuya práctica imperialista no reconocía el sufrimiento causado.

El Movimiento de los Derechos Civiles desplazó su actividad desde el Sur y el campo hacia el Norte y las ciudades. Tras la denuncia de situaciones de discriminación en la vivienda, el transporte o la educación, emergió unificado el Movimiento de Conciencia Negra, inspirado en otros procesos contemporáneos de emancipación, como la descolonización de África y la Revolución Cubana.

Finalmente la irrupción del Black Power alcanzó visibilidad internacional, incluyendo su reivindicación en las Olimpiadas. Con la aparición de las Panteras Negras, un sector comenzó a legitimar protesta violenta. En febrero se produjeron varias víctimas en una marcha universitaria pero las protestas aumentaron, confluyendo con las manifestaciones contra la Guerra de Vietnam. El 4 de abril era asesinado Martin Luther King -quien encabezaba un masivo movimiento, no violento, y que lograba trascender la barrera racial-, el autor del crimen era un fanático supremacista blanco y los disturbios se generalizaron a lo largo del país. La escalada de tensión continuaría en los años setenta, hasta que la radicalización terrorista de los grupos violentos terminó por alienarlos de su base de apoyo social, con su acercamiento al crimen organizado, y por conducirlos a la derrota policial.

El 30 de enero las fuerzas de Vietnam del Norte y la guerrilla comunista del sur (el Viet-Cong) iniciaron una serie de ataques coordinados contra posiciones del gobierno aliado de Estados Unidos, así como contra las propias tropas norteamericanas. La Ofensiva del Tet aprovechó su intensidad y el factor sorpresa y forzó la retirada del ejército sur-vietnamita y el abandono de varias ciudades. Aunque posteriormente se produjo un contraataque masivo que recuperó todas las posiciones perdidas, la dureza necesaria para reequilibrar el statu quo tuvo un profundo efecto en el apoyo de la opinión pública estadounidense a la presencia de tropas en Vietnam.

La Administración Johnson fue incapaz de recuperar la credibilidad. Su liderazgo previo para conducir a la derrota del comunismo en Vietnam fue visto como infundadamente optimista. En febrero, la cifra semanal de soldados norteamericanos caídos superaba los 500, y la de heridos los 2.000, mientras se llamaba a filas a 45.000 reclutas más. Robert McNamara, Secretario de Defensa desde la Administración Kennedy, quien había supervisado la primera fase de la intervención en el país asiático, retiró su apoyo y dimitió.

El Presidente Johnson, desbordado por el curso de los acontecimientos, valoró las estimaciones que recibía para lograr una victoria militar: 400.000 tropas más sobre el terreno y un incremento del presupuesto en armamento y personal de más de 25.000 millones de dólares en dos años; algo que fue considerado inviable.

Tras distintas consultas optó por continuar reforzando la presencia sobre el terreno pero en cifras más modestas que, al tiempo que se mostraban insuficientes para salir del estancamiento y del lento desgaste de la posición norteamericana en Vietnam del Sur, contribuían a galvanizar las movilizaciones contrarias a la guerra. El nuevo consenso, incluso dentro del establishment gubernamental, era que debía alcanzarse algún tipo de negociación, y utilizar la superioridad aérea para reforzar la posición del Sur en una mesa de diálogo, mientras se llevaba a cabo la vietnamización del enfrentamiento terrestre.

Para marzo la posición de Lyndon Johnson era ya crítica, dentro del Partido Demócrata los contrarios a su política en Vietnam se organizaron, para enfrentarse al Presidente en ejercicio, en las primarias de New Hampshire (logrando un gran resultado). Robert “Bobby” Kennedy, anunció que se presentaría a la nominación para la candidatura presidencial y Johnson, que aún podía optar a un nuevo mandato, tiró la toalla y declaró que no lo haría.

Para mayor sorpresa de Washington, Vietnam del Norte anunció en abril que deseaba iniciar negociaciones.

Comprendiendo los vientos de cambio dentro del liberalismo norteamericano, Robert Kennedy armó una candidatura que rompió con los patrones conocidos previamente:

En primer lugar, sus metas ideológicas de justicia social (incluyendo un cambio en la política exterior, abordar la discriminación racial; y un ambicioso plan de reforma fiscal, que continuase la expansión de los programas iniciados durante la presidencia de su hermano, y puestos en marcha por la de Johnson). En segundo lugar y de forma característica, el compromiso con y de los jóvenes, enganchados e involucrados en su mensaje de cambio pero también protagonistas en muchas de las actividades de campaña. Porque, en tercer lugar, Kennedy protagonizó iniciativas de diálogo franco y directo más allá de las tradicionales bases Demócratas. Durante semanas se multiplicó visitando pequeñas poblaciones y siendo accesible a la gente, con discursos a pie de calle, presencia en los barrios conflictivos de las grandes urbes, denunciando la pobreza y la violencia existente, en una sociedad que quería reconocerse a sí misma como un ejemplo para el resto del mundo.

Robert Kennedy no contaba con el respaldo del aparato del Partido Demócrata, que se había unido entorno a la figura del Vicepresidente Humphrey, un político respetado entre los sindicatos y otros aliados tradicionales del partido, y que también se había implicado con la causa de los derechos civiles. Por tanto debía arriesgar y generar entusiasmo. Era consciente que este desborde causaba también temor entre una parte importante de la sociedad y, con su origen privilegiado y su formación elitista, utilizaba su figura como puente entre clases. El día del asesinato de Luther King, improvisó un emocionante discurso, subido sobre una camioneta en un parque de la ciudad de Indianápolis, llamando a la reconciliación entre razas; a pesar de la violencia desatada en las grandes ciudades del país, Indianápolis permaneció en calma aquella noche.

Al ganar las primarias en California y siendo ya el favorito en la inminente Convención Demócrata de Agosto, Kennedy fue asesinado en junio por un emigrante palestino que se oponía a la postura del político Demócrata en el conflicto árabe-israelí.

Aunque en las 13 primarias Demócratas el voto directo había generado un 80% de delegados opuestos a la continuación de la Guerra de Vietnam, el Vicepresidente Humphrey -que contaba con mayoría gracias a los delegados natos y que no había hecho campaña en las primarias- estaba decidido a continuar con el esfuerzo bélico. Durante la Convención se produjeron numerosas protestas en el exterior, con miles de manifestantes, muchos de ellos jóvenes estudiantes, demandando la nominación de otro candidato. Las protestas derivaron en intervención policial, con cargas retransmitidas por televisión mientras el Alcalde de la ciudad daba su apoyo a Humphrey (quien no realizó ningún gesto respecto de lo que fuera sucedía).

En noviembre, la decepción entre un sector del electorado progresista, que veía en Humphrey un candidato puro del Establishment, poco sensible a las demandas de la plataforma anti-vietnam, y en general alejado de los nuevos simpatizantes atraídos por Kennedy; y el lastre del impopular final de la presidencia de Johnson entre los votantes independientes, resultó una combinación superior al liderazgo de Humphrey. Richard Nixon, el aspirante Republicano, un político pragmático y experimentado que prometía estabilidad, logró la presidencia con el 43,3% de los votos (31,7 millones), mientras que el aspirante Demócrata se quedaba en el 42,7% (31,2 millones), si bien un tercer candidato, el segregacionista George Wallace, sumó un 13,5%.

Estados Unidos terminaba así, precisamente en 1968, año de gran agitación social, una larga etapa liberal que databa desde tiempos del New Deal de Roosevelt, en 1933, -con la salvedad de los dos mandatos de Eisenhower, un Presidente moderado y que optaba habitualmente por “dejar hacer” en política interior, pues su atención estaba muy centrada en política exterior-. El movimiento conservador había iniciado su reconstrucción y cimentaba su nueva hegemonía, -a pesar del único mandato de Carter-que se prolongaría por más de dos décadas.


Medio siglo del vertiginoso año de 1968 (I)

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Pelayo Cobos

Pelayo Cobos (Gijón, 1979), es Licenciado en Ciencias Políticas, Administración Pública y Relaciones Internacionales por la Universidad del País Vasco. MBA por la Universidad de Oviedo y Curso Superior de Estrategia y Gestión del Comercio Exterior por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX). Ha realizado un curso de Política Internacional Comparada en la Universidad de Oslo (Noruega). Cuenta con más de diez años de experiencia profesional en mercados internacionales, trabajando en el sector financiero, con empresas industriales y como consultor independiente.

Un comentario sobre “Medio siglo del vertiginoso año de 1968 (II): Estados Unidos

  • el 27 enero, 2018 a las 2:11 pm
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    De poder haber tenido de presidente a Robert Kennedy a tener a Richard Nixon, así es Estados Unidos.

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