El “ultimátum” de Torra evidencia la falta de cohesión independentista

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Raudo y veloz acudió el gobierno para, mediante su portavoz Isabel Celaá, contestar al ultimátum que planteó Quim Torra. El president advirtió a Pedro Sánchez en el pleno del Parlament que tiene hasta noviembre para materializar el derecho a la autodeterminación de Catalunya. Si no lo hace, Torra aseguró que “el independentismo no podrá asegurar ningún tipo de estabilidad” al gobierno. El ejecutivo central, como acostumbra a hacer con Catalunya, no dio tiempo a que la oposición hiciera leña del árbol caído y su portavoz Celaá advirtió que el gobierno “no acepta ultimátums”.

La propuesta de Torra, aunque se suavizó horas después con la carta que éste envió a Sánchez eliminando la fecha límite de noviembre, no recibió el apoyo del bloque independentista. Gabriel Rufián, de ERC, aseveró que “los ultimátums los carga el diablo”, mientras que la CUP mantuvo su habitual discurso sobre ejercer el derecho a la autodeterminación y no esperar diálogo al respecto.

El ultimátum responde a una estrategia urdida por la vía independentista de Carles Puigdemont y se pudo producir por la presión que llegaba desde las calles. Puigdemont y, por ende, Torra, sabe que, ante la falta de discurso y de hoja de ruta viable, su mejor opción es la confrontación con el estado. Retirar el apoyo parlamentario al débil gobierno del PSOE supondría, a corto plazo, la falta de presupuestos y, eventualmente, la convocatoria de elecciones. A pesar de las buenas perspectivas electorales del PSOE después de la moción de censura, Sánchez ha podido perder viento de cola después de la dimisión de Carmen Montón, el escándalo por su tesis o las publicaciones sobre Pedro Duque. El próximo CIS arrojará luz al asunto.

Así, en unas hipotéticas elecciones el PP y Cs tendrían motivos para el optimismo. Un optimismo que, posiblemente, podría compartir el sector independentista cercano a Puigdemont, puesto que nada ha dado más poder al independentismo que el Gobierno de Mariano Rajoy. Durante años el enfrentamiento dialéctico entre Rajoy y Artur Mas, primero, y Puigdemont más tarde, ha dado alas a los dos sectores. Cada embestida contra Cataluña daba votos al PP, y cada golpe que encajaban los independentistas suponía un apoyo más a la causa. Tanto unos como otros ven en el choque gasolina para avivar su fuego electoral.

El ultimátum parece encabarse en una estrategia de bombardeo a Sánchez, con la esperanza de tumbarlo y propiciar la vuelta al poder de los partidos ávidos del 155 en Cataluña. Esta estrategia se vio plasmada, por ejemplo, en la sustitución de Marta Pascal al frente del PDECat. Pascal, clave en la moción de censura, forma parte del sector más dialogante del partido junto con Carles Campuzano, aquella que estaría más dispuesta a mantener a Sánchez en la Moncloa. Cabe recordar que fue Campuzano el que presentó una moción en el Congreso que instaba al gobierno a afrontar el diálogo. No recibió apoyo dentro de su propio partido.

Frente a la propuesta del ultimátum, el bloque independentista respondió de manera dispar. La contestación de la CUP no sorprendió a nadie, puesto que rechazan de pleno cualquier atisbo de negociación con el estado. Sin embargo, llama la atención que ERC se pusiera de espaldas frente a la propuesta de Torra.

Gabriel Rufián primero y Sergi Sabrià más tarde rechazaron la propuesta de Torra y empezaron a marcar perfil de cara a las elecciones municipales. El partido sigue la vía que su líder, Oriol Junqueras, indica desde prisión. No fue casualidad que Íñigo Urkullu, uno de los más vehementes defensores del diálogo en Cataluña, posiblemente porque el lehendakari pretenda reclamar lo mismo para Euskadi en un futuro, visitara a Junqueras en prisión. ERC, pues, presenta una actitud posibilista frente al rupturismo y la confrontación que ofrece la vía Puigdemont, que cristalizará con la creación de la Crida Nacional, prevista para diciembre. Tras la experiencia de JuntsxSí, ERC no parece dispuesta a diluirse en una sopa de siglas. Las palabras de Rufián en el Congreso así lo plasmaron: “por el grupo de ERC en Madrid solo habla ERC en Madrid”.

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Adrián Lizanda

Adrián Lizanda Herrera (Barcelona, 1996) es graduado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Ha trabajado en la sección de política de informativos de TV3, en EL FARADIO y colabora con The Local Spain. Le interesa el análisis político.

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