Auschwitz: 75 años del terror nazi

Auschwitz 75 aniversario

El 27 de enero de 1945 el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau fue liberado por soldados de la 60ª Armada del ejército soviético. A pesar de su relevancia simbólica, la liberación fue realmente una conquista estéril: más de 60.000 de los prisioneros habían sido forzados a abandonar a pie por el ejército nazi en su retirada hacia el campo de Loslau, por entonces todavía a salvo del ejército rojo. Durante esa travesía de la muerte miles de los presos perecieron víctimas de las gélidas temperaturas del invierno polaco, del hambre, de las enfermedades y del abuso al que se vieron sometidos por los soldados de una Alemania nazi que ya resollaba agonizante.

De esa terrible historia se cumplen ahora 75 años. Tres cuartos de siglo no han logrado borrar la oscura impronta de Auschwitz, “un agujero negro en la historia humana” en palabras del antiguo dirigente del Partido Laborista de Israel Isaac Herzog. Si bien el nazismo no persiguió exclusivamente a los judíos, es evidente que ellos fueron el principal colectivo al cual se dirigió la maquinaria nacionalsocialista.

Con motivo de tan funesto aniversario, esta última semana de enero se ha celebrado en Jerusalén el V Foro Mundial del Holocausto. Israel ha recibido a una de las mayores delegaciones diplomáticas de su historia. Y sin embargo, a pesar de la gravedad de la ocasión, los intereses geopolíticos siguen más presentes que nunca, y los actos de conmemoración han servido a más de un alto dignatario a exponer sus reclamaciones ante los asistentes. La historia, por trágica que sea, no queda nunca fuera del ámbito de la política.

En diciembre de 2019 el Tribunal Penal Internacional (o TPI, conocido también como el Tribunal de la Haya) tomó una decisión histórica: inició una investigación por presuntos crímenes de guerra en los Territorios Palestinos. El TPI solamente tiene competencia sobre sus estados miembros, e Israel no es uno de ellos. Sin embargo, Palestina sí es miembro desde 2015. La investigación podría arrojar luz sobre las actuaciones del gobierno israelí en la Franja de Gaza durante los últimos años, pero también aquellas cometidas por Hamás, el partido antiisraelí (considerado por Israel y Estados Unidos un grupo terrorista) que gobierna en la franja.

Para muchos en Palestina, el mero hecho que se investiguen los crímenes de guerra de los que se acusa a Israel son un motivo de esperanza en el marco de un conflicto que parece interminable. Pero el gobierno de Israel recibió la decisión de La Haya con gran hostilidad. Netanyahu llamó a la investigación “infundada” y acusó al tribunal de ser una “herramienta políticaal servicio del antisemitismo, a pesar de que la investigación puede acabar señalando también a Hamás.

Acusar de antisemitismo a sus detractores ha sido recurrente por parte del gobierno de Netanyahu y de sus acérrimos defensores, como el actual Partido Republicano de Estados Unidos. Ello lleva a un debate recurrente desde hace tiempo en Israel: ¿debemos equiparar la crítica (dura) al Estado de Israel y sus políticas hacia Palestina con el antisemitismo? Desde las posturas propias de la derecha nacionalista israelí con la que aspira a formar gobierno Netanyahu se suele considerar como inextricable el país de Israel y su carácter judío, por lo que cualquier objeción a las políticas o la identidad colectiva de Israel suele ser vista como un ataque a lo judío. Por otro lado, en el plano internacional se suele separar el antisemitismo de las críticas a Israel “similar al dirigido a cualquier otro país”, esto es, sin atender a su condición de país mayoritariamente judío. No es ningún secreto que desde el actual gobierno israelí la pretensión es que esta definición estrecha de antisemitismo incluya también la crítica a Israel de forma más amplia.

Es evidente que nos encontramos en una época en la que los discursos y los delitos antisemitas están en aumento en sociedades occidentales, como en el Reino Unido, Europa del Este y Estados Unidos, y que, a diferencia de la islamofobia, patrimonio de la extrema derecha, las actitudes antisemitas aparecen en ambos extremos del espectro político. Algunos opositores de Netanyahu lo acusan de utilizar este factor a su favor, alimentando la percepción en Israel de que el resto del mundo les es hostil, y de que sólo un gobierno comandado por él y la derecha nacionalista podría enfrentarse a las amenazas externas con mano dura (empezando, claro está, por el vecino palestino). En marzo Israel celebrará elecciones generales después de dos comicios en los que ninguno de los dos grandes bloques consiguió hacerse con la mayoría, y las encuestas señalan que el bloqueo podría continuar. Netanyahu, que lleva más de una década ininterrumpida siendo presidente, está siendo investigado por tres casos de corrupción y tráfico de influencias, y la oposición lo acusa de haber endurecido su discurso (por ejemplo, prometiendo que de ser reelegido anexionará el Valle del Jordán, hoy administrado por las autoridades palestinas) para tapar sus propios escándalos. Y el miércoles en el acto de conmemoración, Netanyahu aprovechó su discurso para hacer gala de la fuerza del Estado de Israel hoy en día, y para denunciar que “el anti-Sionismo es la más reciente forma de antisemitismo.”

Pero fuera de Israel también ha surgido polémica con ocasión del aniversario de la liberación de Auschwitz. El actual presidente de Polonia Mateusz Morawiecki ha rechazado acudir el acto en Israel, culminando la tensión diplomática que venía fermentando desde hacía meses. El parlamento polaco, dominado por el partido ultraconservador de su presidente, promulgó en 2018 una ley que eximía a Polonia de responsabilidad en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, estableciendo que los polacos fueron exclusivamente víctimas de la barbarie nazi y nunca colaboraron con ellos. Las subsiguientes acusaciones de altos cargos israelís acusando a los polacos de antisemitismo empeoraron las relaciones entre ambos países.

Los esfuerzos de ambos gobiernos (que, paradójicamente, están adscritos al mismo partido paneuropeo, el ECR) por legitimar sus posiciones en base a las tragedias sucedidas hace 75 años son una clara indicación de que la historia, y especialmente sus episodios más atroces, siempre reverbera en la política actual.

Es triste constatar que dos gobiernos cuyos países que comparten una parte tan trágicamente importante de su memoria colectiva utilicen aquellos hechos para apuntalar sus intereses, ya sea para caricaturizar como antisemitismo cualquier crítica vertida hacia sus políticas o para perpetuar un sentimiento ultranacionalista basado en un victimismo simplista que contradice la complejísima (y brutal) realidad de la Segunda Guerra Mundial.

The following two tabs change content below.

Juan García-Nieto

Juan García-Nieto Tiana (Barcelona, 1996) es graduado en Derecho y Global Governance por ESADE. Apasionado de la política internacional y la geopolítica, especialmente de Oriente Medio y la Unión Europea. También sigue con atención los desafíos políticos y económicos de la globalización y las democracias occidentales. Ha colaborado con publicaciones de su universidad.

Latest posts by Juan García-Nieto (see all)

Necesitamos tu apoyo económico para seguir haciendo análisis independientes y rigurosos. Sin ti, no es posible.

Deja un comentario