Vox no es Blas Piñar

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Después de escuchar hasta el agotamiento la expresión ‘extrema derecha fascista’ o ‘extrema derecha anticonstitucional’ en los últimos días, quizá sería buen momento para dejar de utilizar el tópico -o de expulsar toda la bilis, depende de cómo de afectado se sienta uno por la irrupción de Vox- y empezar a analizar de forma tranquila el fenómeno político ante el que nos encontramos.

Porque, por empezar por el primero de los tópicos, decir que Vox es un partido franquista, fascista, falangista, etc. es simple y llanamente desconocer el origen del partido, de sus líderes y de sus objetivos como formación política. Como señalaba John Müller (@cultrun) estos días en su cuenta de Twitter, cabría empezar recordando que “Abascal ha jurado más veces la Constitución a pelo que todos los diputados de ERC, Pedecat, Bildu juntos”, en referencia probablemente a su pasado en la política vasca de la mano del Partido Popular en los años de plomo de la banda terrorista ETA y durante el cual se dedicó, como otros pocos más, a defender las libertades de los ciudadanos no nacionalistas en el País Vasco. Sobre Ortega Lara no creo que sea necesario ni hacer presentación, tan sólo recordar que es una víctima real y viva -por suerte- del despiadado terrorismo que ha sufrido nuestro país por parte de algunos que ahora pretenden darnos lecciones de Democracia. Son, Abascal y Ortega Lara, en definitiva, supervivientes de un territorio y un tiempo -no tan lejano- en el que mientras en otros lugares de España ya disfrutábamos de un sistema de libertades, ellos tenían que luchar por sobrevivir.

Efectivamente los fundadores de Vox no vienen de sectores progresistas ni especialmente reformistas, y parece obvio que no sean esas las propuestas que se puedan esperar en su programa electoral, pero su origen se sitúa lejos de movimientos franquistas, falangistas o de otro estilo rancio que, a día de hoy, siguen siendo absolutamente minoritarios en nuestro país. Cualquiera que haya visto treinta segundos de un acto de Vox habrá descubierto que no existe proclama ni abierta ni velada, ni mucho menos un símbolo u otra referencia, que les pueda vincular a ese régimen totalitario hace décadas superado.

Conocer este silenciado origen de quienes dirigen Vox es buen punto de partida para entender que, con unas ideas políticas que muchos no comparten, este partido no deja ser un partido constitucionalista, cuyo objetivo no es destruir el Estado de Derecho ni “acabar con el régimen del 78”, sino reformarlo en la línea de lo que ellos consideran adecuado, siendo precisamente aquí donde a Vox se le puede y se le debe dar la batalla ideológica.

Porque, segundo tópico, Vox no es anticonstitucional, ni inconstitucional, ni contraconstitucional… Lo que es “inconstitucional es saltarte las reglas democráticas” decía Andrés Herzog (@herzogoff) estos días también la red social Twitter con una nada velada referencia a los independentistas catalanes. Y es que, efectivamente, Vox no pretende subvertir el orden constitucional, ni muchos menos acabar con él. Vox tiene unos planteamientos políticos que expone con claridad al electorado y con los que espera conseguir un apoyo mayoritario para poder llevarlos a cabo. Nada más -ni nada menos-. Parece, además y por lo visto, que las turbas en la calle las dominan mejor otros partidos políticos.

Descartados los tópicos, si Vox no es facha ni es inconstitucional, ¿qué es Vox? Bueno, aunque sus 100 medidas urgentes para España no son más que un superfluo borrador de programa, aúna los ideales básicos de su organización y se pueden resumir, muy mucho, en la defensa y el refuerzo de la soberanía nacional en detrimento de movimientos como la integración europea; el cambio del modelo territorial del Estado, pasando del actual Estado federal asimétrico a un Estado unitario; la primacía de los valores cristianos sobre el resto de confesiones religiosas; el fin de las políticas de integración migratoria, el endurecimiento de las medidas contra la inmigración ilegal así como el favorecimiento de ayudas a los españoles de origen en dificultades; la defensa de tradiciones como la tauromaquia y la caza; o el fin de las políticas de género como medio para lograr la igualdad entre hombres y mujeres. Todo ello defendido Trump style, sin pelos en la lengua y sin pedir perdón por pensar como lo hacen, lo cual, por cierto, también les ha granjeado el odio de algunos, pero la simpatía de muchos.

Este es, a grandes rasgos, el programa político de Vox. Desde luego es un programa que cualquier ciudadano que se sienta europeísta, liberal y reformista no puede, en su mayor parte, compartir. Sin embargo, creo que debemos aceptar, y además hacerlo con naturalidad, que hay gente, cada vez más gente, que se siente representada por estas ideas con las que esperan mejorar su calidad de vida, y que encuentra en Vox una opción política válida en tanto en cuanto no vienen a imponer estas ideas por la fuerza, no parece que vengan a saltarse la ley ni a quebrantar el orden constitucional y ni que decir tiene que no parece que vayan a seguir la política del tiro en la nuca seguida por otros y para la cual algunos, hoy, todavía dicen que existen “explicaciones políticas”. Simplemente han llegado para tratar de construir una mayoría social que les permita llevarlas a cabo por la vía democrática. Todas esas personas, votantes ahora de Vox, antes de otras formaciones o asiduos abstencionistas, son tan sólo ciudadanos que no encuentran atractivo en otras propuestas políticas, pero a los que se puede tratar de convencer de que existen ideas mejores para progresar en igualdad y bienestar en una España abierta y europea… Cierto es también que ello mismo me aboca a reflexionar sobre si en la actualidad realmente existen esas otras opciones políticas, especialmente cuando uno busca una izquierda progresista no nacionalista hoy en día en nuestro país.

¿Se puede decir, por tanto, que Vox es un partido de extrema derecha? Desde luego es un partido a la derecha de lo que tradicionalmente hemos conocido en la España constitucional, con ideas conservadoras y tradicionalistas -nada liberales, por cierto-, pero no por ello deja de ser un partido constitucional, nacido en plena Democracia, que defiende unas ideas que, aunque no se compartan, en su mayor parte son tan válidas y constitucionales -por complicadas que sean de llevar a cabo- como pueden serlo las contrarias, y que colma un espectro político que simplemente nunca estuvo incómodo representado por un Partido Popular más interesado en el centro político que en su flanco derecho. Todo ello, claro, hasta la irrupción de Podemos (¿es Podemos la extrema izquierda?) y cuyo catalizador final parece haber sido la investidura de Pedro Sánchez con el apoyo de los que -estos sí- han pretendido subvertir el orden constitucional en Cataluña, y muy especialmente de la mano de Otegi y el resto de herederos del tiro en la nuca y el coche bomba a los que Abascal, Ortega Lara y otros -por desgracia no todos- tuvieron que sobrevivir.

En definitiva, Vox es un partido definido claramente en la derecha constitucional, sin complejos de ocupar ese espacio, cuyos ideales pueden y deben ser rebatidos desde un discurso político europeísta, liberal y reformista, pero no desde el permanente insulto y descalificación al partido y sus dirigentes, y menos todavía a los ciudadanos que han decidido otorgarles su confianza.

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Jorge Alexandre González (Madrid, 1985), es Doctor cum laude en Derecho por la UCM, así como Máster en Derecho Parlamentario, Elecciones y Estudios Legislativos y Máster en Derecho Público. Experto en Compliance por la UC3M y la UPF, ha centrado su carrera en los ámbitos del Derecho penal y constitucional. Abogado de profesión, ha sido colaborador honorífico del Departamento de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UCM y fue Secretario General de Grupo en el Congreso durante la X Legislatura.

2 comentarios sobre “Vox no es Blas Piñar

  • el 5 diciembre, 2018 a las 10:09 pm
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    Sí es Le Pen, sí David Duke… en fin.

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  • el 6 diciembre, 2018 a las 11:11 pm
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    Es un partido con sentido comun, que es lo que se ha perdido en España

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