Valls, ¿fichaje estrella o estrellado?

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La campaña electoral catalana del pasado mes de diciembre pudo dejarnos indicios de que algo se estaba cociendo entre el ex dirigente francés y Ciudadanos. No resulta sorpresivo el anuncio del posible fichaje, si se tiene en cuenta que Manuel Valls comenzó a tantear el terreno y a probar la sintonía con el conjunto liderado por Albert Rivera durante los convulsos comicios al Parlament. Su participación en diferentes actos políticos bien pudo servir para medir temperaturas y comenzar a proyectar su imagen sobre el electorado.

La candidatura naranja cogerá oxígeno si finalmente su compromiso se hace oficial, aunque el partido de Rivera tendrá que estimar aquello que evidencien las encuestas internas y tomar decisiones respecto a los mensajes que podría articular Valls, ya que su figura emplaza de lleno el debate independentista sobre el consistorio barcelonés. Un terreno pantanoso donde hasta ahora el electorado no se ha movido principalmente alrededor de las cuestiones soberanistas, sino por asuntos de corte social y local relacionados con la movilidad, como la prolongación del tranvía, o la gestión turística. Sin embargo, su fichaje puede ser una gran jugada de Ciudadanos: presentar una candidatura con suficiente cintura como para atraer al votante de centro-izquierda, a la vez que pretende noquear definitivamente al Partido Popular, al borde del colapso. La capacidad de captar a los electores de estos últimos en Barcelona quedó patente en el 21-D, también en 2015, cuando Ciudadanos consiguió cinco concejales en el ayuntamiento de Barcelona en detrimento del grupo popular, el cual tuvo una importante fuga de papeletas y pasó a obtener tres concejalías de las ocho que lograron en 2011.

La competencia de Valls para atraer votos dependerá también de cómo jueguen las cartas sus rivales más próximos, especialmente el PSC, quien pudiera explotar el pasado del antiguo dirigente francés en su propio beneficio y minar su imagen. Primer Ministro con François Hollande, Valls fue partidario de llevar a cabo diversos paquetes de medidas que sacrificaron el gasto social, unas decisiones críticas e impopulares, tanto para la izquierda como para sectores del partido. Con el conjunto del PS francés resquebrajado por la absorción del ala más liberal por parte de Macron, Valls abandonó el partido, o como declaró, el partido lo abandonó a él.  Su salida se produjo en enero de 2017 después de fracasar frente a Benoît Hamon, perteneciente al sector más izquierdista del partido, en la carrera por ser candidato al Elíseo dentro del proceso interno de primarias. Veremos qué bazas utiliza Jaume Collboni, candidato por el PSC, para plantar cara a quien fuera su homólogo en el partido socialista francés.

El plausible fichaje dibuja diversos escenarios. En el hipotético caso de que fuese incapaz de revalidar el resultado de Arrimadas en la circunscripción, ello condenaría a Valls al ostracismo y podría suponer un batacazo que le llevase a renunciar al puesto en la oposición, en función de lo acordado con el partido. Si recapitulamos, a las elecciones generales del 26-J (2016), los votos naranjas crecieron en Barcelona alcanzando los 86.641. Cantidad que se disparó con la candidatura de Arrimadas en las autonómicas recogiendo 219.542 papeletas, eso sí, con un índice de abstención del 18.4%. Un factor de significativa relevancia, dado que los votantes están mucho más movilizados en las autonómicas que en las municipales, donde en 2015 un 39,39% del censo no fue a votar.

Conseguir una alta participación será una de las claves para que Ciudadanos consiga engordar sus votos, más allá de arañar electores susceptibles de votar al PSC o al Partido Popular. El futuro equipo de Valls tratará de evitar un escenario con un alto índice de abstención, previsiblemente enarbolando mensajes con mención a Europa y en continuidad con aquellos que tanto rédito les han supuesto en los últimos comicios extendiendo el debate independentista a la cámara del consistorio.

En el conjunto naranja toca ver qué revelan los datos internos y evaluar la credibilidad de Valls en el votante de su esfera, porque quizás, dar ahora un paso atrás pudiera significar que las propuestas del partido no son lo suficientemente convincentes.

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Juan Fernández

Juan Fernández Crespo (Madrid, 1994) es graduado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente cursa el Máster en Márketing Político del Institut de Ciències Polítiques i Socials (UAB). Con alto interés en la comunicación política y la geopolítica, desempeña labores de comunicación y planificación estratégica.

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