Políticos haciendo comedia: el uso del humor en tiempos de crisis

En épocas de crisis, los gabinetes de comunicación de los gobiernos tienen una tarea hercúlea a la hora de determinar la estrategia para trasladar a la población los diferentes mensajes que quieren transmitir. Con el inicio de la pandemia, hemos visto todo tipo de estrategias para lograr esto, desde el uso de famosos, ahora influencers o youtubers, a los clásicos spots de televisión, trasladados también a la red social de preferencia del ciudadano.

Sin embargo, una herramienta que parece quedar descartada o incluso prohibida en los momentos complicados es el uso del humor. Cuando una crisis se alarga en el tiempo, como está ocurriendo actualmente, la comunicación de tono serio y mensaje sencillo puede tener éxito en un primer momento, pero la atención de la población es finita y puede acabar hastiado ante tanta solemnidad. ¿Se puede recuperar el humor en estos casos?

El humor es una herramienta comunicativa compleja de usar por los posibles perjuicios que puede provocar un mal uso, pero a su vez puede resultar igual de efectiva para llegar al votante si se utiliza correctamente. El filósofo alemán Helmuth Plessner afirmó que “el que ríe está abierto al mundo”. Por ello en momentos de mucha presión, la risa ayuda a liberar tensiones emocionales.

Sin embargo, el humor puede ser percibido por las personas más afectadas por una crisis como algo propio de insensibles. Esto se debe a que psicológicamente las personas que se sienten cercanas a la situación integran los hechos sucedidos en su estado de ánimo personal. Por el contrario, aquellas personas que vean el motivo de la crisis como algo distante de sus vidas serán más propensos a comprender el humor sobre la misma. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa la distancia psicológica se agranda incluso en aquellos que se vieron afectados.

Paradójicamente, esto concede a los afectados bula para poder hacer humor sobre la situación de crisis. El alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani lo demostró en su aparición en Saturday Night Live tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. “¿Podemos ser graciosos ya?”, le preguntó el creador del formato Lorne Michaels. La respuesta de Giuliani hizo estallar los aplausos del público del estudio: “¿Por qué empezar ahora?”. Este ejemplo nos sirve como una síntesis de todo lo anterior.

El humor también tiene otra utilidad en los momentos de crisis: Sirve de mecanismo de afrontamiento. Este término de la psicología hace referencia a cómo somos capaces de superar la ansiedad que causa a nuestro cuerpo una situación límite mediante el uso de diferentes técnicas conductuales.

Cuando se estudian las características con las que debe contar una persona que lidere grupos, el sentido del humor suele ser uno de los elementos presente. El catedrático de psicología social Gerardo Pastor Ramos ya hablaba en 1978 de este factor. Por lo tanto, el humor no debilita al liderazgo, sino que este sale reforzado ya que puede ayudar a la resolución de conflictos. Según los sociólogos Karen Cook y Eric Rice, las personas que utilizan con eficacia el humor se convierten en polos de atracción social, algo que podemos comprobar con solo repasar mentalmente nuestros círculos más cercanos.

Esto no quiere decir que, como todas las estrategias de comunicación, no tenga sus inconvenientes. A la hora de evaluar el impacto positivo del humor será preferible obviar a los sectores de la sociedad que ya tienen actitudes críticas de manera predeterminada con el sujeto político en cuestión, centrándose en el resto de los sectores que, o bien ya tenían en gracia al político en cuestión, o mostraban indiferencia respecto a este.

También se debe tener en cuenta el inconveniente de que el humor tape el mensaje que se quiere transmitir, algo que en determinadas circunstancias puede incluso ser el objetivo del político. Un buen ejemplo podría ser un clima de opinión adverso con casos de corrupción. Sin embargo, este hecho puede no ser del agrado si de todo el mensaje que queremos transmitir la gente se queda solo con el momento cómico. No hace falta irse muy lejos, solo con acordarse de algunas de las ruedas de prensa de Fernando Simón donde lo más comentado por la población eran momentos que nada tenían que ver con salud pública o la situación de la pandemia.

Otro factor muy importante es la capacidad interpretativa del humor que tenga la persona que lo utilice. Al igual que ocurre con otros tipos de habilidades, ser capaz de comunicar un mensaje y resultar gracioso no está al alcance de todos los mortales. Algunos políticos desde luego se han atrevido, aunque probablemente contra el criterio de sus gabinetes.

En la política estadounidense llevan desde la década de 1960 experimentando con formatos de infoentretenimiento, sobre todo en televisión. Es por ello por lo que resulta un poco menos extraño que Barack Obama se atreviera a bromear con algo tan serio como las acusaciones de espionaje a los ciudadanos que se destaparon en 2013.

El humor también puede servir para mandar mensajes muy concretos a un sector del electorado. Tenemos el ejemplo de López Obrador, presidente de México, que utilizó la expresión “me canso ganso”, de la película El niño perdido protagonizada por el cómico Tin Tán. AMLO utilizó esta expresión tras prometer un corredor económico para comunicar más fácilmente a las naciones asiáticas con la costa este de Estados Unido. La finalidad de emplear esas palabras, que para muchos resultaron inentendibles, pudiera ser el mostrarse cercano a una cultura popular que todavía resuena en la mente de muchos mexicanos.

Es también interesante destacar que una de las herramientas de comunicación políticas más laureadas en los últimos años, y supuestamente importada de la publicidad, es el uso del storytelling. La narración de historias se ha mostrado tremendamente efectiva en la práctica, sin embargo, ¿qué es un chiste si no la narración de una pequeña historia mediante el uso del humor?

Uno de los casos más conocidos de esto lo tenemos en el expresidente americano Ronald Reagan, que hizo de los chistes sobre la URSS todo un hit de sus discursos que todavía se remarcan actualmente como un ejemplo de buena comunicación. El ejemplo de Reagan nos sirve para entender como el background del político puede ayudar a que esta herramienta sea utilizada con mayor eficacia. No quita que existan personas con una capacidad natural, pero como todo, el humor es algo que se aprende a base de ensayo y error.

Por volver al caso de España, actualmente podemos comprobar como el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, no renuncia tampoco a compartir memes que se burlan de su físico. En su caso, podría ser una forma de mantener su imagen como político poco convencional que se ha forjado desde su aparición en el panorama mediático en 2014. Si dicha estrategia le resultará exitosa o no aún es pronto para analizarlo.

Contaban sus allegados que las últimas palabras del actor británico decimonónico Edmund Kean fueron: “morir es fácil, lo difícil es hacer comedia”. Nadie desea que mañana salga Pedro Sánchez o cualquiera de los ministros comportándose como un monologuista del Club de la Comedia, pero si la situación actual se sigue alargando y ante la crispación fomentada por diversos sectores, llegará un momento donde la población necesite algo más que malas noticias, gestos serios y discursos grandilocuentes. Y entonces puede que algún desesperado asesor del gobierno quizás pida que alguien cuente un chiste. Esperemos que al menos elijan uno que sea bueno.

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Pablo Rapp

Pablo Rapp (San Fernando, 1996) es graduado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política de la UCM. Ha trabajado en diversos medios de comunicación (20minutos, Agencia EFE, EMA-RTV) y mantiene un especial interés en la relación entre la política y el infoentretenimiento.

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