Educación para el desarrollo: valores y contravalores del mundo global

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1-La búsqueda de nuevos territorios mentales

En la búsqueda efectiva de elementos que coadyuven a desarrollar la educación en valores muchos docentes y formadores/as hemos planteado la necesidad de realizar previamente un gran esfuerzo por someter a examen la sociedad actual. Una pequeña catarsis sin duda necesaria para cimentar bien la enorme e ilusionante labor en la cada vez más personas estamos inmersas.

Se trata de conocer la realidad de la que partimos a través de un análisis general de las causas y orígenes de los problemas y de un seguimiento que permita comprender cómo las sociedades modernas han llegado a esta situación de potenciar determinados contravalores y de permitir la pérdida de conexión del individuo con su entorno medioambiental rompiendo el ancestral pacto de solidaridad y supervivencia que nos permite sobrevivir como especie. Este conocimiento previo es fundamental antes de lanzarse a potenciar los valores que la educación para el desarrollo fomenta en las nuevas ( y no tan nuevas) generaciones.

Conocer la trayectoria, las contradicciones y la evolución del Sistema es una forma pedagógica y práctica de guiar la educación en valores hacia nuevos territorios mentales de pensamiento crítico, de acción solidaria y búsqueda de justicia social. El gran reto está en la manera de posicionar el concepto de ser en un lugar destacado de la vida de las personas en sustitución del actual tener, y hacerlo por convicción propia y con capacidad de transmitirlo a los demás como una forma beneficiosa de encarar la vida en sociedad. La Educación para el Desarrollo es una forma novedosa y honesta de aportar.

2-De la realidad social a la percepción social

La realidad de la que partimos es que parafraseando a Kant: “No vemos el mundo como es, lo vemos como somos nosotros.”  Es cierto que estamos siempre lejos de abarcar la esencia de la verdad y que a menudo el sesgo ideológico empaña nuestras gafas de realidad, pero eso no debe ser razón para renunciar a la búsqueda de la verdad y a la obligación moral de conocer lo que hay de verdadero en cada acción que analizamos, en cada actividad que potenciamos. Considerar la verdad como algo inalcanzable o no deseable es una de las grandes mentiras oficiales que están logrando posicionarse en el imaginario colectivo de la ciudadanía.

En general pensamos y actuamos en base a percepciones sociales más que a través de realidades sociales y lo que hoy percibimos como individuos y como colectividad tiene que ver con unas relaciones interpersonales difusas, superficiales y basadas en la mera economía, en el interés, la capacidad de consumo y la supervivencia del yo personal.

Uno de los elementos de contravalor que más daño hace y que más frena el desarrollo mental de las personas hacia nuevas formas solidarias de entender el mundo es precisamente la fuerte psicologización* de las personas en la sociedad actual con el encumbramiento del esfuerzo individual, el éxito rápido, la notoriedad, la obsesión por la imagen y el crecimiento personal como fin en sí mismo y la primacía del mundo interior del individuo.

Todo esto impera en la agenda social y mediática frente al descrédito y el poco valor que se otorga en nuestra sociedad al éxito de la colectividad, al esfuerzo común, la cooperación en lugar de la competición, en definitiva, lo poco que se publicita la cohesión social como atributo de una sociedad más equitativa y bien articulada.

3-La sociedad a examen. Valores y contravalores del mundo global

-Vivimos en una sociedad donde priman los valores e intereses urbanos y cosmopolitas a través de tópicos y generalizaciones bajo el paraguas de la globalización. Las ciudades, al menos las que forman parte de los circuitos más conectados al mercado global, no solo son estructuralmente malsanas y ecológicamente no sustentables, sino que constituyen la expresión más evidente de la irracionalidad del modelo social imperante.

-Vivimos en una sociedad inmersa en una grave crisis ambiental de tal calado que el estatus quo imperante tan sólo alcanza a ¡¡¿gestionarla?¡¡ negando la evidencia o prostituyendo su significado. Sigue siendo cuestión de la perpetuación de valores negativos o contravalores pues la Sociedad de Mercado no orienta sus fuerzas productivas principalmente hacia la producción de la vida (de los sujetos humanos, de los ecosistemas y de su reproducción), sino que lo hace hacia la producción de objetos (medios de producción).

-Vivimos en una sociedad que corrompe el concepto de democracia y participación ciudadana mientras que al mismo tiempo difumina y fracciona el poder y la capacidad de tomar decisiones hacia grupos de presión que en nada están relacionados con las preocupaciones de la gente y menos aún con la democracia como gobierno de la mayoría.

-Vivimos en una sociedad que premia y potencia lo aparente, visual, individual y relativo. Una sociedad que está impregnada de relaciones sociales superficiales, volátiles y efímeras donde anida el gen del egoísmo disfrazado de libertad personal. Por contra, esa misma cultura guarda silencio ante lo colectivo, lo lento, lo bien hecho, lo esencial y permanente, lo humano, lo trascendente. Los propios medios de comunicación construyen, difunden e imponen valores, imágenes y representaciones hegemónicas y lo hacen a contracorriente de las propuestas renovadoras que intentan romper ese círculo vicioso implícito en el sistema social.

-Vivimos en una sociedad donde se publicita la libertad como valor supremoa conseguir a través del desarrollo personal y del éxito, cuando la realidad es que se trata de reducir la libertad a la mera capacidad instrumental de elegir entre productos, consumo o estilos de vida más visuales y aparentes que auténticos. En modo alguno es una libertad que proponga o facilite opciones de vida rompedoras o con verdadera capacidad de afrontar los problemas colectivos desde una óptica alejada del pensamiento único imperante en la sociedad actual.

4-Socialización, valores y relaciones de poder

Una verdadera educación en valores tiene que tener como eje fundamental y prioritario no culpabilizar, no acusar o buscar un maniqueísmo que distinga buenos y malos. Ideológicamente son muchos los responsables (que no culpables) de la situación actual en cuanto a los bajos índices de buen vivir en el mundo global.

Aspectos difundidos desde la sociobiología cercanos al determinismo y tesis como la del “gen egoísta” han sido utilizados de forma implícita y a veces explícita en las explicaciones y justificaciones del egoísmo sistémico que impregna nuestras instituciones sociales y por extensión los centros de poder y decisión de la globalización impuesta. Sin duda los valores o contravalores que dominan la actual forma de vida occidental son el resultado de una determinada socialización de los individuos a través de la implementación de toda una cultura de lo material e intrascendente: valores, significados, experiencias de vida, intereses y costumbres que condicionan las pautas de comportamiento y mediatizan la acción social del individuo en cuanto que colectividad.

Todo lo anterior explicita la dificultad para conseguir un verdadero espíritu ciudadano y la intuición de un entramado que no perpetúa, pero sí facilitas situaciones de injusticia, insolidaridad, pobreza y exclusión social que afectan a millones de personas tanto del norte como del sur, pues la frontera ya no N-S, ahora se trata de exclusión / inclusión.

5-Individuo y sociedad. Estructura y libertad

Decíamos al inicio del artículo que conocer la trayectoria, las contradicciones y la evolución del sistema es una forma pedagógica y práctica de guiar la educación en valores hacia nuevos territorios mentales de pensamiento crítico, de acción solidaria y búsqueda de justicia social.

Desde una perspectiva sociológica nada es permanente y eterno en las reglas de interacción humanas, la acción social no está determinada de manera fatal por la sociedad y las instituciones, huyamos de todo determinismo y de cierta visión de que el actual estado de cosas es inalterable desde dentro, todo lo contrario, el individuo en sociedad es un poderoso agente de cambio y ha demostrado en múltiples ocasiones que el libre albedrío es una variable a tener en cuenta y un activo importante del comportamiento humano.

Es cierto que la estructura social, el sistema social y la cultura en su conjunto son un poderoso imán que influye en actitudes y comportamientos, crea pautas de conducta y orienta valores y creencias de los individuos cuando interactúan socialmente, pero no es menos cierto que todo el entramado social mencionado queda determinado, influido y mediatizado por procesos de cambio y renovación de toda índole que emanan de la voluntad de los individuos por modificar los estatus imperantes y provocar la caída de paradigmas dominantes y su paulatina sustitución por otros novedosos que traen consigo modificaciones legislativas, políticas, normativas, religiosas, culturales y de valores.

6-Conclusión. La educación para el desarrollo, una herramienta eficaz

Cómo conclusión me reafirmo en lo dicho, se trata de una descripción de la realidad social global confeccionada a base de grandes pinceladas sin más pretensiones que la de ilustrar someramente la dinámica social sobre la que se asienta el (nefasto) estado actual de cosas. Sólo una acción educativa integral y prolongada que consiga visibilizar una realidad no-etnocéntrica y alternativa se antoja un instrumento de cambio eficaz, y esa herramienta no es otra que la educación para el desarrollo, la educación en valores. Es una batalla de ideas y como tal la educación es el instrumento adecuado.

No se trata simplemente de malvados capitalistas y financieros locos o suicidas, políticos corruptos y ciudadanos/as ineptos. La evolución hacia el precipicio medioambiental y socioeconómico al que nos dirigimos tiene una sólida base centrada en una estructura social cuyas instituciones de primer orden están agotadas, sin ideas potentes y donde crece la desafección y la deslegitimación del poder estatal y supranacional, con un capitalismo que corre de acá para allá como un pollo sin cabeza, vendiendo un futuro que ya no le pertenece y que pocos le compran.

Desde esta verdad global de sociedad desnaturalizada y ciudadanía abotargada es desde donde debemos continuar (sin duda con muchas dificultades) a través de la educación cambiando criterios y poniendo de moda valores solidarios, ecológicos y de justicia social y al mismo tiempo los formadores/as, docentes y todo aquél que se quiera sumar debemos inducir e inculcar en los demás la libertad de pensamiento, la capacidad de análisis y la crítica al poder como forma de acercarse a la verdad y por la verdad al cambio que sólo será posible cuando el propio Sistema se rinda silenciosa y disimuladamente a la evidencia y lo acepte como inevitable. Esa es nuestro objetivo, objetivo que se puede lograr a través de la herramienta potente que significa la Educación en Valores y para el Desarrollo.  Esperemos que no sea demasiado tarde.

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Guillermo Garoz López

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, Máster en Recursos Humanos y Gestión por Competencias, Docente en Formación Profesional para el Empleo y Técnico Universitario en Orientación Laboral. Formador de cuadros sindicales en el sector comercio durante más de diez años, con un conocimiento teórico-práctico de los procesos de cambio y precarización en las condiciones de trabajo de los empleados de comercio. Actualmente elabora un estudio sobre el impacto que ha tenido la liberalización de horarios comerciales sobre las condiciones de trabajo y de vida de los empleados de grandes almacenes e hipermercados.

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