¿Suponen las criptodivisas un desafío para el Estado?

Criptomoneda y democracia

Desde el surgimiento del Bitcoin han proliferado los argumentos que vaticinan un repliegue de los Estados debido a la aparición de una unidad monetaria descentralizada de estos. Hay que afirmar que quienes están detrás de esas afirmaciones desconocen la profundidad ontológica del Estado. Los argumentos generalmente parten de posiciones anarco-capitalistas y libertarias prediciendo el ocaso del Estado en favor del mercado debido a la emergencia de las criptomonedas no estatalizadas. Claramente subestiman la adaptabilidad y la evolución continua del Estado desde su nacimiento en el siglo XVI.

Max Webber identificaba al Estado con el monopolio de la violencia física, el reconocimiento de su coacción como legítima y una organización de carácter institucional. La sociedad moderna resulta incomprensible sin un Estado que ha ido ligado al desarrollo de esta aplicando de forma preceptiva y monopolística la descripción Webberiana. El Estado es una de las invenciones más importantes de la historia, sin la existencia de este “la vida sería solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”[1]. Necesita los recursos obtenidos a través de los impuestos, y dará igual que tipo de estructura de gobierno tenga, en nuestras sociedades modernas siempre necesitará los impuestos para ejercer su soberanía.

¿Qué llevaría a los Estados a deshacerse de su divisa? Sin su divisa no podría fiscalizar a sus ciudadanos, por ese motivo, se adaptarán acogiendo un modelo de criptodivisa estatal, pero no perderá su capacidad de imponer su sistema fiscal. El Estado podrá reducirse al mínimo si hay una posición política propicia y hegemónica que lo determine así, pero como entidad el Estado no desaparecerá. El ejemplo más claro para reflejar su necesidad es su antagonista, el estado fallido. Aquellos que se encuentran en esta situación no tienen una sociedad ni prospera, ni operativa.

Ninguna teoría política seria niega la existencia del Estado, se podrán realizar apreciaciones distintas sobre su concepción y su normatividad, como lo hacen las diferentes concepciones marxistas, institucionalistas, pluralistas y elitistas, pero no su negación.

Analizando el Estado y el poder desde una perspectiva crítica se puede inferir que los gobiernos interactúan en un sistema capitalista que les hace transformarse, pero no replegarse. Incluso tras el Consenso de Washington que abrió una etapa neoliberal y por lo tanto una nueva relación entre el Estado y el mercado, el primero tuvo un papel primordial a la hora de establecer una regulación compleja. El Estado competitivo schumpeteriano necesita regular eficientemente para asegurar el flujo de capitales a su economía. Esto no es una llamada a eliminar los impuestos y fomentar una espiral decreciente impositiva que nos lleve a adoptar las fiscalidades propias de los paraísos fiscales, sino la exigencia de una regulación eficiente para que se pueda desarrollar un Estado nación en su totalidad.

La globalización en todo su amplio sentido provoca la necesidad de un Estado y más ahora como se puede apreciar con la crisis del COVID19.  Se puede ver con claridad en el crecimiento de las organizaciones interestatales, son el ejemplo de la necesidad de más Estado en todas las áreas que le afectan. Incluso con la gobernanza multinivel se hace palpable la necesidad del Estado. Las relaciones cambian, pero no la necesidad de un Estado.

China ya está cerca de crear su criptodivisa, que estará vinculada al valor de su moneda, pero intercambiable con otras critomonedas del mercado[2]. Y no será la única, más estados adoptarán de una u otra forma estos sistemas.  Esto no deja de ser una evolución a un sistema de pagos digitalizado y que elimine el papel moneda.

Por otro lado, las empresas como Facebook y otras empresas podrán crear sus criptomonedas si quieren, pero no podrán sustituir a las estatales ni a los activos financieros porque nunca llegarán a ser ninguno de ambos. Solo hay que ver la suerte que ha corrido Libra[3] (Criptomoneda de Facebook) cuya moneda ya no tendrá un valor propio, sino que estará vinculado a una moneda de curso legal, es decir Libra existirá pero el valor será el de la moneda a la cual se vincule en el momento, euro, dólar, etcétera.

Como depósito de valor tampoco tienen utilidad, debido a su volatilidad y su falta de respaldo. Por otro lado, resulta revelador como solamente el Bitcoin consume ya la misma energía que consume Suiza a lo largo de un año[4]. El minado de criptomonedas (proceso por el cual se producen más unidades de la moneda en cuestión) se vuelve cada vez más exigente y requiere el uso de una cantidad mayor de gasto energético. Es más, me atrevo a vaticinar que lo que implica la minería de criptomonedas a nivel de gasto energético, supondrá su espada de Damocles, y que tarde o temprano conducirá a su prohibición si no se volatilizan o pierden importancia con anterioridad.

Las criptomonedas no estatales, son y serán, un elemento especulativo. Hay que olvidarse de una moneda descentralizada que sustituya a las Estatales. Por ahora, lo más relevante que ha aportado el Bitcoin creado por Satoshi Nakamoto ha sido el block chain, que ha cambiado y cambiará la dinámica del funcionamiento de una infinitud de cuestiones, pero no del monopolio de la divisa Estatalizada.


[1] Hobbes.

[2] https://www.20minutos.es/noticia/4230636/0/china-cada-vez-mas-cerca-de-lanzar-dc-ep-su-propia-criptomoneda/

[3] https://www.xataka.com/empresas-y-economia/libra-criptomoneda-respaldada-facebook-se-reestructura-completo-sera-similar-a-paypal-que-a-bitcoin

[4] https://www.elconfidencial.com/mercados/2019-07-05/bitcoin-consume-electricidad-ano-toda-suiza_2108067/

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Samuel de las Heras

Graduado en Ciencia Política y Administración por la UNED. Actualmente cursa estudios de Sociología.

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