Las mujeres hacemos feminismo porque todavía no nos dejan hacer otra cosa

Tras el éxito de la huelga feminista de los últimos dos años, avanza más el debate sobre hacia dónde va el feminismo y cuáles serán las consecuencias de las manifestaciones. Parece haber más conciencia sobre los temas de reivindicación, pero las medidas y su aplicación todavía están difusas.

Las mujeres hacemos feminismo porque no nos dejan hacer otra cosa. Con las imágenes de los líderes de PP y Ciudadanos el pasado 8 de marzo encabezando el discurso de apoyo al movimiento acompañados de un séquito de mujeres en silencio. De esta forma, pintan un retrato bastante fiel del posicionamiento actual del feminismo. Un mes en el que todo se tiñe de violeta, mensajes de apoyo mejor o peor intencionados a la causa y una implantación real que todavía no llega.

Cada día somos más feministas, pero no mejores feministas. Un movimiento radicalmente de izquierdas en su definición más teórica ha logrado alcanzar y convencer a los sectores más conservadores y afines al capitalismo. Su reinterpretación de la lucha por la igualdad pasa por la mercantilización del cuerpo de la mujer –con la regulación de la prostitución y los vientres de alquiler- y la defensa de un “feminismo liberal”, una contradicción en sí misma.

No todo vale en la lucha por la igualdad. La apropiación del término sin un conocimiento profundo de su significado es un camino peligroso. No se pueden enmascarar de feministas acciones de base neoliberal ni que aboguen por incrementar la brecha de desigualdad económica y social de las mujeres. Permitir que se compren niños mediante gestación subrogada o que hombres sigan pagando por servicios sexuales no beneficia económicamente a las mujeres más desfavorecidas ni acerca a ambos géneros a una igualdad de oportunidades real.

Que el 8M tenga cada vez más impacto mediático e institucional es positivo. Vemos menos tolerancia hacia conductas machistas, tanto en el ámbito laboral como social, y vemos ciertos intentos por hacer una educación y un consumo informativo más feminista, pero alcanzar una igualdad real en la sociedad sin una legislación acorde es impensable. Mientras los supuestos deseos de equiparación de salario, de bajas por maternidad y paternidad, y de una justicia efectiva en procesos judiciales por agresiones sexuales, no estén amparados por la ley, pensar en igualdad y justicia social es prácticamente una utopía. Es decir, mientras se permita que una mujer salga menos rentable a una empresa y los abusos sexuales queden impunes, no podemos hablar de una sociedad igualitaria. Mientras el beneficio económico esté por encima de los derechos de las personas, es imposible concebir el feminismo. Concienciar es el primer paso, regular es el salto definitivo.

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Gloria de las Heras

Gloria de las Heras (Ourense, 1996). Periodista por la Universidad Carlos III de Madrid y la Universidad de Richmond, Estados Unidos. Aprendí a contar cosas en eldiario.es y Europa Press entre otros y me interesa el análisis social y político. Datos y perspectiva de género.

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