Campeones europeos e inversiones extranjeras: la UE con la mirada puesta en China

En los últimos meses, la prensa se ha hecho eco de los numerosos retos a los que la Unión Europea se enfrenta en el plano comercial. La economía de la Eurozona, que volvía a recuperarse tras la crisis económica, está dando síntomas de desaceleración.

En medio de esta preocupación política, varias han sido las propuestas -desde los Estados Miembro y la Comisión Europea- a fin de mantener su peso político y económico en un mapa donde los centros de gravedad y de decisión están cambiando. En esta línea, resultó trascendente el “choque de trenes” que generó el veto de Margrethe Vestager a la fusión entre la alemana Siemens y la francesa Alstom; las críticas por parte de ambos Estados no se hicieron esperar y, en escaso margen de tiempo, anunciaban una reforma en el seno de la UE para desposeer a la Comisión de su poder de veto y poder formar “campeones europeos” para competir con economías cuyos estándares laborales y comerciales son más laxos. Se cristalizaba así las divergencias entre Estados y las Instituciones acerca del camino que debería seguir la Unión para mantenerse a la vanguardia comercial.

Esta no es sino otra reacción de los Estados que ven cómo Europa va perdiendo peso económico, político y demográfico frente a EEUU, China y otras economías emergentes. La batalla comercial, los sucesivos cambios que están dándose en el entorno de la denominada cuarta revolución industrial y un riesgo geopolítico que ha venido aumentando en los últimos años, está preocupando a las mayores potencias europeas, que ven cómo la propia normativa aprobada en la UE, con estándares de calidad, exigencia y lealtad les sale caro a la hora de combatir contra otras empresas internacionales.

En el mismo sentido y, para evitar que terceros países se hicieran con el control estratégico de las infraestructuras esenciales y los sectores más sensibles de la economía europea, la Unión Europea ha aprobado el Reglamento del PE y del Consejo por el que se establece un marco para el control de las inversiones extranjeras directas. Esta nueva legislación establece un marco global en la Unión (de obligada y directa aplicación tras su entrada en vigor) cuya finalidad es establecer una cooperación entre los Estados Miembro para controlar las inversiones extranjeras directas (IED) a fin de salvaguardar la seguridad y el orden público en la UE. No obstante, debemos tener presente que la Unión Europea, en el año 2015, encabezaba la lista de receptores de inversiones así como también la de mayores emisores de inversiones del mundo (UNCTAD).

Con la aprobación del Reglamento se materializa la propuesta que, desde varios Estados Miembro, se hizo a la Comisión para limitar que Estados extranjeros se hicieran con las compañías de sectores clave. Aunque no se mencionara, países como Italia o Alemania habían mostrado su preocupación porque China se hiciera con el control de infraestructuras esenciales, tecnologías críticas, el suministro de recursos fundamentales, seguridad nacional. El aumento significativo de las IED chinas[1] en el continente en los últimos años han hecho saltar las alarmas y, junto a escándalos como el Caso Huawei, ha acelerado la adopción de los mecanismos de control que recoge el Reglamento que próximamente entrará en vigor.

De esta forma, el Reglamento supone un punto de inflexión en la política de inversión internacional. Se siguen así las tímidas reformas que en muchos tratados bilaterales de inversión (TBI o APPRI) se habían estado incluyendo durante el último año, poniendo fin al crecimiento constante y libre de los flujos de inversión mundiales -y, en especial en la Unión Europea-. Así pues, el Reglamento pretende establecer una serie de directrices a la hora de controlar las inversiones extranjeras, en aras de garantizar la transparencia, independencia y el carácter estrictamente económico -frente a posibles intereses geopolíticos- de la inversión en particular.

Para determinar qué inversiones pueden resultar potencialmente arriesgadas para los intereses esenciales o la seguridad nacional del Estado Miembro receptor, se aboga por escudriñar los elementos principales de la inversión extranjera. En este sentido, habrá que atender a su origen -y no basta con atender a su nacionalidad-, al origen real de la inversión. Íntimamente ligado, hay que prestar atención a la naturaleza o estructura de propiedad de la inversión, es decir, determinar si el inversor es independiente o está controlado por un estado extranjero (empresa pública del estado, un fondo soberano, etc.). También se incluye como elemento a estudiar el valor y el destino de la inversión a fin de determinar en qué sector o bienes pretende invertir (los riesgos concretos del sector) y qué grado de adquisición o control (control efectivo) supone la inversión extranjera en la empresa o sector.

Complementariamente, el Reglamento prevé un mecanismo de coordinación basado en el reenvío periódico de información a la Comisión Europea, relativo a la aplicación de los mecanismos y la situación de las IED evaluadas. Asimismo, se permite que los Estados Miembro y la propia Comisión puedan trasladar dictámenes y opiniones a otro Estado miembro acerca de una inversión de la cual vaya a ser receptor.

Se corporeiza así la posición de precaución y distanciamiento que la Unión Europea reafirmó el pasado mes en el documento EU-China – A strategic outlook, frente a China. Sin embargo, pese a todos los riesgos para la seguridad nacional y la seguridad económica, estas preocupaciones no pueden hacernos olvidar que China supone un actor económico de enorme peso, del cual dependen millones de puestos de trabajo en la Unión Europea. El hecho de que la República Popular China no adopte el orden económico y político imperante no quiere decir que se le deba aislar al completo (de facto es imposible).

La Unión Europea debe seguir trabajando a fin de garantizar un escenario de competencia efectiva y leal, sin renunciar al papel y el peso de un actor geopolítico internacional de equilibrio ante la emergencia de China y la nueva Administración estadounidense. La Unión Europea debe reforzarse internamente para continuar desempeñando su papel en la gobernanza global, sin renunciar a sus propios principios y reglas. Flexibilizar ahora acuerdos tan importantes como la normativa de competencia no puede conducir a nada positivo en el medio/largo plazo. La Unión Europea ni puede ni debe abandonar la bandera de la democracia, del mercado eficiente y en competencia y del Estado de Derecho. Debemos trabajar por hacer de nuestros altos estándares algo normalizado en el resto del mundo y no flexibilizar o blanquear los nuestros para rebajarnos a su nivel. Armonizar al alza y no a la baja, esa debe ser la tarea de la Unión Europea y sus Estados Miembro.


[1] En 2016, China ocupaba el segundo lugar como emisor de inversiones. UNCTAD, World Investment Report 2017 https://unctad.org/en/PublicationsLibrary/wir2017_en.pdf

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Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, 1996) es jurista por la Universidad Carlos III de Madrid. Máster en Derecho de los Sectores Regulados y Máster de Acceso a la Abogacía, en la actualidad. Cofundador de Estudiantes por Europa (ExE) y S. Gral. de European Law Student Association UC3M. Interesado en derecho público, fiscalidad, Estado del Bienestar y LatAm. Sumergido en todo lo relativo a la integración europea y el derecho comunitario. Colaborador ocasional en diferentes medios como contertulio o articulista.

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2 comentarios sobre “Campeones europeos e inversiones extranjeras: la UE con la mirada puesta en China

  • el 9 abril, 2019 a las 11:54 am
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    Muy buen análisis de la situación comercial. Un placer leerte.

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    • el 14 mayo, 2019 a las 7:07 pm
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      Muchas gracias, Claudia. El placer es mío, que haya personas que les gusten los análisis. Un saludo!

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