Medio siglo del vertiginoso año de 1968 (III): Alemania

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Tres son los escenarios principales en los que tuvieron lugar los eventos del 68 en Europa: Alemania Occidental, Francia y Checoslovaquia.

En Alemania Occidental, en primer lugar y como hecho distintivo, las generaciones más jóvenes tenían la necesidad de afrontar el pasado nacional de forma distinta, pues la etapa nazi no se veía totalmente superada.

La denominación de las protestas estudiantiles como Oposición Extra Parlamentaria (Außerparlamentarische Opposition, “APO”) tiene su origen en 1966 con la formación de la primera Gran Coalición (Große Koalition, “GK”) entre los conservadores de la CDU y el Partido Social Demócrata alemán (SPD), en ese momento sólo el Partido Liberal (FDP) permanecía dentro del parlamento y fuera del gobierno (con 49 escaños sobre algo más de 500).

El canciller de la GK era Kurt Georg Kiesinger (CDU), quien no había llegado al cargo siendo candidato en las elecciones federales, sino a través de un acuerdo entre los partidos, y que en los años 30 había sido miembro del Partido Nazi.

Aunque esta deriva institucional generaba un rechazo a las consideraciones de autoritarismo y actitudes iliberales del establishment, el germen de las protestas estaba cimentado en otros factores. En general, el cuerpo estudiantil había sido tradicionalmente conservador y procedía de las clases media-alta y alta; en cambio la propia extensión del acceso a la educación superior en la sociedad de postguerra había propiciado por ver primera la presencia de numerosos estudiantes de extracción obrera, socializados en un ambiente político distinto: había una base de ruptura estructurada entorno a los JUSOS (Juventudes Socialistas).

En el aspecto económico se habían producido las primeras señales de los límites en modelo de Economía Social de Mercado. El llamado “Milagro Alemán” de los 20 años precedentes, que había permitido no sólo una rápida reconstrucción industrial, sino el establecimiento de una estructura económica fuerte y con mecanismos de redistribución, había frenado su ritmo de crecimiento. Las generaciones jóvenes entendían que se produciría un viraje de modelo, que trasladaría el destino de la riqueza del país, pues de ser orientada a la mejora de las condiciones de vida del pueblo, pasaría al aumento de la brecha entre los ricos y la clase trabajadora.

Entre otros cambios de política económica, el gobierno quería reformar las universidades, introduciendo un límite de tiempo en los cursos y en el número de estudiantes: este cambio tenía como objetivo gestionar los recursos destinados a la educación en base a las necesidades del mercado, produciendo más graduados y más rápido. Los estudiantes, sin embargo entendieron que las universidades tendrían que enfocarse hacia otras metas: querían más derechos en el funcionamiento de los centros, lugares de trabajo mejor equipados y la expulsión de los profesores que habían estado activos durante el III Reich. Las juntas universitarias no reaccionaron a la protesta de los estudiantes e introdujeron el límite de tiempo para estudiar. A la vuelta de las vacaciones, en otoño de 1966 las primeras manifestaciones ya alcanzaron millares de participantes.

El gobierno intentó desactivar la situación disminuyendo los fondos para las universidades y las organizaciones estudiantiles, y volviendo la opinión pública contra los estudiantes con la ayuda de la prensa sensacionalista y conservadora (siendo especialmente activo el Grupo Springer, editor del Bild y Die Welt). Desde las élites y entre las cohortes más maduras, se entendía que los estudiantes deberían dedicarse a estudiar y no a manifestarse… y se inicia la espiral acción/reacción cuando las protestas comienzan a ser reprimidas por la policía. Sin embargo, al aumentar la presión sobre los estudiantes, más se encona su conflicto con el gobierno.

La fractura generacional estaba ligada a su vez al pasado antes mencionado: aunque los estudiantes entendían que el régimen constitucional no era suficientemente militante contra el fascismo, el histórico y el potencial, los padres no se sentían concernidos por lo sucedido en Alemania durante los años 30 y 40; y desde el establishment se transmitía la sensación de ser acusados injustamente tras haber configurado un régimen institucional de orden social y liberal.

En junio de 1967, las protestas trascienden las universidades cuando los estudiantes organizan manifestaciones contra la visita oficial del Sha de Persia. En su opinión, el gobierno alemán estaba realizando un ejercicio de cinismo con su actitud positiva hacia un dictator. La política exterior ya se encontraba fuertemente cuestionada por el apoyo a la intervención norteamericana en Vietnam, frente a “un movimiento popular de liberación”. Y en general, la toma de conciencia en Europa de las diferencias Norte-Sur había prendido.

La represión policial durante la visita del Sha causó la muerte del primer estudiante y el movimiento estudiantil comenzó a radicalizarse. Meses después, en la Pascua de 1968, se produciría el intento de asesinato de Rudi Dutschke, el carismático líder del sindicato estudiantil (Dutschke recibió tres disparos y nunca logró recuperarse). Los estudiantes, indignados porque el Grupo Springer había declarado a Dutschke “enemigo público”, protestaron por todo el país bloqueando los edificios de Springer. Durante estas acciones, alrededor de 400 estudiantes resultaron heridos y dos más murieron.

El gobierno reaccionó aprobando una Legislación de Emergencia que fue contestada en la calle por estudiantes y sindicatos. A pesar de la movilización popular y del voto en contra del FDP y de una cincuentena de representantes del SDP, la sensación fue de derrota, y el movimiento estudiantil comenzó a disgregarse en pequeños grupos con distintas prioridades de agenda, en muchos casos enfrentados entre sí.

A pesar del resultado a corto plazo, los efectos del movimiento estudiantil tuvieron gran trascendencia cultural y política. Sus demandas cambiaron las prioridades sobre educación y crianza y emergieron los Nuevos Movimientos Sociales. El feminismo y el ecologismo trascendieron el papel de los sindicatos de clase.

En las elecciones de 1969, el socialdemócrata Willy Brandt obtuvo una pequeña mayoría parlamentaria, formando un gobierno de coalición con el FDP. En su primer discurso como canciller, Brandt expuso su programa de reformas terminando con sus famosas palabras, Wir wollen mehr Demokratie wagen (literalmente: “vamos a atrevernos a más democracia”). Este discurso hizo que Brandt, así como el Partido Socialdemócrata, fueran populares entre la mayoría de los estudiantes y otros jóvenes de Alemania Occidental, que deseaban un país más abierto y plural que la un tanto autoritaria Bundesrepublik que había sido establecida después de la Segunda Guerra Mundial. En el ámbito material, las reformas del gobierno SDP-FDP significaron que los fondos para políticas sociales de redistribución (cobertura sanitaria, educación, vivienda…) se doblaron en seis años. En política exterior se abrió el diálogo con el Este y en cuanto a la Administración se investigó y se separó de sus puestos a varias decenas de personas por sus actividades políticas antidemocráticas.

Si bien un pequeño número de activistas de la APO como Andreas Baader o la periodista Ulrike Meinhof se radicalizaron en la Fracción de la Armee Rote (Fracción del Ejército Rojo, “RAF”), en lo que comúnmente se conocía como el Bewaffneten Widerstand (Oposición Armada: llevando a cabo incendios en grandes almacenes, robo de bancos, secuestros e incluso asesinatos cometidos contra figuras del mundo de los negocios, la política y la justicia), estas Células Revolucionarias, activas hasta la década de 1980, carecieron de apoyo popular y fueron derrotadas policialmente. En cambio, “la marcha hacia las instituciones” promulgada por Dutschke fue implementada, lentamente pero con éxito. Esta estrategia de entrismo en las instituciones -clásica entre el Troskistas de la Cuarta Internacional-, primero en los niveles locales y regionales y más tarde sobre causas globales como el pacifismo y la política antinuclear, derivó en la formación del Partido Verde, que llegó al Bundestag en 1983.

Treinta años después, un número significativo de los miembros del gobierno de coalición roja-verde (1998-2005) de Gerhard Schröder (SPD) y Joschka Fischer (Verde) tuvo un papel destacado en este movimiento. En la biografía personal de ambos hay episodios cruciales en esos años, de orígenes humildes, pasaron por distintos empleos (Schröeder en un comercio y Fischer en una fábrica); y antes de su salto definitivo a la política, convivieron con los protagonistas del 68 alemán, en los estudios, en el ejercicio de la abogacía (Schröeder) y hasta como compañeros de comuna (Fischer). De esas vivencias, del aprendizaje de gestión en equilibrio entre idealismo y pragmatismo, resultó un programa de modernización y reformas del que aún es deudora la actual Alemania, y que tuvo su máxima expresión de ruptura con la política tradicional en la oposición alemana a la intervención norteamericana en Irak.

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Pelayo Cobos

Pelayo Cobos (Gijón, 1979), es Licenciado en Ciencias Políticas, Administración Pública y Relaciones Internacionales por la Universidad del País Vasco. MBA por la Universidad de Oviedo y Curso Superior de Estrategia y Gestión del Comercio Exterior por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX). Ha realizado un curso de Política Internacional Comparada en la Universidad de Oslo (Noruega). Cuenta con más de diez años de experiencia profesional en mercados internacionales, trabajando en el sector financiero, con empresas industriales y como consultor independiente.

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