¿Cómo ve el mundo China? De Confucio al siglo de la humillación

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Todo comportamiento de un Estado y de sus habitantes viene dado, en parte, por el bagaje que adquiere a lo largo de su historia, esto conforma la cultura, las formas políticas, las formas de negociación e incluso el tipo de economía. Esto significa que antes de valorar el comportamiento de un Estado, debemos comprenderlo, dado que una acción determinada puede ser insignificante en un Estado mientras que en otro puede ser un gran agravio.

El comportamiento del gigante asiático no es una excepción a esta norma, para entender su visión que tiene China del mundo debemos irnos a la época de la Antigua China.

En este tiempo la extensión máxima territorial y la esfera cultural del Imperio Chino era mucho más grande que el de cualquier Estado europeo y comparable a la extensión de la Europa actual. La lengua y la cultura chinas, así como el mandato político de su emperador, se extendían a todos los territorios conocidos por el imperio. Esta amplitud y variedad del territorio constata la idea de que China era un mundo en sí, que mantenía la concepción del emperador como figura de trascendencia universal que presidía “todo lo que había bajo el cielo”

Como vemos China ya era un imperio y una potencia regional que tenía conciencia sobre sí misma, a este Reino Medio se le añadió la creación de unos valores propios, cuyas directrices provenían del filósofo Confucio (551-473 a.C). Los puntos básicos de esta filosofía fueron tomados como principios de gobierno, creando un orden social jerárquico en el que se buscaba la redención del Estado por medio de la rectitud en el comportamiento individual. El confucianismo era un pensamiento que estaba orientado hacia el mundo terrenal,  no era una guía para después de la muerte.

Respecto a los conceptos que poseían de las relaciones internacionales eran muy diferentes a occidente, debido que mientras que en occidente se daba un equilibrio de poder establecido tras la Paz de Westfalia (1648), China nunca había mantenido una relación de igualdad con ningún país debido a su magnitud tanto política como cultural. Los enviados extranjeros no iban a la corte imperial a establecer negociaciones o tratar asuntos de Estado; iban a rendir pleitesía al emperador. Cuando la corte china se dignaba a mandar enviados al extranjero, no lo hacía en calidad de diplomáticos, si no como Enviados Celestiales de la Corte Celestial que se dignaban a civilizar a otras culturas.

Pese a esta posición de prepotencia, los estadistas chinos utilizaban incentivos comerciales y políticos para hacer que los pueblos y Estado de su alrededor siguieran sus normas consiguiendo proyectar la figura temible del emperador, incluso cuando eran vencidos por dinastías extranjeras, los invasores acababan utilizando todo el entramado cultural y burocrático ya existente, es decir, conquistaban culturalmente a los invasores situación parecida a lo que sucedió entre  Roma y Grecia.

A esta forma de ver las relaciones internacionales le añadimos la “realpolitik china” y es que podemos observar un gran contraste entre la forma de afrontar los asuntos de Estado entre occidente y oriente. Mientras que la tradición occidental valoraba el choque de fuerzas decisivo que ponía de relieve las gestas heroicas, el ideal chino hacía hincapié en la sutileza, la acción indirecta y la paciente acumulación de ventajas relativas. El que mejor representa esta tradición es Sun Tzu con su tratado “El arte de la Guerra”. La distinción más clara entre Sun Tzu y los distintos escritos occidentales es el énfasis que hace en los elementos psicológicos y políticos en relación con lo meramente militar. Da importancia a todos los factores y expone que todos los factores influyen y deben de ser observados para alcanzar los objetivos. Su obra “El arte de la guerra” articula una doctrina más de dominio psicológico que de conquista territorial.

Tras esta dominación del continente asiático hay un hecho que marca un punto de inflexión en la historia de China y que aún perdura en la memoria del país; la guerra del opio. Los diferentes imperios occidentales empezaron a centrar sus miradas en oriente y desplazaron el sistema sinocentrico por una visión completamente diferente del orden mundial. Esto hizo tambalear los cimientos de la civilización china.

Esta guerra del opio  se produjo debido a una sucesión de choques comerciales, en los cuales las potencias occidentales querían obtener ventajas comerciales, siendo la insistencia en la importación ilimitada de opio a China la gota que colmó el vaso. China erradico el comercio del producto y Gran Bretaña uso esta prohibición para entrar en conflicto pidiendo la reparación de los daños infligidos por las autoridades chinas a los súbditos británicos residentes en China, así como la cesión de diferentes islas. El conflicto acabo con la cesión de derechos especiales sobre Hong Kong, una indemnización de seis millones de dólares además del tratamiento en igualdad de condiciones entre los funcionarios de ambos países. Esta derrota frente a los imperios occidentales supuso el inicio de la decadencia del imperio Chino y de lo que más tarde se llamaría el siglo de la humillación.

Sin embargo,  la forma de actuar, la visión de los conflictos de Sun Tzu y la influencia del confucianismo se pueden ver en la política china de hoy en día. Algunos ejemplos de ello son la política de pandas que tiene china, destinada a agasajar a otros Estados, su diplomacia de win-win proyectando una imagen atractiva y amistosa basada en la teoría confuciana del ascenso pacifico o los diferentes conflictos que ha tenido con países limítrofes con India o el conflicto enquistado de Taiwán.  Otro ejemplo es la territorialidad del que tiene el país respecto a sus vecinos, la cual viene en parte debido al recuerdo del siglo de la humillación.

Como hemos podido observar, los sucesos que hemos comentado anteriormente, junto con el  desarrollo cultural han marcado la forma que tiene China de ver el mundo, sus reivindicaciones, miedos y características diplomáticas y resulta indispensable tenerlas en cuenta para entender los comportamientos del dragón asiático.

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Pablo Andrés Gutiérrez

Pablo Andrés Gutiérrez (Madrid, 1995), es graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y tiene un Máster sobre la Unión Europea y su relación con los países del Mediterráneo. Actualmente se encuentra realizando el curso de Defensa Nacional en el CESEDEN. Especialista en las Relaciones Internacionales, geopolítica y seguridad.

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