Los cuatro rounds televisivos del combate electoral por la Casa Blanca

En Estados Unidos los debates electorales en televisión están regulados por ley. A diferencia de países como España, que no establecen una obligatoriedad de desgranar los programas electorales de los grandes candidatos, que son los que realmente tienen posibilidades de gobernar, ante los espectadores del medio de comunicación más seguido en los hogares. El mitin o acto político sigue aquí siendo el formato preferido por una clase política demasiado anquilosada en el pasado, que, pese a la apariencia de modernidad de los nuevos actores, solo presiona para que haya debates ante las cámaras cuando se trata de alcanzar el poder y no de mantenerlo. América, como en casi todo, nos lleva en esto unas cuantas décadas de ventaja, concretamente 30 años. Desde 1988 destaca el papel de la Comisión para los Debates Presidenciales (CPD en sus siglas en inglés), organización privada sostenida por donantes (¡ay, el miedo a las donaciones que tenemos en Europa y lo importantes que son al otro lado del Atlántico!) en la que ponen sus fondos las grandes corporaciones americanas, pero que es gestionada a medias por demócratas y republicanos. Se activa solo en los procesos electorales, como ocurre con los partidos políticos que son entes diminutos en estructura y que crecen cuando hay unas elecciones a la vista para dar cobertura al candidato, sea presidencial, al puesto de gobernador o al Senado.  Esa Comisión se erige en árbitro del proceso electoral mientras está constituida, y dirime cualquier denuncia que se produzca de un partido hacia el otro a la manera que lo haría en España la Junta Electoral Central. Pero allí solo intervendrán los jueces si hay denuncias en los tribunales. 

Este año habrá tres debates presidenciales y uno entre los aspirantes a vicepresidente. Podríamos decir que será un combate a cuatro rounds, porque el de los actores secundarios no será esta vez un mero complemento sin mayor importancia, algo que ha cobrado cuerpo con la elección de Kamala Harris como ticket por parte de Joe Biden. La senadora californiana es una experta en la dialéctica y es muy dura con sus adversarios, ya hay apuestas sobre la forma en que noqueará a Mike Pence en el encuentro televisado que tendrá lugar a primeros de octubre. Los debates entre Trump y Biden en cambio tienen el previsible escenario contrario: el primero al ataque, y el segundo, favorito en los sondeos, haciendo gala de su sobrenombre de Sleepy Joe. 

El formato que ha elegido la Comisión para esta campaña es el de un solo moderador en cada debate. Ganará en coherencia y no distraerá a los espectadores esa disputa subterránea que siempre tiene lugar entre los moderadores cuando son más de uno, especialmente por ser de distintos medios que compiten entre sí. 

Abrirá el fuego un debate a dos en Cleveland, Ohio, en el prime time de la costa este, el 29 de septiembre. Un entrevistador muy experimentado, Chris Wallace, abrirá el fuego con sus preguntas siempre ácidas, aunque revestidas de un rigor informativo extraordinario. Nunca hace una pregunta que no esté convenientemente documentada con hechos. En 2016 ya lidió entre Trump y Hillary, y en su programa dominical en Fox News suele recibir algunas críticas… del presidente de Estados Unidos. POTUS no pierde ocasión de ironizar con él en twitter o como hizo hace unos días en uno de sus mítines en New Hampshire, en el que comparó a Wallace con su padre que fue también presentador, burlándose en ambos. El debate será coorganizado por The New York Times y se llevará a cabo en la universidad Case Western Reserve, a pocas manzanas de la orilla del lago Erie.

El segundo round será en Miami, Florida, territorio tradicionalmente republicano pero que a estas alturas contempla un apretado 50,2% para Biden y 47,6% de intención de voto para el presidente. Será el jueves 15 de octubre y se celebrará en el Adrienne Arsht Center for the Performing Arts no muy lejos del American Airlines Arena donde juegan los Miami Heat de baloncesto. El moderador será el editor jefe de política de la cadena C-SPAN, Steve Scully, que debutará en una circunstancia como esta, aunque en 2016 fue suplente de uno de los debates. Es un experto en la información de la Casa Blanca desde hace décadas. Trump jugará en casa, ya que su residencia de vacaciones Mar-a-Lago en West Palm Beach está a sólo una hora y media del recinto, pero en absoluto tiene ganada la elección en este estado.

Una semana después, el jueves 22 de octubre, los candidatos se trasladarán a Nashville, Tennessee, para celebrar el asalto definitivo a sólo doce días del election day. La universidad de Belmont acogerá los focos y el escenario, y la moderadora será Kristen Welker, corresponsal política de NBC en la Casa Blanca. Ella presenta también un programa en fin de semana, Today, y por primera vez moderará un cara a cara entre los aspirantes a la presidencia. Su minuto de gloria le ha llegado en la cita decisiva de la campaña.

Los aspirantes a vicepresidente de Estados Unidos, Pence y Harris, se medirán en un único debate en la universidad de Salt Lake City, Utah, el 7 de octubre. Enclavado entre los dos primeros rounds presidenciales, el duelo dialéctico más esperado por los demócratas tendrá como moderadora a Susan Page del USA Today. Como en el resto de los casos, Page es una periodista veterana profundamente conocedora de su oficio, ha entrevistado a nueve presidentes a lo largo de su carrera. En la televisión americana la experiencia es un grado. Otro contraste con los debates electorales por nuestras tierras en los que se ha colado a veces algún recién llegado con pocas temporadas de directo a sus espaldas y nula experiencia en la cobertura de acontecimientos políticos.

Las oficinas de los dos candidatos ya han dado su plácet a este esquema de debates electorales, y lo primero que llama la atención es la ausencia de profesionales de la gran cadena informativa CNN en el plantel. No está su gran estrella Anderson Cooper, pero tampoco ninguno de los otros conocidos rostros populares de ese canal. La seguridad de que Trump les vetaría ha movido a los responsables de la Comisión a decantarse por otras posibilidades, entre las que sí está Fox, la antagonista absoluta de CNN, con la que mantiene una guerra abierta que puede apreciarse cada noche (madrugada en España) simultaneando las emisiones de sus programas de máxima audiencia. Los comisionados estaban seguros de que Biden no aplicaría veto alguno a Chris Wallace, que por otra parte no es santo de la devoción del presidente ni de su equipo pese a trabajar en su cadena favorita.


Un artículo de Victor Arribas para Atalayar.com

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