Alfredo Pérez Rubalcaba, un hombre de Estado

El día llegaba al ocaso, el chorreo incesante de antiguos compañeros y amigos preconizaba el peor de los finales, la última pelea de Alfredo Pérez Rubalcaba llegaba a su fin. Y así comenzó la campaña electoral, con un cierto tono gris, ese gris que tiñe de melancolía todo abrazo en el borde de la fragilidad de la vida.

Y es que Alfredo significaba mucho, para socialistas y no socialistas; lo fue todo por este país, hasta el último sacrificio de liderar la oposición con la dura losa de la crisis económica. Y España nunca supo rendirle el agradecimiento que tantísimos años de servicio público merecían.

Ya desde el 1986 que fuese nombrado Secretario de Estado de Educación tuvo que lidiar con importantes retos (LRU y LOGSE), llegando pocos años después a asumir la cartera ministerial. Tras las elecciones de 1993, fue nombrado ministro de la Presidencia para tres años después acabar recogiendo el acta de diputado, el de representante de la soberanía popular. Esos años en la bancada fueron para él el cargo más importante y honorífico de su trayectoria.

Su valía siguió haciéndose notar, cuando el recién elegido presidente del Gobierno, José Luis R. Zapatero, lo nombrara portavoz del Grupo Parlamentario y, poco después para ocuparse del Ministerio del Interior, cargo que compatibilizó, los últimos años de gobierno socialista, con la vicepresidencia del Ejecutivo. Llegó a lo más alto y siempre con una idea clara, la responsabilidad de Estado.

Tras ello, llegaron las elecciones de 2011 y, con gran responsabilidad asumió su último servicio público, concurrir a las elecciones como candidato a la presidencia.

Quienes hemos podido conocerlo y compartir algunos momentos de debate con él, no hemos hecho sino fascinarnos. Rubalcaba pertenece a ese selecto grupo de políticos comprometidos y con fuerte convicción moral. Escuchar su voz era comprender el qué, él cómo y el porqué de la necesidad de construir España, de dar respuesta a las necesidades imperantes. Hablar con él era trasladarse a un mundo político que ahora muchos desconfiarían de que hubiese existido, la política de Estado, de altura. Humilde hasta en las horas más difíciles de su labor, el artífice del desmantelamiento y derrota de la banda terrorista ETA, nunca quiso arrogarse tal título. Quiso construir un final sin vencedores ni vencidos, una paz de todos construida por todos, con una labor de todos.

Hoy, muchos los que hace pocos días consiguieron su escaño deberían mirarse al espejo y, en un acto de nobleza, abrazar el ideal del diálogo y compromiso que  Alfredo Pérez Rubalcaba representaba. Hoy, muchos jóvenes y otros no tan jóvenes, recordaremos como la convicción y humanidad de las palabras de Alfredo nos hicieron militantes de una España de progreso, militantes de una política de servicio y compromiso. Hoy España es más libre gracias a ti.

Parafraseando a un vigoroso Alfonso Guerra, amarga es la verdad… pero mucho más tú marcha, pues el vacío que dejas nos acompañará muy especialmente esta campaña.

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Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, 1996) es jurista por la Universidad Carlos III de Madrid. Máster en Derecho de los Sectores Regulados y Máster de Acceso a la Abogacía, en la actualidad. Cofundador de Estudiantes por Europa (ExE) y S. Gral. de European Law Student Association UC3M. Interesado en derecho público, fiscalidad, Estado del Bienestar y LatAm. Sumergido en todo lo relativo a la integración europea y el derecho comunitario. Colaborador ocasional en diferentes medios como contertulio o articulista.

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