El paso de la democrcia a la “bulocracia”

La etimología de la palabra “democracia” proviene de la Antigua Grecia y está constituida por dos palabras del latín: demos y kracia, que vienen a significar “poder” del “pueblo” o “gobierno” del “pueblo”. Desde la Revolución Americana primero y la Revolución Francesa después, inspiradas por las ideas de la Ilustración, periodo que algunos autores sitúan como el inicio de la democracia moderna. Conocida como la democracia liberal representativa, donde los ciudadanos eligen libremente a sus representantes políticos como forma de mantener ese demos en manos del pueblo o de los ciudadanos. La democracia liberal como poder del Gobierno del pueblo se ha mantenido como sistema político en nuestras democracias, pero no sin matices, vaivenes y diferencias entre las diferentes naciones y épocas: vale recordar, por ejemplo, que el derecho al voto en los inicios de la democracia liberal a finales del siglo XVIII estaba restringido a una parte minoritaria de la población. También cabe destacar las diferentes crisis que han sufrido las democracias liberales a lo largo del siglo XX y parte del presente siglo XXI o la implantación de las políticas neoliberales en los años 80 del pasado siglo a manos de la primera ministra Margaret Thatcher y su homólogo estadounidense Roland Reagan, con políticas que trataban de reducir lo público y de dar poder a los mercados y adelgazar al máximo al Estado.

“Mercadocracia” (poder de los mercados); “tecnocracia” (poder de los tecnócratas), son algunos de los conceptos que se han utilizado para definir el paso de la democracia representativa liberal, conocida como demos de los ciudadanos o del pueblo, a un demos de los mercados o demos de los tecnócratas. En un momento en el que las fake news o los bulos se están apoderando cada vez de nuestra política y campañas electorales ¿estamos viviendo un momento de degradación de la calidad de nuestra democracia que se puede traducir en un nuevo concepto de entender la misma?

En las democracias se accede al poder por medio del sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, donde los electores pueden elegir entre diferentes opciones políticas reflejadas en sus respectivos programas electorales propagados en mítines políticos, propaganda electoral, enganchada de carteles, etc. Este era el modus operandi hasta ahora de nuestras democracias. Pero parece que esas formas de hacer campaña política han cambiado, especialmente para los partidos populistas de extrema derecha como VOX. Esta organización no le han hecho falta grandes campañas electorales, ni un programa electoral atractivo y fiable y ni siquiera ha tenido algún representante en los grandes debates televisivos o radiofónicos que hemos visto en las últimas elecciones autonómicas andaluzas. Basta con hacer correr rumores, falsos datos y estereotipos sobre inmigrantes y otros colectivos y todo tipo de bulos (vídeos, imágenes y escritos falsos sobre inmigrantes) que corren como virus infecciosos por las redes sociales y sin control para obtener nada más y nada menos que 12 escaños en el Parlamento andaluz. Ante semejante escenario ¿estamos ante un nuevo escenario en el que el bulo se apodera de nuestras campañas electorales? ¿Podemos pasar de un sistema definido como “democracia” (poder del pueblo o gobierno del pueblo) a otro que podemos definir como “bulocracia” (poder del bulo o bulo del pueblo)? En un momento de la posverdad y del bulo quizás asistamos en los próximos años o meses a cambios profundos en nuestra percepción de la democracia entendida y conocida hasta ahora, al menos en lo que respecta a la democracia representativa liberal.

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Ahmed Benamar

Ahmed Benamar Bellouki. Graduado Ciencia Política y Administración por la UNED.

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