Primero de julio: ¿Fin de la hegemonía priista?

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Tras noventa días de campaña y con más de un centenar de candidatos asesinados, según distintas fuentes, el pueblo mexicano está llamado a las urnas el próximo domingo 1 de julio, en las que se vaticinan como unas elecciones históricas.

La cita electoral del próximo domingo tiene unas dimensiones considerables, además de elegir al Presidente de la República, están en juego los quinientos escaños de diputados federales, ciento veintiocho de senadores, nueve gobernadores y más de mil quinientas alcaldías y otros puestos de elección política.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que retomó el poder en 2012 con Enrique Peña Nieto, se enfrenta a unas encuestas nada halagüeñas. El sexenio de Peña Nieto, marcado por una violencia e inseguridad extrema, ha impregnado a la candidatura del PRI de un rechazo considerable que sitúa a José Antonio Meade lejos de la victoria presidencial. Pese al calado de las reformas realizadas por el Ejecutivo de Peña, éste arrastra una popularidad mínima desde hace años (último trimestre de 2017, un 17%), lo que parece alejar a gran parte de su electorado.

En un esfuerzo sobrehumano por zafarse de la sombra de su partido, el candidato del Gobierno y exsecretario de Hacienda intenta arrebatarle la segunda posición al panista Ricardo Anaya, candidato del PAN. Sin embargo, las últimas encuestas le siguen manteniendo por detrás del panista.

En la disputa por ese segundo puesto y, a más de veinte puntos del favorito de las encuestas, Ricardo Anaya encabeza la candidatura de la coalición ‘Por México al Frente’, integrada por el PAN –su partido-, el PRD y el MC. La figura de Anaya, que el NYTimes asemejaba a Trudeau y a Macron se ha visto asediada por diversas acusaciones de corrupción que se han intensificado según transcurría la campaña; el último escándalo, hace escasos días, sobre una posible financiación ilegal de la campaña. Ese empaño continuado ha provocado que su discurso moderado, reformista y avanzadamente tecnológico no haya conseguido un gran calado entre los votantes. A ello, habría que sumar la profunda división interna del PAN, que mantiene enfrentada a distintas familias que pretenden desgastar el liderazgo de Anaya con el fin de que deje la presidencia después de las elecciones.

Con esta perspectiva de resultados, el Partido Acción Nacional (PAN) continúa su decadencia, empeorando los resultados de las presidenciales de 2012, donde obtuvo un 25,41% de los votos, tras perder la presidencia el panista Felipe Calderón.

Si llegan a cumplirse las predicciones, los dos partidos tradicionales, PRI y PAN, que se han alternado en el poder en los últimos setenta años, pasarían a la oposición.

En el otro lado de la contienda y como claro favorito de las encuestas, se encuentra el antiguo priista, Andrés Manuel López Obrador, quien fundó en 2011 el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), partido por el cual se presenta a estos comicios. Aunque su proyecto no presenta ninguna medida estrella, López Obrador encabeza todas las encuestas, otorgándole algunas incluso más del 50% de los votos.

Con un discurso encaminado a la lucha contra la profunda desigualdad social y la corrupción que ha achacado a numerosos altos cargos de la República, el candidato de la izquierda se ha apuntalado en un cómoda ventaja con respecto  a sus dos principales adversarios –Anaya y Meade-.

Aunque la campaña no ha sido reveladoramente ideológica, sino más bien centrada en la frustración social y la corrupción, también otros temas como la inmigración o la lucha contra el narcotráfico y la reducción de la violencia, han centrado el ánimo electoral con el que Obrador ha intentado lidiar. Con discursos cargados de argumentos emocionales y un discurso abstracto López Obrador ha conseguido –o eso parece al menos- ganarse la confianza de una ciudadanía hastiada. A la par de ese discurso emotivo, el líder de Morena reprendía a sus adversarios con las pautas básicas del discurso populista de la deslegitimación en base a la manifiesta corrupción del partido en el gobierno. En medio de su proyecto –o ausencia del mismo-, quizás la medida que más atención suscitó fue la controvertida amnistía para narcotraficantes que propuso en el debate presidencial, hecho que fue utilizado por el resto de candidatos para ponerlo contra las cuerdas.

No obstante, independientemente de quién more Los Pinos durante los próximos seis años, habrá que ver cómo quedan configuradas la Cámara de Diputados y el Senado de la República. La coalición de López Obrador, ‘Juntos Haremos Historia’ que además de su partido aglutina al Partido de los Trabajadores (PT) y al Partido Encuentro Social (PES), tendrá una ardua tarea para mantener fieles al pacto a los conservadores y a la izquierda, sobre todo en temas como el aborto, el matrimonio homosexual y la liberalización económica.

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Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, 1996) es jurista, finalizando el grado de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Cofundador de Estudiantes por Europa (ExE) y S. Gral. de European Law Student Association UC3M. Interesado en la educación, políticas de igualdad, fiscalidad y sistemas impositivos. Sumergido en todo lo relativo a la integración europea y el derecho comunitario. Colaborador ocasional en diferentes medios como contertulio o articulista.

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