WANTED: La socialdemocracia española

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Hace no muchos días escuchaba una conversación en el metro entre dos personas que representaban dos colectivos completamente diferenciados. Por un lado, un varón, en torno a 75 años, quizás más. Por otro, un joven (familiar del primero, me atrevería a decir), que apenas superaría los 20 años. Conversaban sobre la manifestación de pensionistas que protagonizó esta pasada semana los informativos y la agenda política. De pronto el joven lanzó una contundente y seca afirmación al que podría ser su abuelo: “Pero no hay ningún partido de izquierdas que proponga alternativas a los recortes”. Y ahí no hubo respuesta, se hizo el silencio mientras que el caballero de más edad echaba la mirada al frente.

¿Qué de cierto pudo tener esa frase para que el bullicio propio de un vagón de metro de la capital fuese la única respuesta que recibiría aquel joven? ¿Está desaparecida la izquierda española? ¿Realmente hay alternativa? Aquí varias precisiones:

-El Partido Socialista no se recupera. Lo que emulaba una cascada de nuevos brotes, de participación directa de la militancia y de la apertura de los círculos de decisión a los militantes ha acabado por ser una fina lluvia que apenas si ha calado. Los cuestionables resultados del PSC en la cita del 21 de diciembre, la no asunción de responsabilidades por los mismos y la inexistencia de un proyecto contundente para el gobierno del país hace que el partido hegemónico de la izquierda española no remonte en las encuestas.

-El PSOE no consigue superponerse y camina sobre una agenda marcada por la derecha. La pugna por el espacio electoral que mantienen el Partido Popular y Ciudadanos desde que comenzó la campaña catalana mantiene al PSOE relegado del foco político y mediático. Y, con el independentismo aún candente y como recurso político para eclipsar cualquier otro debate urgente, así como el propio debate interno que mantiene el socialismo sobre la cuestión territorial, el PSOE no logra salir del paso.

-Además, con el constante ir y venir de caras, donde el espectador/lector/oyente… en cualquier caso, ciudadano, no consigue identificar un líder, debido a las escasas comparecencias del actual Secretario General, se ahonda aún más en el impasse en el que se encuentra el partido de centro-izquierda. Esta falta de referentes -cada día más notable- en un partido que intenta simular una unidad aún no recompuesta tras las primarias (el último episodio, el rechazo a apoyar a Elena Valenciano para presidir a los Socialistas europeos) y, un cambio continuo de voces y rostros que no logran que el ciudadano establezca una relación con el portavoz o figura de quien representa al PSOE, no son sino dos trabas más a la lenta recuperación del partido político en cuestión.

-Tampoco Podemos resulta ser un elemento de fuerza en el tablero nacional. Su indeterminación en el contexto soberanista de Cataluña le ha desbancado de la atención mediática. Un rechazo generalizado por parte de la sociedad española en general, su incapacidad para apiñar bajo un mismo discurso a sus coaliciones autonómicas (o ‘marcas regionales’) y una postura volátil del partido encabezado por Ada Colau en Cataluña ha supuesto un duro golpe para la marca política nacida a raíz del 15M.

-Por otro lado, si tras Vistalegre II la figura de Pablo Iglesias salía reforzada con la victoria conseguida frente a uno de los mayores activos del partido –Íñigo Errejón-, un año más tarde se encuentra completamente escorada y sin rumbo. Iglesias parece haberse recluido en horas bajas para la izquierda, algo en lo que parece coincidir con Pedro Sánchez (con la diferencia de que éste último no cuenta con la tribuna del Congreso de los Diputados). Ante el desplome que vaticinan las encuestas, el secretario general de la formación parece haber delegado funciones en su núcleo más cercano.

-Y, por si fuera poco, la confluencia de Izquierda Unida parece haber tocado su fin -y el propio fin de la marca tras algo más de 30 años de existencia-. Hace escasas semanas, Alberto Garzón pedía revisar el pacto de confluencia a Pablo Iglesias; pero el problema de Garzón no es otro sino la extinta estructura de la formación, absorbida por los círculos de Podemos.

Frente a este panorama, la socialdemocracia debe recuperar esa antigua idea de “política de coalición”, para hacer un frente más amplio que consiga mayorías estables sobre las que construir una alternativa real de gobierno. Y esa construcción pasa por el quiebre de los muros partidistas que mantienen separados a los sectores socialdemócratas de Podemos (la candidatura de Errejón para Vistalegre II) con los del PSOE. El reto no es sencillo, nunca lo fue, y mucho menos ahora.

La globalización y el aumento constante del comercio internacional ha sido un detonante de la crisis de la socialdemocracia europea en general, que ha sido incapaz de continuar con su programa económico basado en el Estado-nación. Urge que la socialdemocracia asuma el liderazgo en la UE para evitar que se produzca una competencia desleal entre los Estados para ofrecer una localización más ventajosa que el vecino para las grandes corporaciones y las inversiones. Contrarrestar estas tendencias económicas es una ardua tarea que requiere de dirigentes comprometidos y capaces. Europa necesita que la socialdemocracia retome el liderazgo en el debate de las políticas públicas. Recuperar la cohesión social requiere de una lucha por mantener un capitalismo con esencia cooperativa; un proyecto que contrarreste la concentración de riqueza hacia la que tiende la sociedad.  Renegociar las concesiones que, desde hace décadas se han hecho en el campo de la economía, ante la inconsistencia de programas alternativos a la doctrina económica neoliberal; volver a tener la suficiente fuerza como para negociar en igualdad de condiciones con los poderes económicos.

Pero para todo ello, no basta ya sólo con una política de coalición entre sectores sociales, sino también entre Estados, y esa construcción de un frente más amplio tiene un nombre, es la Unión Europea. Construir una mayoría social europeísta capaz de actuar como contrapoder; una mayoría capaz de realizar esas reformas propias del pragmatismo socialdemócrata que se movía entre los límites del sistema; una mayoría que garantice los derechos sociales en el marco del sistema capitalista.

La socialdemocracia necesita reencontrar ese fulgor ausente en la mirada de aquel adulto, no dar por perdida la batalla instalada en la respuesta de aquel joven. Ese es el reto que la socialdemocracia tiene pendiente para volver a gobernar.

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Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, 1996) es jurista, finalizando el grado de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Cofundador de Estudiantes por Europa (ExE) y S. Gral. de European Law Student Association UC3M. Interesado en la educación, políticas de igualdad, fiscalidad y sistemas impositivos. Sumergido en todo lo relativo a la integración europea y el derecho comunitario. Colaborador ocasional en diferentes medios como contertulio o articulista.

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