8 de marzo: razones para una huelga diferente

Cuando me enfrenté a la tarea de escribir sobre los motivos que me llevaban a participar en esta huelga me bullían las razones, muchas y muy dispares. Cuando al fin pude ordenarlas surgieron como islotes dos palabras: engaño y sororidad.

Al nacer nos dan un nombre y un sexo; crecemos y vamos conformando la idea de qué es ser una niña, cuáles son nuestras potencialidades y limitaciones; llegamos a la escuela y, aparentemente, recibimos la misma formación y educación, incluso accedemos en mayor número a las carreras universitarias. Sin embargo, al terminar nuestros estudios, nos topamos de bruces con la realidad más cruda: no conseguimos alcanzar un puesto de trabajo digno y, si lo hacemos, muchas veces será en posiciones inferiores a nuestros compañeros varones. Poco a poco, cada una a su momento, ¡abrimos los ojos! Y nos encontramos con nuestras madres y abuelas. Las miramos a los ojos y encontramos unos ojos llorosos porque creían que nos dejaban un futuro mejor… y nosotras sólo podemos gritar que alguien nos engañó vilmente, que vivimos una pantomima de tamaño descomunal toda nuestra existencia: de pequeñas, nos dieron princesas para que soñáramos con príncipes que nos rescatasen o a los que pudiéramos cambiar para ser mejores, inutilizándonos para alcanzar relaciones amorosas sanas; después, nos vendieron la ilusión de una educación equilibrada entre sexos cuando estaba deliberadamente dirigida a puestos de cuidado del otro (nunca de nosotras, por cierto), los mismos puestos que ostentaron nuestras predecesoras aunque esta vez con la pátina de ser profesionalizados; nos vendieron el liderazgo y el emprendimiento, “¡podrás llegar donde quieras!” nos dijeron. La letra pequeña contenía un horizonte mucho menos halagüeño porque, además de lo dicho, por lo que fuera, quisieras tener hijos, tendrás que olvidarte de esto. Nadie nos va a proteger, ni antes, ni durante, ni después de tenerlos. Nadie salvo nosotras y las redes que generamos a nuestro alrededor.

Esta narración es la mía: mujer caucásica, de mediana edad, heterosexual, de nivel económico pasable, residente en un país del primer mundo. Nos podríamos olvidar de la mitad del relato si la escribiente fuera cualquiera de las compañeras que quedan fuera de estas características deseables para el mercado. Y aquí entra la sororidad, la solidaridad y concordia entre mujeres, que implica un reconocimiento mutuo, plural y colectivo. El reconocimiento de mi vivencia personal entendiendo mis privilegios, el reconocimiento de quienes nos retiran a todas y cada una nuestro derecho a vivir libremente: vivir nuestro intelecto y nuestro cuerpo.

Por todo ello, el día 8 de marzo nos unimos todas. Porque no queremos que ni una se quede fuera, porque nos queremos juntas y vivas, transitando esta vida con presencia, participación y aprendizaje en equidad con nuestros compañeros varones.

Ahora, unidas ante un día tan crucial para nuestra historia: ¿qué podemos hacer durante la huelga?

Como sabemos, es una huelga laboral, de cuidados, estudios y consumo. Las movilizaciones y la huelga están convocadas en más de 150 países, por lo que estamos ante un paro internacional de mujeres, lo que la convierte en una magnífica oportunidad para conectar. Conectar con nosotras mismas, con nuestras compañeras y hermanas, conocidas y desconocidas. Entender que lo que nos une es tan grande que moverá montañas hasta que la política cambie y que este pensamiento será hegemónico.

Por eso, podemos unirnos durante el día a las actividades colectivas en los diferentes espacios públicos y asociativos de cada ciudad, compartir comida, apoyar a las compañeras que no puedan unirse, con amor, con respeto por sus realidades; leer poesía, siempre poesía, como estos versos de Begoña Abad, la poetisa que nos enseña a volar:

Yo seré Numancia,

Invencible, resistencia pura,

Seré siempre ahora.

Un ahora lleno de vida.

Impronunciable palabra

Desde el valle de las tinieblas.

Soy ahora de un modo irrenunciable.

Y asistir a la manifestación: porque el momento es ahora, y nosotras somos las protagonistas del cambio. Seamos Numancia y demostremos al mundo que el ciclón ha llegado y después trabajaremos en los cimientos. Para construir una base fuerte, protectora de todas y de todos. En igualdad.

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Ruth Saborido

Ruth Saborido (Madrid, 1987), es psicóloga sistémica. Licenciada en Psicología, así como Máster en Psicología de la Educación por la UAM, posgraduada en intervención familiar sistémica y mediación familiar. Dedica su energía a seguir creciendo como persona y profesional con formación sobre feminismo, violencia de género y mindfulness. Su carrera profesional recorre los caminos de la educación y la salud psicológica en espacios tanto formales como no formales. Disfruta de la creatividad y de las oportunidades que la vida le concede.

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