La cobardía y el verano de Carmena

Se acabó. A pesar de vencer en las últimas elecciones municipales, Manuela Carmena no repetirá como alcaldesa de Madrid. Aunque a algunos les ha costado entenderlo estos años, la democracia española es parlamentaria, por lo que es más importante sumar que ganar, y eso ha hecho la derecha y la ultraderecha, con 3 concejales más (30-27) que el conjunto de Más Madrid y el PSOE.

La única alcaldesa de izquierdas de la capital desde 1991 se despide con un balance agridulce para unos y nefasto para otros. Las elecciones de 2015, con una derecha algo desmovilizada y con Podemos aún en auge, hicieron posible su llegada al Palacio de Cibeles, igual que sucedió en otros de los denominados “Ayuntamientos del Cambio”. Durante el último cuatrienio una ciudad tan gris, tan agresiva según quienes no la conocen bien, se desmelenó e hizo visible su vena feminista, ecologista y, sobre todo, más amable (ahí está el logo de “Madrid te abraza” en muchos pasos de peatones), incluso a la hora de hacer política, con una alcaldesa evitando declaraciones incendiarias ante las descalificaciones de la oposición liberal-conservadora. Incluso en su último pleno pidió cerrar la legislatura con un aplauso, “olvidando lo malo, quedándonos con lo bueno”. Lo mismo sucede con las imágenes en las que le dice a Almeida que en lo personal ella está dispuesta a ayudarlo en lo que necesite.

Ahí están Madrid Central, las verbenas reconvertidas, los carteles de San Isidro o de los Veranos de la Villa, el World Pride en 2017 (heredado de la anterior corporación), el carril bici del Paseo de Yeserías o de la calle Santa Engracia, máximos ejemplos del Carmenismo. Todas estas medidas comparten una característica de la que quien maneje la geografía madrileña se habrá percatado, pero para quien no, allá va: son actos u obras públicas realizados dentro de la M-30.

Quizá eso explica por qué en 2019 la participación en el sur (especialmente en los dos distritos vallecanos) haya flojeado, con más incidencia en quienes habían elegido a Ahora Madrid cuatro años atrás. Se ha intentado lograr mayor cohesión intramunicipal en una de las capitales más desiguales de Europa a través del Fondo de Reequilibrio Territorial, pero los resultados no han sido los esperados. Los barrios periféricos han estado algo menos abandonados que antaño, pero las mejoras en Villaverde u Hortaleza no han sido tan tangibles como debería, con aceras sin arreglar y fondos sin gastar.

Y es que a Carmena se la puede acusar de cobarde, como con las decenas de excepciones a la hora de acceder a Madrid Central o al reformular el proyecto de la Gran Vía, por poner dos ejemplos que han generado mucho ruido mediático. En un intento de no disgustar demasiado, no se ha ahorrado ninguna de las críticas de la oposición de los medios menos afines y, sin embargo, se ha quedado a medio camino de ambiciosos proyectos iniciales. Los cuatro años de Ahora Madrid en el ayuntamiento dejan una lección válida para cualquier gobernante en cualquier ámbito: hay que apostar por la valentía cuando se toman decisiones. En la oposición es difícil cambiar las cosas, eso sólo se consigue con el bastón de mando en la mano. Si existen los medios que lo permitan y la voluntad que impulse el proyecto, hay que ir a por todas, porque el final de la legislatura llega siempre. Varados están la instalación de nuevos bancos porque tenían que pasar por un concurso internacional o la reconversión del Paseo de Santa María de la Cabeza en una vía de tal nombre y no la autopista urbana que es hoy. Cuando el adversario político nos sustituya, será más difícil para él revertir lo que hemos hecho que llevar a cabo un proyecto con nuestras medidas.

Terminó el verano en el que Madrid se quitó el traje de empleado de banca o de burócrata y se puso el vestido ligero y el sombrerito de paja. El verano es un mito que en realidad muere cada 21 de junio, cuando al fin se hace palpable y pierde su magia hasta que acaba. Todo el año suspirando por él hasta que llega; cuando termina, se añora.

Porque esta legislatura será recordada por muchos como ese verano tedioso que se pasa con la pierna rota sin moverse y sin poder ir a la piscina (vaya, que aquí no hay playa), pero que objetivamente no fue tan horrible como uno se empeña en creer. Para otros, el cuatrienio carmenista deja un recuerdo mucho mejor de lo que en realidad fue, como sucede con esos veranos rurales de la adolescencia, que muchos madrileños pasan los pueblos de sus padres y abuelos: no fueron tan especiales como esa memoria que se empeña en desterrar lo malo dice, pero donde nadie puede decirles que no ocurrieron cosas que jamás imaginaron.

The following two tabs change content below.

Alberto Cañas de Pablos

Alberto Cañas de Pablos (Madrid, 1987) Doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid, donde también ha sido Investigador y ha impartido clase de varias asignaturas. Alterna su trabajo como Profesor Tutor en la UNED con el de documentalista. Ha sido Investigador visitante en Lisboa, Turín y Toulouse, así como docente invitado en la Uniwersytet im. Adama Mickiewicza en Poznań y en la EUBA (Bratislava).

Latest posts by Alberto Cañas de Pablos (see all)

Necesitamos tu apoyo económico para seguir haciendo análisis independientes y rigurosos. Sin ti, no es posible.

Un comentario sobre “La cobardía y el verano de Carmena

  • el 11 julio, 2019 a las 8:24 pm
    Permalink

    A Carmena el tiempo la colocará en su sitio. Solo ha estado una legislatura, por lo que el desgaste, pese a todo, no ha sido tan enorme. Eso dejará un gran recuerdo de ella en gran parte de los madrileños, más allá de los desencantados. También mejorará su imagen lo que está aún por venir y que ya ocupa el palacio de Correos.

    Respuesta

Deja un comentario