Coronavirus: cuando China tose (un escenario plausible)

SPOILER 1

2011, una abogada norteamericana regresa de un viaje de negocios a Hong Kong, ha contraído lo que parece un resfriado que pasados unos días empeora rápidamente y fallece. Pronto, la mayor parte de las personas que con las que ha tenido contacto en su periplo de regreso también enferman y fallecen, no sin antes transmitir a su vez el virus en su entorno, hasta que la plaga se vuelve global, y causa una crisis mundial con millones de muertos, colapsando el orden social.

Este es el resumen de la película Contagio, dirigida por Steven Soderbergh, una obra de ficción en la que veremos dos situaciones que nos resultarán familiares: la enfermedad se ha producido por la mutación de un virus que afecta a un mamífero y que ha saltado al ser humano -con la participación de la cultura gastronómica asiática-; y la transmisión como no, viral, de distintas noticias falsas sobre supuestas curas, teorías varias de la conspiración, y una mezcla de amarillismo tóxico y populismo mesiánico, canalizadas por vía digital y a través de las redes sociales con más usuarios en aquel año.

SPOILER 2

2006, un joven chino, habitante de una zona rural, es mordido cuando bucea mientras ha salido de pesca. Pronto enferma y se transforma… en un zombi. A partir de ahí se producen una serie de fallos en cadena: los propios de un Estado opaco y rígido, que unidos a la interconexión propia de la globalización, a la facilidad de las comunicaciones y el transporte, y la incredulidad general ante un fenómeno entendido como una fantasía antinatural, que desembocan en una respuesta fallida ante el apocalipsis zombi y, como en la obra anterior, en el colapso del orden social.

Este sería el resumen de Guerra Mundial Z, escrita por Max Brooks. Es una novela de ficción en formato de entrevistas, que describe lo sucedido según el relato de personas que vivieron aquella plaga en distintos niveles. En 2013 se produjo una película a partir de esta premisa, que adaptó el contenido y la historia al ritmo cinematográfico, y que por motivos comerciales obvió cualquier alusión a China.

SPOILER 3

2020, la actual epidemia de Coronavirus (‘2019-nCoV’) está muy lejos de suponer un escenario similar al de los escenarios antes descritos. Cualquier diagnóstico apocalíptico de la misma como una nueva plaga bíblica es altamente improbable que resulte acertado, y según de quién provenga resulta intencionada e imprudentemente falso.

¿QUÉ ES EL CORONAVIRUS?

O más exactamente, el Coronavirus de Wuhan, es una enfermedad viral que afecta al aparato respiratorio, provocando insuficiencia pulmonar aguda y neumonía. Fue detectado en diciembre en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, en la zona central de China. Las últimas cifras superan los 10.000 infectados, con una tasa de mortalidad inferior al 3%.

Probablemente este virus afectaba a algún pequeño mamífero y se cree que una mutación en una de sus cepas consiguió instalarse en un segundo animal, destinado a la alimentación humana. Una vez alojado en el cuerpo de una persona, el virus empezó a desarrollarse y ha conseguido transmitirse por vía oral (posiblemente a través de la saliva de la tos, cuya humedad puede respirarse por personas cercanas).

Esta crisis guarda cierta semejanza con la causada por el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), cuyo brote de 2003, también comenzó en China (entonces fallecieron más de 800 personas, siendo la tasa de mortalidad entre contagiados del 10%).

Precisamente la experiencia del SARS ha agilizado la respuesta tanto de China -que está siendo aplicada también en territorios como Tíbet o Hong Kong- como de otros Estados, en control de fronteras y prevención del contagio entre la población, en cuanto a modelos de detección y alerta, así como en la gestión sanitaria del tratamiento a los afectados. También se está invirtiendo en fármacos específicos.

Actualmente no existe vacuna y el tratamiento preventivo básico consiste en mantener distancia con las personas infectadas y ser rigurosos en la higiene individual, debiendo los sanitarios extremar sus precauciones durante el contacto con los enfermos. No obstante, en diagnósticos tempranos, los antivirales existentes para otras enfermedades respiratorias están siendo exitosos en personas sin otros problemas de salud.

PERO… ¿Qué consecuencias no médicas pueden ocurrir en caso de persistir esta crisis? Riesgos de un escenario plausible en el corto plazo.

China es una potencia demográfica y económica determinante para entender el mundo multipolar actual, con un Estados Unidos hegemónico, pero no omnipotente, que comparte su primacía política con otros centros de poder intercontinental como son la propia China y la UE, quienes, junto a potencias regionales como Rusia o India, definen el mapa del poder global.

China es, en primer lugar, la fábrica del mundo, y sus problemas internos afectan de manera crítica a la cadena de global de suministros, tanto de los bienes de consumo “Made in China”, como de productos industriales (maquinaria, componentes, insumos químicos, siderúrgicos … críticos para el funcionamiento de otras empresas).

La generalización del conocimiento y respuesta al brote coincide con la entrada del Año Nuevo Chino (damos la bienvenida a La Rata), que tradicionalmente supone una interrupción de la producción y las salidas de mercancía y es, por tanto, una parada prevista por las redes internacionales de comercio. Es ahora, durante la primera quincena de febrero cuando se contiene la respiración mientras se observa la reacción y el tiempo y tipo de respuesta durante el reinicio de las operaciones.

Por un lado, hay que apuntar a la perturbación en la propia cadena de interna de suministros, el estado y movimiento de inventarios en los fabricantes, y a la disponibilidad de transporte doméstico de mercancías. Es previsible tanto una ralentización de la actividad como cierta escasez en algunos sectores que China ha ido cuasi-monopolizando en las últimas dos décadas… una restricción de la oferta que no pueda intervenirse en el corto plazo supondría el alza inmediata de precios.

Por otra parte, se debe valorar el estado de motivación de los trabajadores y directivos, en un país con una especial conciencia colectiva: el factor humano. La pausa del Año Nuevo Chino, históricamente el único periodo de vacaciones del país, lleva a que millones de trabajadores se desplacen desde las regiones industriales a sus núcleos de origen, está por contrastar cómo y cuándo se produce el regreso geográfico a los puntos de trabajo. Y cuántas empresas se ven afectadas porque sus empleados son simplemente reacios a salir de casa.

Es previsible que las grandes industrias estén trabajando en planes de contingencia que incorporen proveedores de otros lugares, de costo superior y cuya capacidad de producción va estar especialmente exigida, dado el reciente contexto de proteccionismo comercial. No se esperan vetos ni boicots, -controles específicos sí podrían llegar a ser posibles-, puesto que no se entenderían científicamente y fundamentalmente serían entendidos como represalias contra un adversario muy poderoso y con muy altas posibilidades de recuperación.

En cuanto a China como cliente, un descenso en su propia producción industrial mermará sus compras de materias primas, afectando al menos temporalmente, su posición como potencia influyente en regiones como África y Latino América. También podría tener un efecto negativo en las economías exportadoras de materia prima (algunas tan avanzadas como Canadá o Australia), puesto que el mercado contaría con menos agentes del lado de la demanda (si bien las commodities están sujetas a fuertes movimientos especulativos, por lo que es complejo predecir si el precio subirá o bajará, según qué materia prima concreta).

En los últimos veinte años China también se ha convertido en un potente mercado doméstico. Cierta apertura económica a empresas extranjeras y el mayor poder adquisitivo de los consumidores chinos, han atraído a distintas multinacionales del retail, la hostelería, el ocio, … Es esperable un descenso del consumo por parte de las familias que se traducirá en peores resultados de ventas, al menos durante el primer trimestre del año, que derivará en malas cifras para las empresas más posicionadas en China; esta descripción lógica que es la tarea cotidiana de cualquier profesional del comercio, se vuelve más preocupante cuando hablamos de un mercado cuya población supone el 20% del total mundial, y cuya renta per cápita se ha triplicado desde 2010.

Siendo las aerolíneas las (obvias) primeras afectadas por esta crisis sanitaria (como serían las empresas de logística las primeras afectadas por un descenso del comercio), cobra especial relevancia su efecto en un sector que había ido creciendo en la última década acompañando el desarrollo económico y la mayor apertura china: el turismo. Son inmediatas las cancelaciones de viajes y estancias no imprescindibles, tanto de extranjeros en China como de ciudadanos chinos en el exterior, que últimamente venían aportando una fuerte entrada de divisas en ciertos destinos que se habían especializado en acoger turismo chino. Cabe también recordar que el turismo es un sector intensivo en mano de obra.

Finalmente, corresponde mencionar el escenario de riesgo para el exterior de perder, al menos temporalmente, a China como inversor. Desde principio del siglo XXI el ahorro chino permite tanto la construcción de infraestructuras en todo el mundo, y especialmente en los países en vías de desarrollo, como la capitalización de proyectos privados mediante distintos fondos de inversión. Estas decisiones a menudo vienen condicionadas por factores políticos y geoestratégicos.

Un retraimiento de esta política, probablemente necesario a corto plazo para destinar recursos a mejorar las propias condiciones e instalaciones sanitarias, y quizás para financiar en general estímulos en la demanda interna, podría dejar en el aire obras y proyectos que dependan del capital chino, y quizás encarecer el acceso a crédito en el mercado internacional. Pero, de nuevo, es poco probable que el Estado deje de intervenir en estas decisiones en el medio y largo plazo, pues aspira a mantener su influencia exterior con este tipo de poder blando.

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Pelayo Cobos

Pelayo Cobos (Gijón, 1979), es Licenciado en Ciencias Políticas, Administración Pública y Relaciones Internacionales por la Universidad del País Vasco. MBA por la Universidad de Oviedo y Curso Superior de Estrategia y Gestión del Comercio Exterior por el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX). Ha realizado un curso de Política Internacional Comparada en la Universidad de Oslo (Noruega). Cuenta con más de diez años de experiencia profesional en mercados internacionales, trabajando en el sector financiero, con empresas industriales y como consultor independiente.

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