¿Quién quiere ser inmune? Perfil del “antivacuna” en tiempos de COVID-19

El negacionismo parece abrirse paso en nuestra sociedad. Más allá de los pseudo-debates de Twitter, siempre es recomendable conocer qué se piensa en el mundo real. El pasado mes de octubre el CIS preguntó por primera vez sobre la disposición que tendrían los españoles a vacunarse inmediatamente cuando se tenga la vacuna para la COVID-19. Las respuestas no dejan a nadie indiferente, el 43,8% declara un rotundo ‘no’ a la vacunación. El 40,2% se vacunaría inmediatamente, y un 2,8% lo haría si se dan ciertas circunstancias (si es fiable, según el origen de la vacuna, por consejo de las autoridades…). Por otro lado, un 12,4% aún tiene dudas.

En un nuevo barómetro del mes de noviembre, quienes declaran su negativa a vacunarse inmediatamente alcanzan el 47% de población. Para Amós García, Presidente de la Asociación Española de Vacunología, esto responde a una reacción lógica de una parte de la sociedad que afronta con duda e incertidumbre lo relacionado con la pandemia. Según sus declaraciones para la Cadena Ser el día 19 de noviembre, Amós confía en que ese porcentaje de reticentes baje cuando se tenga más información, y recuerda que somos un país muy vacunador: el 95% de los niños son vacunados, por lo que aún no cabe hablar de movimiento antivacunas.

El objetivo de este artículo es, precisamente, explorar con detenimiento el perfil de las personas que, de momento, se niegan a ponerse la vacuna. Con los microdatos del CIS del mes de octubre, podemos ahondar más en su perfil social e ideológico. La primera variable a tener en cuenta es el sexo, donde los hombres se muestran más proclives a recibir la vacuna que las mujeres, con una diferencia de casi 10 puntos. Contrasta este dato con el hecho de que son las mujeres a quienes más le preocupa la crisis del coronavirus (53% frente al 46% de los hombres). Además, las mujeres muestran una mayor preocupación con los efectos sobre la salud (53%) que sobre la economía (43%); frente a los hombres que manifiestan estar más preocupados por la economía (56%) que por la salud (47%).

En cuanto a la edad se puede observar cierta tendencia. A medida que avanza la edad, las personas dispuestas a vacunarse aumentan considerablemente, manteniéndose relativamente estables las preferencias de los más jóvenes hasta los adultos de 54 años. Por otro lado, el 62% de las personas mayores de 65 años se consideran pro-vacuna.

También se observan diferencias según el nivel de estudios declarado por los entrevistados. Si bien las personas que no tienen estudios, así como los que han terminado la educación primaria, están más dispuestos a vacunarse, la mayoría de aquellos que han superado los niveles obligatorios, de Formación Profesional y Universitarios tienen una menor predisposición a ponerse la vacuna.

Pese a que existen claras diferencias respecto a las variables sociodemográficas, la hipótesis de un perfil “antivacunas ideológico” no puede ser descartada. Vista la extrema polarización a la que se ha llegado durante la pandemia, tenemos que observar los datos de identificación política para descubrir qué se esconde detrás del “no” a la vacuna.

En el indicador de la confianza en el Presidente del Gobierno, la brecha ya es incuestionable. Se prueba que aquellos que confían en Pedro Sánchez estarían más dispuestos a vacunarse, mientras que los que muestran poca o ninguna confianza rehusarían de ser vacunados.

La tendencia se observa claramente en la ideología, medida en una escala del 1 al 10 por el CIS, recodificada aquí en 5 grupos. Desde la extrema izquierda, más dispuesta a ponerse la vacuna, a la extrema derecha, menos proclive a la vacunación, el porcentaje decae hasta en 15 puntos. Resulta relevante el salto en la diferencia de posiciones entre la izquierda  y el centro, de 8 puntos. Y que se ve agravada cuando se observan las respuestas de los situados ideológicamente a la derecha. Finalmente, no podía faltar un cruce que aclarara la disparidad de opiniones según la simpatía con los distintos partidos políticos.

Efectivamente, como todo parece indicar en la variable de la confianza en el Presidente del Gobierno, quienes muestran una mayor simpatía por los partidos del Gobierno, son también los más dispuestos a vacunarse. Por otro lado, mientras que los votantes del Partido Popular y de Ciudadanos parecen divididos, los seguidores de Vox se posicionan de forma contundente como “antivacunas”. Tras analizar todos los cruces, se comprueba que simpatizar con Vox es la variable que más rechazo muestra a ser vacunado.

Estos datos nos deberían hacer reflexionar sobre los niveles que ha alcanzado la polarización política. La vacunación contra la COVID-19 está puesta en entredicho por casi la mitad de la población, y si bien parecen existir razones para rechazar vacunarse inmediatamente, como por ejemplo, la incertidumbre de la efectividad, los datos también muestra reticencias por cuestiones políticas. Esto podría significar que nos situamos ante el peligroso escenario del atajo ideológico, donde los ciudadanos, desprovistos de toda capacidad crítica, asumen íntegramente el posicionamiento político de sus líderes de referencia.

En definitiva, la polarización de la pandemia está favoreciendo a que las dudas a vacunarse de un virus peligroso y desconocido se vean acentuadas por la desconfianza en el Gobierno. Una situación política y sanitaria insostenible. Quizá la buena noticia sea que no se observa un perfil marcado como “antivacunas”, sino que nos encontramos ante una sociedad con mucha incertidumbre. Esperemos que a medida que se vaya conociendo más información y comprobando la eficacia de las vacunas, ese 47% empiece a reducirse. Para ello, habrá que hacer una labor pedagógica considerable. La ciencia y la salud pública no pueden ni deben pagar los platos rotos de la lucha partidista.

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Andrés Benítez

Andrés Benítez Espinosa (Sevilla, 1993). Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Pablo de Olavide. Máster en Liderazgo y Comunicación por la Universidad de Málaga. Actualmente, investigador en el Instituto Nacional de Administración Pública.

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Andrés Benítez Espinosa (Sevilla, 1993). Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Pablo de Olavide. Máster en Liderazgo y Comunicación por la Universidad de Málaga. Actualmente, investigador en el Instituto Nacional de Administración Pública.

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