El aikido de la extrema derecha

El «aikido» es un arte marcial contemporáneo de origen japonés. Este, tiene la peculiaridad nutrirse fundamentalmente de la fuerza de su oponente, y utilizarla a tu favor. De esta forma, la idea es aprovechar los ataques enemigos o las situaciones adversas y convertirlas en tu fuerza.

En lo que al coronavirus —o SARSCOV2— se refiere, a estas alturas de la película no requiere de presentaciones. En apenas cinco meses se ha convertido en la mayor pandemia desde los tiempos de la peste. Con Wuhan como epicentro inicial, el virus se ha proyectado por los cinco continentes sin discriminación, desde el gigante asiático hasta los lugares más recónditos de los montes lombardos, la Castilla rural o el condado neoyorquino de Westchester.

El virus no ha entendido de países ni fronteras. A su paso, ha dejado millares de vidas por el camino. Ha sembrado el terror en la sociedad y nos ha encerrado en nuestras casas. Todos los gurús económicos especulan ahora sobre la situación «postcrisis» que nos espera. Nos han construido un marco en el que, pese a «matar al virus», sus consecuencias a nivel crematístico se mantendrán, y para esto no hay vacuna que valga.

Somos conscientes de que la productividad después de esta situación será menor, habrá menos empleo, menos gasto, más recesión. En definitiva, la economía irá peor, pero, ¿nadie se ha preguntado cómo afectará el virus a nivel político?

Mientras la situación actual no mejore, el terror social del que antes hablábamos se traduce en exigencias para nuestros políticos en la resolución del problema. Unos intentarán echar balones fuera y otros se escudarán en la dificultad de la situación. Mientras el problema persista, la política se reducirá a meros cruces de recriminaciones entre administraciones y partidos. Si bien, a lo largo de los siguientes párrafos nos aproximaremos a lo que podría ser el escenario político postcrisis en Europa.

Así, no podemos olvidar que el SARSCOV2 es un virus aparentemente importado de Wuhan, y por dura que suene la metáfora, representa la realidad de la globalización. Vivimos en un mundo plenamente interconectado, donde la movilidad de personas – y de mercancías – toma un flujo abrumador. Muchas personas no eran conscientes – o no querían serlo –  de esta realidad. Sin embargo, ahora, con la llegada y expansión del virus se ha puesto en boga algunos de los problemas de la globalización.

Esta situación, con toda seguridad, será utilizada por partidos adalides de las reivindicaciones en contra de la globalización. Y, ¿qué partidos son estos? El tridente, Le Pen, Salvini y Orbán entre otros, es decir, las formaciones de extrema derecha. No sería de extrañar, por tanto, que desde estos partidos – una vez superada la crisis – se potenciase la narrativa antiglobalización utilizando para ello, el sufrimiento ocasionado por el coronavirus.

Cuando se habla de la globalización, siempre se suele decir que genera ganadores y perdedores. Pese a ello, estos partidos nos harán creen que solo existen perdedores, que el nativismo y el proteccionismo son la solución a este tipo de situaciones.

Además, desde la perspectiva europeísta esta crisis puede suponer un menoscabo en su confianza. Todos estos partidos tienen en común una posición, cuanto menos, controvertida con respecto a la Unión Europea. El papel de Bruselas será determinante en las situaciones económicas de los países más azotados por la pandemia. Sin embargo, hasta ahora no ha hecho más que mostrar las diferencias entre el grupo de países menos afectados —y con mejor economía— frente a los países más castigados—con una economía más débil—. El enfrentamiento, otra vez, entra la Europa del norte y del sur, la paradoja de las dos velocidades del proyecto.

Si echamos la vista atrás y observamos la reciente historia electoral, no podemos pasar por alto que fueron los partidos de extrema derecha los que pusieron contra las cuerdas la confianza en el proyecto europeo. Hasta ahora, la situación había parecido medianamente sofocada. Sin embargo, una mala respuesta por parte de ésta podría reavivar el fuego y enfrentarse a un nuevo cuestionamiento por parte de según que partidos.

Así, es probable que los partidos de extrema derecha, electoralicen el descontento y el sufrimiento causado por el coronavirus e intenten sacarle el mayor rédito. No nos debería sorprender entonces, encontrarnos a Le Pen, Salvini u Orbán, convertidos en maestros «senseis», aprovechando los golpes sobre la globalización y sobre la Unión Europea, y adueñándoselo en una narrativa oportunista, y a su vez, tan peligrosa como tentadora. Mediante el aikido político, estos partidos intentarán apoderarse de las situaciones adversas que el SARSCOV2 nos deje. Ya se aprovecharon una vez de contexto político favorable, y no dudarán en hacerlo una segunda.

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Álvaro Sánchez

Álvaro Sánchez (Salamanca, 1997), es graduado en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad de Salamanca. Actualmente estudia el Máster en Análisis Político y Electoral en la Universidad Carlos III de Madrid. Además colabora como analista de datos para otros medios de comunicación

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