China y Rusia: ¿Una relación de conveniencia o estratégica?

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Las relaciones entre Rusia y China históricamente han estado marcadas por unos constantes altibajos. A día de hoy parece que ambos países se necesitan económicamente y que tienen intereses coincidentes en el mundo internacional, pero ¿esto es temporal o será duradero?

Hasta la caída de la Unión Soviética las relaciones entre estos dos países eran gélidas, pese al pensamiento que se tenía en occidente de un  bloque soviético granítico e inquebrantable. Esta tensa relación tuvo su punto más álgido en los choques fronterizos entre el Ejército Rojo y el Ejército de Liberación Popular en 1969. Este resquebrajamiento en la relación permitió posteriormente articular la política triangular a la Administración Nixon y la apertura de relaciones con la China de Mao.

Con el primer gobierno de Yeltsin y más específicamente con la llegada al ministerio de asuntos exteriores de Yevgueni Primakov se empezaron a restructurar las relaciones entre estos dos países, firmándose en 1996 el “Acuerdo de Asociación Estratégica” que posteriormente se ha desarrollado hasta convertirse en la pieza fundamental de la relación entre estas dos potencias.

El motivo de este primer acercamiento lo encontramos por una parte la necesidad de Rusia de ser considerada una gran potencia y una alianza con China le conferiría mayor poder de negociación con Washington. Por parte china, Pekín necesitaba acabar con las disputas en la frontera norte que comparte con Rusia, además de asegurarlas tras la caída de la URSS para centrar sus esfuerzos políticos en el desarrollo económico y en cierta parte militar para lo cual, la economía rusa, rica en productos energéticos y exportadora de armamento militar, era perfecta.

Este acuerdo se fortaleció con el documento fundacional de esta nueva relación, que parecía tener vocación de permanencia, la “Declaración conjunta sobre un mundo multipolar y el establecimiento de un nuevo orden internacional” en 1997. En esta declaración se exponían las líneas comunes compartidas por ambos países, que podemos resumir en dos; que el orden mundial dominado por la unipolaridad estadounidense debía transformarse en un mundo multipolar y que en ese nuevo orden mundial multipolar estaría fundamentado en conceptos Westfalianos. Así esta declaración no solo ponía en común los intereses generales de ambos Estados, sino que también ponía en común las teorías que regían la política exterior de ambos países la “doctrina Primakov” por parte de Rusia y “los principios de la coexistencia pacífica” por parte de China.

Con la llegada de Putin a la presidencia rusa se firmó otro tratado en 2001 el “Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa”. Este tratado consiste fundamentalmente es en un acuerdo de consultas entre ambos países para solucionar temas de intereses comunes, la reducción de tropas en la frontera común y el inicio de colaboración en ejercicios militares conjuntos entre los dos países.

Sin embargo pese al buen camino que habían tomado las relaciones, se comenzaron a ver los primeros indicios de algo que se repetiría cíclicamente, y es que Rusia acude a Pekín como contrapeso cuando las relaciones con occidente se tensan y China acude a Moscú, como una forma de descargar una política exterior mucho más asertiva contra Estados Unidos sin que esto repercuta en su relación con Washington. Un ejemplo de esto, es el apoyo que proporciono Putin a Estados Unidos tras el 11 de Septiembre, cediendo incluso bases a las tropas de la OTAN. Otro ejemplo es el uso de la amenaza de redistribuir la venta de recursos energéticos destinados a Europa hacia China.

Así y pese a compartir los tratados de asociación, que no de alianza, términos que no son lo mismo y que para la diplomacia china tienen un significado muy distinto. Además de compartir presencia en organizaciones globales y regionales como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái, nos encontramos con que la relación entre estos dos países tiene un futuro con grandes obstáculos.

En primer lugar nos encontramos el estatus con el que se tratan ambos países, ya que China ve a Rusia como una potencia en claro declive por datos como que el PIB de China es cuatro veces mayor que el de Rusia o el descenso vertiginoso de la demografía rusa, problema que Rusia considera de seguridad nacional y que contrasta con la demografía china.

Sin embargo, Moscú se considera, junto a Estados Unidos y China los tres grandes actores estratégicos independientes del mundo y la falta de una igualdad en el trato o intento de presión o satelización por parte de Pekín puede provocar una reacción virulenta en los líderes rusos.

En segundo lugar, tenemos que tener en cuenta el factor de las relaciones históricas, como ya hemos mencionado anteriormente, son países que han mantenido altibajos en sus relaciones. Por  una parte en la memoria histórica rusa y en su percepción del mundo se encuentra las diferentes invasiones que ha sufrido el país y especialmente la opresión  a manos de las hordas tártaras en los siglos XIII a XV. Por parte de los dirigentes chinos, no se olvidan las tensas relaciones que se mantuvieron con la URSS y el llamado “siglo de la humillación” en el que las potencias coloniales sometieron al imperio chino. Entre estas potencias se encontraba Rusia que a través de diversos tratados desiguales, como el Tratado de Aigun o la Convención de Pekín, arrebato territorios y zonas de explotación económica a China.

Por último, el aumento en el presupuesto militar chino, que ha supuesto la reacción rusa de la realización de maniobras militares en el Lejano Oriente y la inversión en su Flota del Pacifico, además de la negativa por parte de Rusia a compartir su nueva tecnología militar con China por miedo a que sea copiada entorpece uno de los sectores en los que más colaboración había. En el otro sector estratégico, el sector energético, China se ha quejado por una parte porque se les intente hacer firmar acuerdos económicos a largo plazo, con el mismo precio que lo suministra a occidente y por otra parte, ya han sido varias las quejas del gobierno chino debido al lento crecimiento del comercio bilateral y la resistencia de Rusia a abrir sus mercados de exportaciones a China.

Finalizando podemos decir que pese a que la relación existente actualmente entre Rusia y China es la más duradera y exitosa desde hace épocas esta relación, es una relación de conveniencia donde no existe una clara visión hacia donde se dirige, aparte de actuar como contrapeso a la hegemonía de Estados Unidos. Ambos países son conscientes de los intereses en los que se basa esta relación y no excluyen actuar o tomar decisiones para obtener ventajas a costa del otro. Así que es dudoso que en un futuro veamos a China y Rusia desarrollando la cooperación existente para transformarla en una alianza militar ya que ninguno de los dos quiere verse envuelto en los conflictos militares que ataña al otro.

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Pablo Andrés Gutiérrez

Pablo Andrés Gutiérrez (Madrid, 1995), es graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y tiene un Máster sobre la Unión Europea y su relación con los países del Mediterráneo. Actualmente se encuentra realizando el curso de Defensa Nacional en el CESEDEN. Especialista en las Relaciones Internacionales, geopolítica y seguridad.

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