Reducción de la jornada laboral y teletrabajo: una aplicación necesaria

Pancarta de la campaña “4 Day Week” llevada a cabo en Reino Unido.

La reducción de la jornada laboral, tras haber sido enterrada por los Presupuestos Generales del Estado, ha sido rescatada con motivo de la ley que regula los fondos europeos; gracias a que Más País ha puesto como condición, para dar el voto favorable a dicho decreto, que el Gobierno ponga en marcha la aplicación de un proyecto piloto de reducción de la jornada laboral en las empresas.

La reducción de la jornada laboral a 4 días —o a 32 horas semanales—, es una reivindicación impulsada Más País que ha llevado al Congreso y al Senado y que ya llevaba en su programa a las Elecciones Generales el pasado año. De hacerse efectiva, esto supondría un avance social similar a lo que supuso en España justo 100 años antes, en abril de 1919, cuando fue el primer país del mundo en aprobar por ley la jornada laboral de 8 horas después de que más de 100.000 obreros en Barcelona paralizaran la economía del país durante 44 días.

No obstante, esta medida, ya se vio hace pocas semanas convertida en otra muestra de división del Gobierno, afirmando algunos miembros de éste que es una medida que se está estudiando, mientras que otros decían que no era el momento. Más allá de estas excusas —y a pesar del aumento de la productividad durante más de 100 años— la realidad social de nuestro país, que va muy por delante a la del Gobierno, indica absolutamente lo contrario.

En primer lugar, los niveles de estrés y de mala salud mental —entre otros—, que ya eran alarmantes por la falta de posibilidad de conciliación familiar y de poder amoldar nuestros trabajos a nuestras vidas, se han visto notoriamente incrementados por la pandemia, el confinamiento y las consecuencias que estos han conllevado. De esta manera, aplicar una reducción de la jornada laboral aumentaría no solo el tiempo de ocio, sino que también el tiempo de descanso, el tiempo para formar un nuevo proyecto y sentirnos realizados y, sobre todo, el tiempo para poder conciliar mejor nuestra vida laboral y personal y, por tanto, el tiempo de cuidar y estar nuestros hijos y demás familiares. Dicho esto, la aplicación de esta medida no solo nos haría estar más sanos como individuos y como sociedad, sino que también nos llevaría a tener menos colapsado el sistema sanitario y, desde luego, a reducir el absentismo siendo trabajadores más felices y productivos. Cosa que sin duda interesaría a las empresas.

Por otro lado, la reducción de la jornada laboral, junto con el teletrabajo, parecen la mejor política verde para bajar el nivel de contaminación de las ciudades —y de contagios durante la pandemia— al disminuir los desplazamientos, lo que también ayudaría a mejorar nuestra salud; además de ser una medida que reduciría el desempleo y de la que ya tenemos algunos ejemplos de empresas que la han implantado voluntariamente y que parece ser que están encantadas.

Sin embargo, no podemos ser ingenuos, si observamos el sistema productivo español nos podemos dar cuenta de que el capitalismo neoliberal no sólo atomizó al movimiento obrero, sino que, de manera similar, el sistema de trabajo español no está compuesto exclusivamente por trabajadores que trabajan en una fábrica en condiciones parecidas, sino que éste está completamente diferenciado por sectores y un 90% de las empresas que tiene está compuesto por micropymes (con dos o menos trabajadores) que suponen un 39% del empleo del país frente al 12% que generan las empresas con más de 250 trabajadores. Por lo que buena parte de los trabajadores españoles son autónomos, pequeños empresarios y trabajadores pertenecientes a multitud de empresas diferentes.

A su vez, hay sectores, como la restauración, que precisan de presencialidad obligatoria. No obstante, esto no es siempre así, y existen muchas empresas en las que esta presencialidad no es verdaderamente necesaria y, a pesar de ello, existen reticencias para aplicar el teletrabajo y la reducción de la jornada laboral, la mayor parte de las veces, por meros prejuicios hacia los trabajadores.

Desafortunadamente, nuestro sistema laboral está fundamentado en la presencialidad y en la ocupación del tiempo más que en la eficacia. De esta manera, entendemos que se trabaja más —o vemos con mejores ojos— cuando se trabaja durante más horas en la oficina, en lugar de atender a la eficacia, a la productividad y a conseguir resultados; una visión verdaderamente ineficiente y posiblemente frustrante para muchos de nosotros.

Dicho esto, parece evidente que una transformación de estas características precisaría de un cambio de mentalidad por parte de trabajadores, empresarios y la sociedad en general. Un cambio hacia una sociedad que priorice el bienestar de las personas, el cuidado de nuestras familias, la salud física y mental y, a su vez, la eficacia y conseguir objetivos frente a la ineficacia, el hartazgo y la enfermedad. Lo nuevo frente a lo viejo. Un cambio de mentalidad que, como otros muchos cambios, posiblemente vendría desde la práctica eliminadora de prejuicios (como está ocurriendo con el teletrabajo) y no al revés.

En definitiva, la aceptación para aplicar este proyecto es una medida que, sin duda, hay que celebrar. Un Gobierno acorde con la sociedad en la que vivimos debería priorizar la tarea de aplicar la reducción de la jornada laboral y favorecer el desarrollo del teletrabajo de manera que sean las propias empresas las que vayan viendo los beneficios de la aplicación de tales medida y, a su vez, legislar para evitar explotaciones y ampliaciones de horarios. Esperemos que el proyecto no quede en papel mojado como la eliminación de las anteriores reformas laborales.

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Agustín Haro

Agustín Haro León (Sevilla, 1989) es Graduado en Sociología (Universidad Pablo de Olavide), Máster en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Salamanca) y Posgrado en Formación de Especialistas en Investigación Social y Análisis de Datos (Centro de Investigaciones Sociológicas). Actualmente trabaja en análisis de datos cuantitativos y cualitativos en diferentes empresas e instituciones.

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